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Un acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur tendría implicancias políticas positivas

Para el Viejo Continente, transmitiría una fuerte señal de su decisión de liderar el orden mundial del comercio en ausencia de Estados Unidos

Las negociaciones se iniciaron hace más de 20 años

Las negociaciones se iniciaron hace más de 20 años

Autos por vacas, azúcar por transporte, etanol por motores compensaciones como ésas se dan en el corazón de las negociaciones comerciales que mantiene la Unión Europea (UE) con los países del Mercosur, el mercado común integrado por un grupo de países sudamericanos.

Ministros de Brasil, Argentina y del resto del bloque comercial se reunieron ayer en Bruselas para iniciar lo que los funcionarios describen como "el comienzo del desenlace" de las negociaciones en torno a un acuerdo comercial sobre el que se han mantenido conversaciones en forma intermitente durante 20 años.

Llegar a un acuerdo tiene gran importancia política para ambas partes. Para Europa, transmitiría una fuerte señal de su determinación de liderar el orden mundial del comercio en ausencia de Estados Unidos.

Para el Mercosur, un bloque que durante años luchó por superar desacuerdos internos, representaría un importante paso adelante firmar un convenio significativo con un socio comercial de gran envergadura.

Desde el punto de vista económico, hay puntos positivos. Para Europa, es atractivo contar con nuevos mercados como el automotriz y otros productos industriales. Para el Mercosur, existe la posibilidad de ampliar el alcance de sus exportaciones agrícolas altamente competitivas.

La pregunta ahora es si la determinación política de ambos lados puede superar la arraigada resistencia local especialmente la que ejercen los productores agrícolas europeos hacia algunas de las concesiones que serán necesarias para sellar un pacto. París y algunos otros gobiernos han dejado en claro que no aceptarán un acuerdo que implique para los productores de carne vacuna abrirse a nueva competencia. Después de no cumplir con la meta de sellar un acuerdo antes de fines de 2017, la carrera consiste en llegar a un entendimiento antes de que Brasil cambie al "modo elecciones". Y el reloj no se detiene. En privado, ambas partes reconocen que la ventana de oportunidad se cierra en marzo.

Los funcionarios que participan de las negociaciones sostienen que las conversaciones de esta semana apuntan a identificar las áreas donde cada uno necesita moverse para que se llegue a un acuerdo. Con muchos temas ya resueltos, sólo quedan sobre la mesa los más difíciles.

El Mercosur se ha mofado de la resistencia de Europa al acceso a su mercado de carne. El bloque sudamericano sostiene que las propuestas representan menos de una hamburguesa por europeo por año (los diplomáticos de la UE sostienen que la oferta es más generosa de lo que parece, dado que gran parte de la cuota estaría compuesto de cortes de primera calidad). El Mercosur también quiere más en azúcar y etanol.

Para el Mercosur, los "intereses ofensivos" de los europeos a su vez tocan brevemente a las vacas sagradas sudamericanas: la apertura más rápida a las importaciones de productos industriales, un mayor acceso al mercado de productos lácteos, protección de los "indicadores geográficos" agrícolas y nuevas oportunidades en transporte marítimo.

En las conversaciones comerciales, siempre el último kilómetro es el más difícil, y ambas partes se están quedando sin camino.

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