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Jueves 4.1.2018
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Trump se alista para sus primeras batallas en el comercio exterior

El presidente de EE.UU. está ansioso por aplicar severas medidas contra China y otros países, tal como prometió antes de asumir el cargo

Trump se alista para sus primeras batallas en el comercio exterior

Desde su oficina central de ladrillos a la vista en las afueras de Atlanta, el fabricante de paneles solares Suniva pasó más de una década proclamándose defensor de la manufactura estadounidense. Fundada por un profesor local, sus células solares están presentes en todo, desde los paneles del techo de un supermercado de Texas hasta un proyecto de generación de energía a pequeña escala iniciado por un productor de nueces del sur de Georgia.

 

No obstante, cuando la empresa solicitó la quiebra en abril del año pasado, culpando a las importaciones baratas de China por su fracaso, los documentos revelaron una realidad muy diferente.

En la firma de la solicitud presentada ante el Tribunal de Quiebras de Delaware estuvo presente Cheng "Alex" Zhu, presidente chino de la filial estadounidense de Shunfeng International Clean Energy que cotiza en Hong Kong y desde 2015 es accionista mayoritaria de la empresa. Todos los directores que firmaron la resolución del directorio adjunta lo hicieron en caracteres chinos.

Si no fuera por Donald Trump, ésta podría ser solo otra historia basada en el endeudamiento de una aventura empresarial china que fracasó. Pero hoy Suniva se encuentra en el centro de una disputa comercial que se ha abierto camino hasta el despacho del presidente de Estados Unidos y podría llegar a desencadenar una guerra comercial con China.

A fines de enero Trump debe decidir si respalda a Suniva

que presentó el reclamo comercial pocos días después de su quiebra y amplía los aranceles a las importaciones de células solares, mayormente procedentes de China, o a una industria solar estadounidense más amplia que advirtió que esos aranceles provocarán un aumento en los precios al consumidor y costarán decenas de miles de empleos si hacen que la energía solar pierda competitividad frente a alternativas de generación de energía como el gas natural barato.

El caso de la industria solar es el primero de una serie de decisiones que enfrentan Trump y un gobierno ansioso por finalmente aplicar las medidas comerciales severas contra China y otros países que el presidente prometió antes de asumir el cargo.

"Un año en el que casi no hemos avanzado en términos de determinar cuál es el plan [del gobierno]", señala Phil Levy, asesor comercial del ex presidente George W. Bush. "Sabemos que odia el régimen comercial actual. Pero, ¿cuál es la alternativa?"

También se vislumbran fechas límite impulsadas por investigaciones iniciadas el año pasado sobre importaciones de aluminio y acero, y posibles aranceles derivados de una investigación del régimen de propiedad intelectual de China y la práctica de obligar a las empresas extranjeras a transferir know-how.

Esto se suma a un momento crítico del comercio, tema que fue central en las elecciones hace 14 meses y sobre el que sus partidarios lo juzgarán.

Las decisiones inminentes exponen las dos realidades presentes en la política comercial de Trump. Como prometió, empezó a desmantelar acuerdos comerciales, sacando a Estados Unidos de la Asociación Transpacífico con Japón y otras 10 economías e iniciando renegociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte con Canadá y México, y otro acuerdo con Corea del Sur. También siguió quejándose del déficit comercial con China y, según la Casa Blanca, el martes le señaló al presidente Xi Jinping que "la situación no es sostenible".

Pero Trump todavía tiene que cumplir con los aranceles que amenazó con aplicar durante la campaña de 2016, o el proteccionismo a ultranza plasmado en un discurso inaugural en el que se comprometió a "proteger nuestras fronteras de los estragos de otros países que fabrican nuestros productos, roban a nuestras empresas y destruyen nuestros trabajos".

La razón principal por la que el gobierno de Trump hizo poco hasta ahora en materia de aranceles es que descubrió el choque de intereses inherente a la mayoría de las disputas comerciales. La crítica al libre comercio fue un lema de campaña y Trump prometió medidas unilaterales que pondrían a prueba la paciencia de los socios comerciales y las reglas mundiales. Pero el mandatario también viene topándose con la verdad de que imponer aranceles en forma apresurada puede perjudicar a los consumidores y las industrias nacionales, aun cuando ayude a sectores específicos.

El caso de la industria solar ilustra las complejas realidades económicas y políticas de las cadenas de suministro mundiales y la inversión extranjera. Desde que sus dueños chinos se declararon en quiebra, Suniva ha trabajado incansablemente para refugiarse en la bandera estadounidense. A su reclamo a favor de los aranceles se plegó la filial estadounidense del grupo alemán Solarworld, en quiebra, que también se autoproclamó defensor de la industria estadounidense.

Las batallas futuras 1 Acero

Profundizando en la legislación comercial de Estados Unidos, el gobierno de Trump lanzó en abril pasado una investigación sobre el aumento de las importaciones de acero y alegó que perjudican la seguridad nacional del país. Pero una medida arancelaria dirigida principalmente a China afectaría a aliados como Alemania, Japón y Corea del Sur, y se topa con el rechazo del equipo de seguridad nacional de Donald Trump. El mandatario estadounidense debe tomar una decisión antes de abril.

 

"Suniva se ha centrado y seguirá centrándose en revitalizar la industria solar estadounidense que fue diezmada por los engaños de China", afirmó el portavoz de la empresa, Mark Paustenbach. Y añadió que, como resultado de la quiebra de Suniva tras acumular decenas de millones de dólares de deuda, Shunfeng, con sede en Hong Kong, ya no controla la compañía.

En cambio, SQN Capital Management, un prestamista de Nueva York que ayudó a financiar un plan de expansión en 2015 con un préstamo de u$s 51 millones garantizado con equipos de fabricación de Suniva, lidera la disputa comercial.

Miembros intransigentes del gobierno de Trump y defensores externos exigen al presidente que imponga aranceles para defender la industria estadounidense y un sector estratégico que los gobiernos anteriores cedieron a China. "Adoptar medidas rápidas y firmes en este caso subsanará un gran perjuicio ocasionado a las empresas, los trabajadores y los contribuyentes estadounidenses", escribió la semana pasada en un sitio web conservador Greg Autry, coautor con Peter Navarro, asesor de la Casa Blanca, del libro Death by China. "Más importante aún, señalará a Beijing y a todas las demás naciones que el gobierno de Estados Unidos una vez más está priorizando el interés económico de los estadounidenses".

El argumento de Suniva a favor de ampliar los aranceles sobre todas las importaciones de células solares se funda en el argumento legítimo de que los fabricantes chinos lograron evadir los aranceles antidumping durante años trasladando la producción a otros países o enviando células a través de terceros países. La verdadera pregunta es cuál es la mejor manera de responder.

En el reclamo comercial presentado por Suniva se exigen amplias "salvaguardias" sobre las importaciones, entre ellas los aranceles de hasta el 35% que aprobó por mayoría la cuasijudicial Comisión de Comercio Internacional de Estados Unidos (ITC) el año pasado. Trump debe decidir si impone la combinación de aranceles y cuotas recomendada por tres de los cuatro comisionados de la ITC, o si utiliza algún instrumento más benigno, como un canon sobre las importaciones, y que los ingresos vayan a las compañías estadounidenses.

2 Propiedad intelectual

Tras algunos fracasos iniciales en las relaciones comerciales con Beijing, el gobierno de Trump inició el verano pasado una investigación a China sobre el presunto robo de propiedad intelectual. También está en la mira la práctica de Beijing de obligar a las empresas extranjeras a transferir tecnología a sus socios chinos a fin de hacer negocios en el país.

 

La presión ejercida por Suniva se topó con la oposición de muchos en la industria solar. Tom Werner, director ejecutivo de SunPower, con sede en Silicon Valley, que fabrica sus células solares en Malasia y Filipinas, se irrita ante la idea de que su negocio rentable se vea perjudicado por los aranceles para ayudar a los competidores.

"Lo que haría un arancel amplio es tomar una empresa estadounidense exitosa y hacer que financie a dos compañías de propiedad extranjera que hayan fracasado", sostiene Werner. "Cuesta encontrarle la lógica a eso".

Sostiene que las células solares se han convertido en un producto básico producido en fábricas altamente automatizadas y que repatriar la producción generaría pocos puestos de trabajo en Estados Unidos. Además, "imponer aranceles a las células solares es una batalla del pasado", afirma Werner. "La batalla del futuro es la integración del almacenamiento con la energía solar y la integración de la energía solar con la red. Si se pretende proteger la innovación, la pregunta es: ¿Cómo gana la producción estadounidense la próxima (batalla)?".

SunPower formó parte de un grupo de compañías de energía solar que insisten en presentar sus argumentos en contra de la imposición de aranceles en Washington. La empresa encontró un oído comprensivo en el Consejo Económico Nacional, que dirige Gary Cohn, a quien muchos consideran uno de los miembros más pro-comercio del gobierno. Y señala que otros -como Robert Lighthizer, el representante comercial de Estados Unidos y halcón de China desde hace mucho tiempo- fueron menos comprensivos.

"Es una conversación difícil de tener", señala Werner acerca de tratar con funcionarios como Lighthizer.

3 Lavadoras

El fabricante estadounidense de electrodomésticos Whirlpool está buscando ayuda para evitar que las surcoreanas LG y Samsung vendan lavadoras a precios demasiado bajos en Estados Unidos. Solicita amplias salvaguardias ya que sostiene que resoluciones antidumping anteriores de Estados Unidos llevaron a las empresas coreanas a trasladar la producción para evadir aranceles. Trump tiene tiempo hasta febrero para decidir si impone aranceles.

 

Sin embargo, algunos partidarios de Trump se unieron a la causa. Sean Hannity, presentador de Fox News y uno de los defensores conservadores más acérrimos del presidente, acusó a Suniva y Solarworld de manipular las leyes comerciales de Estados Unidos para conseguir el respaldo de los contribuyentes estadounidenses.

"Ahora que Trump está en ejercicio, se hizo la luz de nuevo para el sector manufacturero estadounidense y uno de los sectores de más rápido crecimiento en Estados Unidos es la industria solar", declaró en un spot radial grabado para un grupo que se oponía a los aranceles. "Pero algunas compañías de propiedad extranjera simplemente no pueden independizarse de la protección del gobierno".

Es posible que Trump haya estado cerca de retirarse del Tlcan y adoptar otras medidas drásticas que prometió en campaña, pero su retórica proteccionista impulsó a las empresas estadounidenses a iniciar acciones comerciales, incluso de antidumping.

Wilbur Ross, secretario de Comercio de Estados Unidos, con frecuencia pondera el aumento de más del 50% de los casos antidumping en Estados Unidos en el último año. Estos incluyen el reclamo presentado por Boeing contra la canadiense Bombardier, que dio lugar a la imposición de aranceles preliminares de alrededor de 200% sobre las ventas de aviones a aerolíneas estadounidenses y provocó una reacción política ofensiva en Canadá y el Reino Unido.

Algunos expertos temen por las consecuencias a largo plazo de la avalancha de nuevos reclamos. "Incluso si se echan atrás en la decisión de acabar con el Tlcan, podemos enfrentarnos a algo más corrosivo y dañino: el creciente deseo de utilizar salvaguardias [como las que se pretenden en el caso solar] para favorecer a industrias no competitivas, junto con la falta de nuevos acuerdos para abrir mercados en el exterior, afirma Rufus Yerxa, un antiguo funcionario comercial de Estados Unidos que lidera el Consejo Nacional de Comercio Exterior, un grupo empresarial. Ese doble agravante podría ser muy nocivo para nuestras industrias más competitivas.

El caso de la energía solar no es la medida comercial más incendiaria en la bandeja de entrada de Trump. El Departamento de Comercio presentó la semana pasada al presidente el resultado de una investigación de acero dirigida a China que se cree que recomienda una combinación de aranceles y cuotas, lo que le da a Trump 90 días para tomar una decisión. Invoca la seguridad nacional de Estados Unidos y, sin embargo, recibió la oposición de funcionarios como Jim Mattis, el secretario de defensa, que sostiene que se corre el riesgo de distanciarse de aliados productores de acero, como Japón y Alemania.

Una investigación aparte sobre el régimen de propiedad intelectual de China amplía la posibilidad de nuevas medidas. La presión para abordar cuestiones de propiedad intelectual cuenta con amplio respaldo por parte de una comunidad empresarial estadounidense harta de lo que considera un acoso por parte de Beijing, que obliga a las empresas a transferir tecnologías clave para hacer negocios en China. Sin embargo, muchos temen que dé pie a represalias de China.

Beijing no es el único socio comercial de Estados Unidos que se prepara para tomar represalias. Funcionarios de la UE dejaron claro que apostarían a las exportaciones de whisky y lácteos si el caso del acero termina perjudicando a la industria europea, mientras que Corea del Sur solicitó la semana pasada permiso a la Organización Mundial del Comercio para revivir un plan inactivo para imponer más de u$s 700 millones en medidas de represalia contra Estados Unidos.

Según Douglas Irwin, autor de un libro sobre la historia de la política comercial de Estados Unidos, todas las maniobras son el resultado de un presidente que ha puesto el comercio en el centro de su agenda como pocos predecesores lo hicieron. Y sostiene que Trump introdujo en el Despacho Oval un tipo de proteccionismo desvergonzado que no se ve desde el siglo XIX. Incluso Ronald Reagan suavizó sus batallas comerciales con Japón con un respaldo público al libre comercio.

Sin embargo, Trump recién cumplió un año de mandato, por lo que todavía queda mucho por esperar y ver. Irwin agrega: El espectáculo no terminó todavía. Ni siquiera es el intervalo.

4 Tratado de libre comercio con México y Canadá

Desde que lanzó su candidatura a la presidencia en 2015, Donald Trump criticó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y amenazó con retirarse si Canadá y México no renegocian el acuerdo. En abril pasado, aclamado por Steve Bannon y otros nacionalistas económicos de la Casa Blanca, llegó a pocos días de dar aviso con seis meses de anticipación del retiro de Estados Unidos antes de que una enardecida campaña de lobby a cargo de grupos empresariales y miembros del gabinete lo convenciera de hacer un alto el fuego.

 

En Washington está surgiendo un consenso según el cual Trump ha moderado su postura respecto al Tlcan y está más dispuesto a dar una oportunidad a las renegociaciones. En un discurso en una sala llena de agricultores pro-Tlcan en Nashville días atrás, Trump dijo que estaba trabajando arduamente para conseguir un mejor acuerdo para nuestro país, nuestros agricultores y nuestros fabricantes.

Cuando México y Canadá están recaudando tanto dinero no es la negociación más fácil del mundo. Pero vamos a hacer que sea justo para ustedes de nuevo, sostuvo el mandatario.

En una entrevista con The Wall Street Journal la semana pasada, también señaló una voluntad poco común de ser paciente, lo que implicaba que las negociaciones probablemente irían más allá de las elecciones generales de México en julio, a pesar de que solo había conversaciones previstas hasta fines de marzo. Las conversaciones mismas fueron polémicas. Las propuestas controvertidas de Estados Unidos, incluida una que exigiría que al menos el 50% de cualquier automóvil vendido en Estados Unidos se fabrique dentro del país, fueron rechazadas rápidamente por Canadá y México.

Pero también hay indicios de que las tres partes empezaron a comprender los posibles perjuicios de romper el acuerdo comercial.

Un informe canadiense de la semana pasada sobre un inminente retiro de Estados Unidos del Tlcan provocó la caída del dólar canadiense y el peso mexicano. Pero también lo hicieron los mercados de valores estadounidenses, cuyas ganancias celebró Trump.