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Una paralización que España no puede permitirse

España está inmersa en una prolongada crisis política pocas veces –o quizás nunca– vista desde la muerte de Franco. Las elecciones generales de diciembre produjeron un resultado inconcluso, ya que no obtuvo un mayoría ninguno de los principales movimientos, el Partido Popular de centroderecha o los socialistas de centroizquierda.
Esta semana, el Rey Felipe trató de romper con ese impasse pidiéndole al líder socialista Pedro Sánchez que intente y forme gobierno. Todos se preguntan si sus esfuerzos conducirán a una administración viable.
Que España esté enfrentando semejante paralización no debería hacer sonar las alarmas, al menos por ahora. Es habitual que en Europa tras elecciones generales se produzca una paralización política (Bélgica estuvo sin gobierno durante casi 600 días entre 2010 y 2011).
El sistema bancario y la economía de España también dejaron atrás sus días más oscuros. La economía española hoy tiene una de las tasas de crecimiento más sólidas de Europa, en parte gracias a las reformas estructurales introducidas bajo la conducción del primer ministro Mariano Rajoy, el líder de la centroderecha.
Aún así, este impasse encarna riesgos si es que se permite que persista por mucho más tiempo. El mayor de ellos está vinculado con con Cataluña, que tiene programado separarse de España y formar un estado independiente en los próximos 18 meses. A su propuesta de independencia se puede responder mediante una acuerdo constitucional que le transfiera poder a las regiones del país de manera más justa y sostenible. Para lograr eso, España debe contar pronto con un gobierno en funciones.
Mientras Sánchez empieza a tratar de formar una administración, debe superar numerosos obstáculos políticos. El líder socialista controla sólo 90 de los 350 escaños que tienen las Cortes y para convertirse en primer ministro necesita el apoyo del partido anti-austeridad Podemos y de varios otros.
A ese acuerdo se oponen muchos socialistas que encontrarían difícil, por ejemplo, aceptar el compromiso de Podemos de permitir a los catalanes decidir su propio futuro mediante un referéndum como el que se hizo en Escocia.
Si Sánchez fracasa con Podemos, algunos políticos españoles creen que los socialistas y el Partido Popular deberían armar una "gran coalición". Esta semana, el ministro de Economía Luis de Guindos, dijo a Financial Times que ese acuerdo sería "ideal" porque contaría con la confianza y credibilidad.
Pero si bien el Partido Popular quizás no se oponga a este resultado, presenta peligros para la centroizquierda. Ese pacto permitiría a Podemos presionar con su argumento de que la política española está dominada por partidos del establishment presos de la corrupción. Los socialistas temen ser aventajados de la manera en que Pasok de Grecia se vio eclipsado por Syriza.
Quizás la manera de salir de esta paralización sea llamando a nuevas elecciones. Pero en este momento de la crisis política, sería mejor que los dos principales partidos de España lleguen a un entendimiento sobre cómo sacar adelante al país.
Puede ser que una gran coalición entre ambos no sea alcanzable ni deseable. Pero aunque Sánchez logre formar gobierno con Podemos, necesitará del respaldo de la centroderecha de España en el parlamento par implementar el nuevo acuerdo constitucional que necesita el país.
Éste es el momento en que los líderes políticos de España deben recordar la inmensa cooperación que demostraron los partidos de derecha y de izquierda después de la muerte de Franco en 1975. Todas las partes asumieron dolorosos compromisos para construir la sólida plataforma de la democracia española, que hoy es uno de los logros posguerra que más enorgullece a Europa.
En tiempos de incertidumbre para España y su constitución se necesita una muestra similar de responsabilidad –y flexibilidad– en todo el espectro político.