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Un giro retórico que no resuelve contradicciones

Un giro retórico que no resuelve contradicciones

El discurso que pronunció Donald Trump en el Congreso mantuvo un tono optimista y conciliador, un bienvenido alejamiento del estilo combativo, pero e contenido fue aún más importante. La palabra deuda apareció una vez. Nunca mencionó el déficit presupuestario. Si había alguna duda de que el presidente quería gastar una inmensa cantidad de dinero, y al mismo tiempo recortar impuestos, el discurso la borró. Su propio partido, que controla al Congreso, puede permanecer leal al principio y resistir. De esa manera puede esperar ayuda demócrata. Los republicanos ya antes han abandonado el conservadurismo fiscal. Pero apoyar un gasto deficitario de la amplitud y escala trumpianas no tendría precedentes.

Cualquier avance legislativo dependerá de que abandone el tono beligerante de sus primeros días. El discurso fue un paso en esa dirección. Abrir con un reconocimiento a las atrocidades antisemitas y los disparos a dos inmigrantes indios en Kansas _uno de los cuales murieron_ fue admitir las preocupaciones fuera de la base de Trump. Si bien la alocución enumeró los mismos problemas que en su discurso inaugural, fueron presentados como obstáculos a superar, no "una matanza" infligida por enemigos dentro y fuera del país. El fuerte elogio a la OTAN generó alivio entre los aliados de Estados Unidos.

El tono es importante. Pero, ¿el giro retórico de candidato a presidente representa un cambio permanente? El tono tampoco resuelve las contradicciones. Los pocos elementos nuevos de la agenda de Trump que se dieron a conocer sólo intensificaron el conflicto entre la ambición trumpiana y la postura de línea dura de los republicanos. En cuanto a la recaudación, se sigue hablando de reducciones de impuestos para la clase media y las empresas. No se mencionó el "impuesto de ajuste fronterizo", que baja los tributos a las exportaciones y eleva los de las importaciones. La acción estuvo del lado del gasto.

Además del aumento del gasto militar ya señalado, Trump habló de ampliar la licencia paga por maternidad y cuidado infantil. En salud, respaldó el apoyo federal constante a Medicaid, servicio que brinda seguro de salud a los pobres, y enfatizó el acceso a la salud para quienes tienen condiciones médicas preexistentes. La propuesta del presidente de bajar los costos de los medicamentos no es buena. Esos montos representan sólo una décima parte del gasto de salud federal.

Todo esta generosidad se sumará al gasto de infraestructura de u$s 1 billón. Parte de eso será financiado por el sector privado. Incluso distribuido en varios años, es una suma inmensa en un contexto de gastos federales totales que el año pasado fueron de u$s 3,6 billones. ¿Serán compensados por los recortes del gasto? No se describió ninguno, y el presidente enfrenta un problema habitual. El 80% del presupuesto federal va a los militares, pagos de intereses, beneficios a jubilados y veteranos y a Medicaid. Todo eso es intocable. Es difícil saber cuánto puede crecer la deuda federal de su actual 104% del PBI sin perjudicar la economía. Cierta expansión del déficit bien puede ser sensata. La pregunta urgente es política. En qué medida los legisladores resistirán al pedido de Trump de elevar el gasto? Si no lo logran, la adquisición hostil del partido por parte de Trump habrá sido completa.