Venezuela: la corrupción que Maduro oculta

Los nuevos ricos de la "boli burguesía" se apropian de la riqueza mientras el país está asediado por la escasez y la pobreza

Una tarde de sábado de abril, en el Hotel Four Seasons de Miami se celebró una fiesta de quinceañera la fiesta que los padres de América Latina suelen organizar para sus hijas cuando cumplen 15 años particularmente majestuosa.

Afuera, los visitantes veían a los invitados bajar de limusinas. Adentro, chicas vestidas de largo se tambaleaban en tacos altos por el lobby, mientras que sus parejas iban vestidos de esmoquin. Muchos charlaban animadamente en español con acento venezolano; hasta se rumoreaba que iba a tocar Justin Quiles, una estrella de reggaetón. Los invitados dijeron que el clima era de entusiasmo cuando los adolescentes se dirigían al salón Grand Ballroom del sexto piso.

Sin embargo, la característica más destacada de la fiesta era el padre de las gemelas cumpleañeras, Mauro Libi. Libi, que se describe a sí mismo como un "visionario", construyó un imperio empresarial notable en los últimos veinte años. Además de las empresas de alimentos de Venezuela, Libi es dueño, accionista, director o representante legal de unas 30 empresas de tres continentes, según consta en registros públicos revisados por el Financial Times, que incluyen bancos de Panamá y España, un departamento en Manhattan valuado en u$s 7 millones y decenas de empresas inscriptas en Miami.

Lo que hace extraordinario el éxito de Libi y crea el contexto de múltiples acusaciones de corrupción por las que se lo investigó es que amasó su fortuna en un país que es más conocido por la escasez de productos básicos, operaciones comerciales oscuras y una confrontación revolucionaria que por la generación de riqueza. Por cierto, mientras las gemelas de Libi y los invitados bailaban esa noche, el día 29 de protestas en Venezuela llegaba a su fin. Los disturbios continuaron, dejando un saldo de más de 90 muertos.

El personaje público de Libi, proyectado en sitios web y cuentas de Twitter, no da mucho sentido al drama de su país natal. Esto ha derivado en una controvertida asamblea nacional constituyente el 30 de julio, en la que el partido socialista gobernante espera afianzar su control sobornando a instituciones como la Asamblea Nacional controlada por la oposición hasta consejos comunales elegidos por el presidente Nicolás Maduro. Los críticos temen que esto instale una dictadura como la de Cuba.

Sin embargo, a pesar de que 75% de los venezolanos bajaron, en promedio, 9 kilos el año pasado, según estudios, y que 10% de los niños sufren de desnutrición, según Caritas, la empresa de avena venezolana de Libi, Avelina, hizo este comentario el 19 de abril: "Ser vegetariano es una excelente manera de reducir el consumo de calorías".

Libi, de 49 años, reveló al FT que las acusaciones de corrupción eran una campaña de difamación. Pero quizás sean inevitables dada la ira pública ante la corrupción rampante avalada por el Estado que explica muchos de los problemas actuales de Venezuela.

Las cifras son abrumadoras: llegan a superar el escándalo del Lava Jato de Brasil. El gobierno de Caracas recibió beneficios imprevistos por u$s 1 billón con el auge del precio del petróleo en la década anterior. Dos tercios de ese monto se gastaron en transferencias de efectivo y otros beneficios sociales. Pero más de u$s 300.000 millones se robaron o malversaron, según estimaciones de Jorge Giordani, exministro de Planificación y Finanzas. Solamente el fraude en la industria alimentaria alcanzó los u$s 27.000 millones desde 2010, según la Asamblea Nacional.

"La desnutrición en Venezuela es un problema de corrupción, no de falta de dinero", afirma Maritza Landaeta, directora de la Fundación Bengoa, una organización sin fines de lucro para la alimentación y la nutrición.

Para colmo, dicen los críticos, se está frente a un gobierno plagado de escándalos de corrupción protagonizados por funcionarios con intereses creados en la subsistencia del régimen. Las acusaciones de corrupción alcanzan a los miembros del gabinete de Maduro, 13 de los cuales son generales. Maduro puso al ejército a cargo de la distribución de comida en julio del año pasado.

"Las altas esferas militares están implicadas hacen plata con diversos programas", afirma Russ Dallen, director gerente de Caracas Capital, un banco de inversión. Las acusaciones también salpican a la familia gobernante: dos sobrinos de la primera dama Cilia Flores esperan la sentencia de un tribunal de Nueva York por cargos de contrabando de cocaína hacia los Estados Unidos.

Dada la enorme cantidad de dinero que se robó, surgieron preguntas de quién cubre a los funcionarios corruptos y cómo se oculta el dinero.

El modus operandi suele consistir en facturas falsas y fraude de divisas, llevados a cabo a través de empresas pantalla y bancos privados. En una maniobra, se enviaron u$s 4200 millones al exterior, según se descubrió en una investigación de 2015 del Tesoro de Estados Unidos.

"No es solo un grupo dentro del Partido Socialista Unido de Venezuela que trafica comida. Son varios", sostiene Francisco Toro, un científico político que edita el portal Caracas Chronicles. "Pero los funcionarios comprometidos trabajaban con más de un testaferro. En la actualidad, operan a través de redes"."Fuente de corrupción ilimitada"Como en el caso de gran parte de la "burguesía bolivariana", la pequeña clase de nuevos ricos creada durante los 18 años de "Revolución Bolivariana" en Venezuela, poco se sabe sobre cómo Libi Crestani hizo su fortuna por primera vez.

Fotos públicas de Libi, nacido en Caracas en 1968, muestran un hombre de aspecto inofensivo y pelo enrulado. En su adolescencia, estudió gestión empresarial en Milán y volvió a Venezuela en la década del noventa para trabajar en las empresas de alimentos de su padre. Pero fue a comienzos de la década de 2000 después del gobierno de Hugo Chávez que Libi dejó su marca como importador y empresario de alimentos.

El auge del precio del petróleo ayudó a Chávez a financiar su revolución, pero también creó muchas oportunidades de cometer fraude. En 2013, la Contraloría General descubrió que Bariven, una subsidiaria de la petrolera estatal, gastó u$s 2300 millones en importaciones de alimentos, pero a Venezuela solo llegaron productos por un 25% de ese valor. Tres ejecutivos fueron imputados con cargos de corrupción, pero luego fueron liberados; a dos de ellos se los reinstituyó en su cargo.

El sistema de sistema de control de divisas de Venezuela, en vigor desde 2003, ha estado marcado por el fraude. Básicamente, la estafa funciona así. Personas con acceso a dólares preferenciales pueden negociar la tasa de cambio más fuerte de 10 bolívares por dólar y la tasa del mercado negro, que actualmente es de Bs. 8000, para obtener enormes ganancias. Miguel Rodríguez, el exministro del interior de Maduro ahora devenido en crítico acérrimo del gobierno, llamó al sistema "una fuente de corrupción ilimitada".

En este contexto, las empresas de Libi sumadas a su dictadura en el banco local Banplus lo convirtieron en el blanco de acusaciones de corrupción, especialmente desde una campaña online llamada "Escrache" destinada a denunciar públicamente a personas con información privilegiada sospechosas de fraude.

La comisión de auditoría de la Asamblea Nacional abrió una investigación en agosto pasado, sobre la base de un expediente compilado por Ola Socialista, un grupo chavista escindido. La comisión alegó que Libi estafó al Estado por u$s 573 millones entre 2004 y 2012, utilizando seis empresas pantalla para facturar en divisa fuerte a tasa preferencial importaciones ficticias de alimentos. La supuesta maniobra "tiene el modus operandi habitual de las estructuras criminales del país trabajar en complicidad con miembros del gobierno especialmente con dos los Generales Carlos Osorio y Marco Torres [el ex y el actual ministro de Alimentación]", Freddy Guevara, un diputado, declaró ante la comisión en el marco de actuaciones públicas.

Los Generales Osorio y Torres, ambos objeto de distintas acusaciones de la Asamblea Nacional, rechazan los cargos, a los que consideran acusaciones vacías de opositores políticos.


Libi, sin embargo, se defendió en la comisión del 5 de octubre. Rechazó las acusaciones de que sus empresas venezolanas eran sociedades pantalla haciendo referencia a sus 1400 empleados y la continuidad de sus operaciones. Una presentación de 47 páginas reveló facturas de compra: "Todos los dólares preferenciales de [mis] empresas se compraron conforme a las leyes estatales", sostuvo. Señaló que era accionista de solo cuatro de las seis empresas de fachada; las otras dos eran propiedad de su medio hermano y los cargos contras estas se desestimaron en una investigación por separado. Ni tampoco, remarcó Libi, "mantengo sociedad de ningún tipo con funcionarios o exfuncionarios".

El 7 de diciembre, la comisión decidió que "no se descubrió ningún hecho, acto u omisión que haya afectado el patrimonio público" y cerró la investigación.

"No diría que quedamos conformes, si bien Libi respondió todas las preguntas", Carlos Berrizbeitia, un miembro de la comisión, reveló al FT.

Todo es ambiguo en el juego ficticio de las finanzas de Venezuela. Según el General Torres, que como director del Banco de Venezuela también distribuye moneda fuerte, escribió en un tuit de octubre de 2014: "Reunión con Mauro Libi ¡Eficiencia!" Ese mismo mes, Libi abrió una empresa de servicios de congelación de alimentos, Frimaca, un emprendimiento parcialmente financiado por el Banco de Venezuela.

"Es un gran problema", Libi admitió a periodistas. "Si trabajas e inviertes, te consideran un enchufado [persona con acceso a información privilegiada del gobierno]. Pero si cierras una fábrica, estás en contra del proceso [del gobierno]".Intereses internacionalesLa historia de Libi, según él la cuenta, es la de un empresario de recursos que enfrenta dificultades. "Quien no tenga el coraje de asumir riesgos, no logrará nada", tuiteó el 9 de mayo.

Por cierto, de las 18 empresas en actividad inscriptas en un depósito de Miami que nombran a Libi como su agente principal o director, siete adquirieron propiedades en Miami entre 2008 y 2013 por un monto total de u$s 9 millones, según surge de registros públicos.

Otra empresa de inversiones, Orele Properties LLC, es propietaria de un departamento de dos ambientes de u$s 7 millones en el centro de Manhattan, comprado en 2013.


Los venezolanos se mantienen firmes como los principales compradores extranjeros de bienes raíces en el sur de Florida, con un gasto de u$s 868 millones en 2016, según la Asociación de Agentes Inmobiliarios de Miami.

Pero Libi también posee intereses bancarios internacionales, lo que no es tan común. Además de ser director y accionista de Finanplus, un banco panameño constituido en 2014 que financia compras de autos, es el director de la firma española AFC Investment Solutions. En 2013, la empresa de inversiones de Caracas de Libi, Inversiones Valentina 15402, suscribió 5 millones de euros para un aumento de capital de AFC: Libi le dijo al FT que desde entonces vendió su participación del 18%.

Libi insistió en que su éxito surgió a partir de las empresas fundadas por su padre y que algunas acusaciones de corrupción son puro chantaje, pero las considera un "costo de ser un empresario que trabaja en circunstancias difíciles".

Con esto, todos están de acuerdo. El año pasado, las importaciones de alimentos cayeron a u$s 2300 millones, un tercio del pico alcanzado en 2008. Hasta Libi admite que debe trabajar con "inventarios mínimos" en medio de la escasez drástica y que uno de sus camiones de entrega recientemente fue saqueado por una horda con hambre.

El escrutinio extranjero de los venezolanos sospechados de ser la fachada de escándalos de corrupción va en aumento. En febrero, Estados Unidos sancionó a un empresario venezolano por ser "testaferro principal" de altos funcionarios. El 14 de junio, Rex Tillerson, el Secretario de Estado de Estados Unidos, dijo que Estados Unidos estaba armando una "lista robusta" de otros individuos.

La presión legal interna también aumenta. El 15 de junio, la Asamblea Nacional abrió una investigación de un supuesto fraude de u$s 207 millones en programas sociales de alimentos subsidiados llamados CLAP. Dijo que seguía adelante con otras investigaciones de fraude, incluyendo la de Libi, y que "revelaría más información en breve". (Libi dice que nunca participó en programas CLAP y que la reapertura de la investigación de la asamblea "carece de sentido lógico y legal").

Libi se excedió en su esfuerzo de relaciones públicas. "Invito a quien tenga alguna prueba de delitos o irregularidades que se nos atribuyan a mí o alguna de las empresas del grupo, a que la presente ante los organismos que considere convenientes", dijo el 4 de junio. Sin embargo, exactamente qué autoridades es discutible, ya que la ONG Human Rights Watch afirma que Venezuela es "un país donde la impunidad es la norma".

Libi mantiene el optimismo. Organiza fiestas en Miami. Su empresa Avelina derrotó a la famosa marca Quaker de fabricación nacional y obtuvo un 65% de participación en el mercado. Libi incluso afirma estar exportando avena a Estados Unidos.
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