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Trump agita las aguas en política exterior

Líderes mundiales alarmados por la retórica antagónica del presidente intentan descifrar quién detenta el poder en el gobierno. Algunos esperan que voces pragmáticas del gabinete pugnen por una postura más tradicional

Trump agita las aguas en política exterior

Cuando Donald Trump reafirmó su mantra "Estados Unidos primero" el día en que asumió su cargo, el mundo quedó advertido que el nuevo presidente adoptaría una política exterior muy distinta a la de sus predecesores.
Sin embargo, si bien se esperaba algún conflicto, la forma en que Trump trató a algunos de sus pares desde el 20 de enero dejó a muchos líderes sin saber cómo manejar a alguien tan susceptible que está tan dispuesto a enemistar a aliados como a alabar a Vladimir Putin.


Trump llevó a Enrique Peña Nieto, el presidente mexicano, a cancelar la visita a la Casa Blanca, y desató la ira de líderes mundiales con su intento de prohibir la entrada a Estados Unido de ciudadanos de siete países musulmanes. También le cortó el teléfono a Malcolm Turnbull, el primer ministro de Australia, lo cual llevó a un grupo de demócratas y republicanos a asegurar al embajador australiano que el crítico aliado contaba con todo el apoyo de Estados Unidos.

"Los diplomáticos están más alarmados que nunca", afirma Thomas Wright, experto en política exterior de Brookings Institution. "Por primera vez desde la segunda guerra mundial, los principios fundamentales de la política exterior estadounidense -las alianzas, la economía mundial abierta y el liderazgo de Estados Unidos- corren peligro".
 

Trump también describió a la OTAN como "obsoleta" y lanzó calumnias contra Angela Merkel, la canciller alemana.

Los diplomáticos que tratan con el nuevo gobierno enfrentan dos grandes desafíos: distinguir la retórica de la política y descifrar quién detenta el poder.

Después de asumir que su rival demócrata Hillary Clinton ganaría, debieron esforzarse para conseguir reuniones con todo el mundo desde Mike Pence, el vicepresidente, hasta Jared Kushner, el yerno influyente de Trump y uno de sus asesores principales. Algunos están nerviosos por el papel que Stephen Bannon, el asesor de la Casa Blanca cuya ideología está estrechamente alineada con la del presidente, jugará después de su inusual designación para formar parte del Consejo de Seguridad Nacional.

Si bien los pesimistas abundan, los optimistas consideran la elección de James Mattis como secretario de defensa y Rex Tillerson como secretario de estado una prueba de que Trump confió las relaciones exteriores a personas pragmáticas con una visión menos insular del mundo.

Los presidentes de Estados Unidos siempre deben alistarse para crisis no anticipadas -desde la invasión de Irak a Kuwait de 1990 y los atentados del 11 de septiembre de 2001- que tienen consecuencias importantes en la política exterior. Esto podría ser difícil de manejar para una Casa Blanca que empezó en forma caótica.
Además de Rusia, Trump deberá enfrentar grandes desafíos en China, Corea del Norte e Irán. Hay indicios realmente preocupantes. Pero cuál de estas dos fuerzas dominará: ¿la fuerza convencional o la fuerza radical?"

Rusia

Trump se mostró tan reacio a criticar a Putin que describen su relación como una "amistad estrecha entre dos hombres". Pero hasta los republicanos se sorprendieron cuando un periodista manifestó "Putin es un asesino" y el presidente de Estados Unidos respondió: "Tenemos muchos asesinos".
John McCain, el senador republicano, criticó a Trump por poner a Putin "en el mismo plano moral" que Estados Unidos, y se refierió al hecho como una "traición a todo lo que somos y representamos". Hasta el senador Mitch McConnell, de la mayoría republicada, que rara vez censura a Trump, lo criticó.

Los demócratas y muchos republicanos se esfuerzan por explicar por qué adoptó una línea tan blanda con Putin. Trump dice que quiere mejorar las relaciones. Pero los críticos temen que ponga en riesgo alianzas que fueron decisivas para mantener la estabilidad desde la segunda guerra mundial.

"En su discurso inaugural, Trump dijo que no nos vamos a meter en asuntos internos de otros países, sugiriendo que vamos a dar marcha atrás con el cambio del régimen y la promoción de la democracia. Esto es música para los oídos de Putin", sostiene Angela Stent, una experta en Rusia de la Universidad de Georgetown.

"Los indicios… sugieren que Trump reconoce la esfera de intereses privilegiados de Rusia en el espacio postsoviético, como a Putin le gusta llamarlo, y que Estados Unidos no interferirá ahí".

Después de que la Casa Blanca dejase entrever que Trump podría aliviar las sanciones a Rusia en relación con el conflicto en Ucrania, el presidente pareció alejarse de ese curso de acción. Pero los halcones republicanos están atentos a cualquier indicio de que Trump vuelva a tomar ese rumbo.

Desde que Trump fue elegido, el Kremlin adoptó un tono prudentemente optimista con la esperanza de poner fin a su impasse con Washington por los conflictos de Siria y Ucrania. Putin insinuó que le gustaría que Estados Unidos una fuerzas para formar una alianza mundial contra el terrorismo, mientras que figuras pro-Kremlin recibieron bien el menosprecio de Trump hacia prioridades tradicionales tales como el cambio del régimen y el fortalecimiento de la OTAN.

Si bien se espera que Trump asista a una cumbre del G7 en Italia en mayo, un aspecto clave al que atender es la forma en que Pence describa la relación entre Estados Unidos y Rusia cuando asista a la conferencia de seguridad en Múnich.

Irán

La imposición de nuevas sanciones a Irán después de que probase un misil balístico dio indicios de que Trump piensa cumplir su promesa de adoptar una postura más firme con respecto a Teherán.
Suzanne Maloney, experta en Irán de Brookings Institution, afirma que el equipo de Trump actuó más rápido de lo que muchos habían previsto. "La estrategia de juego es aumentar la presión. Existe la idea de que el gobierno de Obama se centró en dar cabida a Irán", comenta la experta. "En esta administración, hay un hilo conductor de todo el equipo de seguridad nacional que claramente sostiene la opinión contraria".
 

Michael Flynn, asesor de seguridad nacional, declaró la semana pasada que Estados Unidos le había hecho un "llamado de atención" a la república islámica. Más tarde, Trump twitteó que Irán estaba "jugando con fuego" con la prueba de misiles.

El líder supremo iraní, el ayatolá Ali Khamenei, criticó el martes a Trump y afirmó que el presidente estadounidense había mostrado la "verdadera cara de Estados Unidos", a la vez que subrayó que "ningún enemigo puede paralizar a Irán".

Las nuevas sanciones también reflejan el hecho de que Trump se enfrenta a un dilema sobre el acuerdo nuclear de Irán de 2015, al que habitualmente describe como el "peor acuerdo jamás negociado". Tillerson señaló que el departamento de estado revisará el acuerdo.

La opción más dramática habría sido romper el acuerdo. Sin embargo, incluso muchos opositores republicanos al acuerdo creen que esto sería autodestructivo porque Washington sería culpado por el fracaso de los esfuerzos diplomáticos internacionales y la probable reanudación del programa nuclear de Teherán.

Así pues, algunos republicanos están buscando otras maneras de meter presión a Irán. Estados Unidos mantiene sanciones contra Teherán por su programa de misiles balísticos, las violaciones de derechos humanos y el apoyo a grupos terroristas. Se espera que los republicanos anuncien un nuevo paquete de sanciones que deberían recibir cierto apoyo bipartidista.
 

Maloney sostiene que, además de trabajar con el Congreso sobre las sanciones, la administración de Trump sería más estricta en hacer cumplir el acuerdo nuclear, hacer retroceder con más fuerza la influencia iraní en Medio Oriente y usar una retórica más asertiva que podría ser malinterpretada en Irán como intentos para tramar un cambio de régimen.

Los partidarios de nuevas sanciones señalan que las medidas pueden forzar concesiones de Irán, pero algunos expertos advierten que Teherán vería las sanciones económicas más amplias como una restauración de las penas que se supone que se habían suspendido en virtud del acuerdo nuclear.

Corea del Norte

Uno de los desafíos más críticos que enfrenta Washington es cómo hacer frente a la amenaza planteada por Corea del Norte. Estados Unidos intentó diversos enfoques -de las conversaciones entre seis partes convocadas en la época de George W. Bush a la política de "paciencia estratégica" adoptada por la administración de Obama- pero, aun así, Pyongyang siguió avanzando a paso firme con sus programas de misiles y armas nucleares.
 

Obama advirtió a Trump que Corea del Norte sería el problema de seguridad nacional más acuciante. La mayoría de los expertos coinciden en que Pyongyang está peligrosamente cerca de poder montar un arma nuclear en un misil de largo alcance capaz de llegar a América. El Consejo de Seguridad Nacional comenzó recientemente una revisión de la política de Corea del Norte, que Dennis Wilder, exasesor de la Casa Blanca en Asia, dijo que "contemplará todas las opciones, desde la participación hasta la prevención".

Durante su campaña electoral, Trump dijo que "no tendría ningún problema" en hablar con Kim Jong Un, líder de Corea del Norte, pero en Washington sigue habiendo más discusión sobre la eventual necesidad de un posible ataque preventivo contra Corea del Norte.

Salvo que suceda tal ataque, Estados Unidos necesita que China ejerza presión sobre Pyongyang, pero la cooperación puede verse obstaculizada por la tensa relación de Trump con Pekín. Durante su campaña, Trump dijo que retiraría las tropas estadounidenses de Japón y Corea del Sur y sugirió que Tokio y Seúl consideren desarrollar armas nucleares para disuadir a Corea del Norte. China también está enojada por la intención de Seúl de desplegar un escudo antimisiles estadounidense y presionó a las compañías surcoreanas para que no cooperen con el proyecto.

Pero Mattis, secretario de Defensa, habló la semana pasada de las alianzas durante su visita a Seúl y Tokio y advirtió a Pyongyang que cualquier uso de armas nucleares se toparía con una fuerza "abrumadora".

"A Japón le preocupaba que Corea del Norte pudiera pensar que el paraguas nuclear fuese menos fuerte bajo el gobierno de Trump. Esto podría animar al líder de Corea del Norte a pensar que el arsenal nuclear norcoreano puede disuadir a los estadounidenses", afirma Chikako Ueki, experto en seguridad de la Universidad de Waseda en Japón. "El gobierno japonés se siente aliviado de que el secretario Mattis garantizó a Japón y Corea del Sur un fuerte compromiso de Estados Unidos, que incluye la ampliación del paraguas nuclear".

China

Durante la campaña electoral, Trump sostuvo que adoptaría la postura más dura contra China, a la que acusó de participar en prácticas comerciales desleales. No obstante, desde su triunfo, sus acciones propiciaron la agitación mucho más allá del ámbito del comercio y la economía.

En diciembre, Trump hizo enfurecer a China al hablar con Tsai Ing-wen, el presidente de Taiwan, que Beijing considera una provincia renegada. La conversación -la primera entre un presidente de Estados Unidos o un presidente electo desde que Washington y Beijing establecieron relaciones diplomáticas en 1979- sugirió que Trump podría no respetar la fórmula diplomática "Una sola China" que ha guiado las relaciones entre ambos lados del Estrecho desde 1992.

Más tarde, Trump alimentó más críticas al preguntar "por qué tenemos que regirnos por la política "Una sola China" a menos que China esté dispuesta a negociar en materia de comercio. Los críticos de la retirada de Estados Unidos de la Asociación Transpacífica -una de las medidas que Trump adoptó en su primera semana de mandato- sostienen que esto beneficiará a China ya que reducirá la influencia estadounidense en la región de Asia y el Pacífico.
 

Steve Yates, asesor de seguridad del ex vicepresidente Dick Cheney y socio de Reince Priebus, jefe de personal de la Casa Blanca, afirma que Trump es un "practicante de política exterior realista" en la línea de Richard Nixon pero "sin el idilio con China". Sin embargo, otros expertos sostienen que el mandatario carece de una política clara y está interfiriendo en lo que China considera una línea roja: un intento de cambiar el status quo de Taiwán.

"A 10.000 metros de altura, Trump parece valorar tener a China en vilo... pero esa no es una política", sostiene Bonnie Glaser, experta en China del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. "China pasó de pensar 'tendremos un primer año difícil en materia comercial y económica' a pensar 'se parecerá al viejo modelo y las cosas se acomodarán en el segundo año'... pero abandonaron esas suposiciones rápidamente tras la llamada telefónica con Tsai".

En su audiencia de confirmación, Tillerson enfureció a Beijing diciendo que Estados Unidos consideraría bloquear el acceso a las islas en disputa en el Mar de China Meridional.

Algunos recibieron con agrado los comentarios del nuevo secretario de Estado como prueba de que el gobierno de Trump tomaría una postura más firme; no obstante, Mattis insinuó la semana pasada que el Pentágono sería más moderado. En Tokio, el secretario de Defensa dijo que "no veía ninguna necesidad de medidas militares dramáticas" para resolver un problema que los diplomáticos abordan de la manera más eficaz.

Pero Mattis también señaló a China que Estados Unidos se opondría a cualquier acción que amenazara la administración japonesa de las islas Senkaku, una cadena controvertida del Mar de China Oriental llamada "Diaoyu" en chino.

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