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Un resultado que desafía el orden liberal global

Un resultado que desafía el orden liberal global

La victoria de Donald Trump es un ruidoso repudio al status quo. La nación más poderosa de la Tierra eligió como presidente un magnate de los bienes raíces sin experiencia en gobierno, un supuesto autoritario que desprecia a los aliados, el comportamiento civilizado y la convención demócrata. Excepto que haya un fuerte cambio de personalidad, el triunfo de Trump representa una amenaza al modelo democrático occidental.

Trump tuvo éxito donde los populistas norteamericanos del siglo XX Huey Long y George Wallace se quedaron muy cortos. Al tomar por asalto la Casa Blanca reescribió el manual de campañas presidenciales. Se enfrentó al establishment del partido republicano y venció a todos los rivales, muchos con probados antecedentes como funcionarios. Finalmente, después de una campaña con mucha inventiva y poca política, obtuvo una resonante victoria contra Hillary Clinton, la candidata del establishment.

Los norteamericanos eligieron un político novato con un slogan simple "Hacer a Estados Unidos grande otra vez".La campaña de Trump apeló al nativismo, aislacionismo y proteccionismo. Despotricó contra los inmigrantes y prometió construir un enorme muro para mantenerlos afuera _y que lo pagará México. Castigó a los aliados en Europa y Asia; renegó contra décadas de doctrina de política exterior sugiriendo que Japón y Corea del Sur podrían recurrir al uso de armas nucleares para contrarrestar las amenazas de seguridad provenientes de China. Intimó con Vladimir Putin, convirtiéndose casi en un apologista del Kremlin. Y prometió desmantelar acuerdos comerciales como el Nafta y el Acuerdo del Transpacífico para proteger y reclamar el empleo manufacturero norteamericano.

La arrolladora retórica de Trump y sus tuits compulsivos resonaron entre millones de norteamericanos que se sienten marginados por la globalización. En EE.UU., como dijo Trump, la globalización y el libre comercio recompensaron sólo a unos pocos privilegiados. Hay un grano de verdad en las generalizaciones de Trump, a las cuales los líderes centristas le dieron demasiado poca importancia. La inequidad aumentó y los ingresos medios se han estancado o caído en los últimos años, especialmente entre aquellos sin estudios.

Hay un discurso alternativo que recalca la resiliencia de la economía norteamericana, su capacidad para innovar y producir ganadores de talla mundial. Pero Clinton, distante y a menudo robotizada, no logró ofrecer una visión de cambio convincente.

La visión optimista es que el candidato se transformará una vez dentro de la Casa Blanca. Tal cambio es posible, pero podría no sostenerse. Su temperamento quizás no se lo permita. Trump también puede decir, y con razón, que aunque su táctica haya sido extravagante ganó la presidencia.Tuvo la oportunidad de hacer un giro hacia un punto medio más responsable después de la convención republicana y eligió no hacerlo.

El mundo espera con nerviosismo ver si las políticas de Trump serán tan incendiarias como sus palabras. El giro hacia un tono más positivo después de conocido el resultado electoral es un primer paso. Pero éste sigue siendo un momento de gran peligro. La victoria de Trump, después del referéndum del Brexit, parece otro penoso golpe al orden liberal internacional.