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Trump no podrá usar la tortura en la guerra antiterrorista

Las leyes nuevas y los precedentes jurídicos impedirán el regreso de las tácticas de la era Bush, como la técnica de simulación de ahogamiento llamada submarino

Trump no podrá usar la tortura en la guerra antiterrorista

"¿Si aprobaría el submarino? Te apuesto lo que quieras que sí." dijo Donald Trump en un acto de campaña en Ohio el año pasado. "Sólo un estúpido diría que no funciona".

Con las primeras designaciones para su equipo de seguridad nacional, el presidente electo dio a entender que quiere regresar a los métodos inflexibles de la era pos 11 de septiembre, época en que Estados Unidos usó la tortura y la detención indefinida sin juicio previo en la lucha contra al-Qaeda.

Los tres funcionarios de Trump designados hasta ahora –el General Michael Flynn como asesor en seguridad nacional, el legislador Mike Pompeo para encabezar la CIA y el senador Jeff Sessions como fiscal general– han hablado sobre la amenaza del terrorismo islámico en términos que recuerdan a la "guerra global contra el terrorismo" de la administración de George W. Bush.

Juntos con Trump, en algún momento han impulsado lo que los defensores llaman "técnicas de interrogatorio mejoradas" pero que Estados Unidos ahora llama tortura, ampliado el uso del campo de detención en la Bahía de Guantánamo, Cuba, y aumentado la vigilancia electrónica.

Si embargo, mientras buscan ampliar los poderes presidenciales en la lucha contra el terrorismo, la nueva administración encontrará que las leyes nuevas y los precedentes judiciales han restringido muchas de las tácticas de la era Bush. En cambio, el área donde la que el gobierno de Obama fue pionero –el uso de drones contra sospechosos de ser terroristas va a ser donde Trump encontrará la menor resistencia.

En su libro Field of Fight publicado a principios de este año, el general Flynn advierte que "se está librando una guerra contra nosotros". Y agrega: "Esta administración [Obama] nos ha prohibido describir en términos adecuados y claros a nuestros enemigos: ellos son islámicos radicales".

En varias ocasiones durante la campaña electoral, Trump prometió revivir las técnicas de tortura aplicadas por la CIA después del 11 de septiembre, como el submarino. Consultado durante el fin de semana si la administración Trump seguiría adelante con eso, el vicepresidente electo Mike Pence dijo: "Vamos a tener un presidente que nunca dirá lo que nunca haremos".

Pompeo, el designado para ocupar el cargo de director de la CIA, se mostró fferozmentecrítico de un extenso informe, elaborado por el comité de inteligencia del Senado a cargo de la demócrata californiana Dianne Feinstein, que apuntaba a demostrar que la tortura no funcionaba. Aseguró que los "guerreros militares y de inteligencia" pos 11 de septiembre eran "héroes, no peones de un algún juego liberal que juegan la Unión Estadounidense de las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) o la senadora Feinstein.

Sin embargo, el uso del submarino fue prohibido en la ley de defensa promulgada el año pasado, que se agrega a una anterior legislación anti torturas promovida por el senador rrepublicanoJohn McCain.

McCain prometió un enfrentamiento con la administración Trump si trata de cambiar esas normas. "No me importa nada lo que quiera hacer el presidente de Estados Unidos o cualquier otra persona. Nosotros no vamos a hacer el submarino. Nosotros no vamos a torturar", dijo este fin de semana.

El centro de detención de la Bahía de Guantánamo podría ser otro punto álgido. Mientras Trump afirmaba durante la campaña que "lo vamos a llenar de algunos tipos malos", Pompeo aseguró que Guantánamo es "una mina de oro de inteligencia sobre el terrorismo islámico radical".

Mientras tanto, Sessions señaló que los fallidos esfuerzos de la administración Obama por cerrar la prisión demostraron "la inocente premisa de que suavizando la imagen de Estados Unidos de alguna manera suavizaría la determinación de nuestros enemigos".

Trump podría anular el decreto ejecutivo de Obama que ordena el cierre del centro de detención. Sin embargo, su administración tendría que lidiar con los fallos de tribunales que exigen una revisión judicial de todos los detenidos. También rigen las Convenciones de Ginebra.

Quienes fueron designados por el presidente electo también critican las restricciones pos Edward Snowden sobre vigilancia aplicadas por la comunidad de inteligencia norteamericana. Sessions dijo que lamenta que EE.UU. "haya sido tan tímido" para utilizar sus poderes de vigilancia, mientras que Pompeo pidió "pena de muerte" para Snowden, el informate de la CIA.

Esas restricciones, que incluyen el fin de la recopilación masiva de facturas telefónicas de millones de nnorteamericanos fueron el resultado de legislación bipartidista promulgada el año pasado en el Congreso que no podrá ser anulada tan fácilmente. Justin Amash, un republicano miembro Congreso y uno de los mayores críticos de la Agencia de Seguridad Nacional, comentó que le preocupaba la designación de Sessions por su apoyo a la "vigilancia masiva de norteamericanos respetuosos de las leyes".

Cuando el equipo de Trump asuma el poder en enero, podría encontrar que el área de política antiterrorista donde enfrenta menos restricciones es el uso de ataques con drones para matar posibles terroristas.