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Trastienda de una entrevista con Donald Trump en el Salón Oval

Uno de los editores de Financial Times relata sus impresiones sobre el personaje más controvertido del planeta

Poco después de las 15:30 horas, nos llaman para que ingresemos al Despacho Oval. El presidente está sentado detrás del Escritorio Resolute donde Harry Truman puso el cartel con la frase "Yo soy el responsable". Lo flanquean tres asistentes. Le da la mano a los tres enviados de Financial Times y los invita a tomar asiento.

"¿Quieren algo para beber?" pregunta el presidente mientras un asistente le acerca una Coca Cola. Yo pido lo mismo, con hielo. El presidente presiona un botón rojo ubicado sobre el escritorio. "Vamos a pedirlo. Ya está. Empecemos".

Y así comenzó una de las entrevistas más fascinantes que hice en mis 32 años de carrera en Financial Times. Trump se mostró encantador, a veces combativo y siempre listo para responder de inmediato.

En términos generales, se mostró alerta, atento y muy alejado del personaje de caricatura descripto en los medios sociales y la televisión (no lo ayuda, hay que decirlo, su propia adicción a Twitter).

Estas son mis principales impresiones, basadas en la entrevista en el Salón Oval que duró 25 minutos, y en varias otras conversaciones que tuve con el equipo más cercano a Trump en la Casa Blanca.

1 Trump a veces puede ser sensible, pero a fin de cuentas todo se reduce a su trabajo. El presidente, que está suscripto a Financial Times, sabe muy bien que nosotros no somos sus fans. Dejó en claro sus opiniones desde el principio ("Ustedes perdieron, yo gané").

Tal como lo aclararon sus asistentes, decidió hablar con Financial Times porque le ofrecía a su administración un medio a través del cual hablarle a una audiencia global influyente, y porque suponía que lo dejarían demostrar lo que vale. O como lo hubiera escrito en su @Potus: ¡Sin noticias falsas en el FT!

2 Trump disfruta de lo inusual. Su modo brusco y su presencia física son características deliberadas que apuntan a desestabilizar e intimidar. Esa es la manera de sacar una ventaja antes de comenzar con la estrategia inicial (a menudo extravagante) adelantándose así a la negociación. Tal como cuenta un banquero de Wall Street que conoce a Trump hace treinta años: "Trump pide el 100% y luego inmediatamente empieza a retroceder. Luego ve dónde se posan sus oponentes. Es una forma de describir el precio".

3 La estructura de poder en la administración Trump se parece más a un tribunal medieval que a una presidencia tradicional de Estados Unidos. Están las facciones poderosas, la familia y el irascible Emperador. Empecemos por las facciones. Si bien son fluidas y tácticas, más o menos se dividen entre los realistas encabezados por Jared Kushner, el influyente yerno del presidente, Gary Cohn, el ex número dos de Goldman Sachs y ahora director del Consejo Nacional Económico, y Wilbur Ross, el multimillonario inversor convertido en secretario de comercio; el otro campo estaba liderado por Steve Bannon -el nacionalista económico, agitador ideológico y cerebro político detrás del presidente- hasta la semana pasada, que fue desplazado por Trump.

En esta estructura, Kushner es quizás más influyente que Rex Tillerson, el secretario de Estado; se puede decir que Cohn es más importante que Steve Mnuchin, el ex ejecutivo de Goldman Sachs que ahora es secretario del Tesoro; y Bannon era más poderoso que Reince Priebus que nominalmente ocupa el cargo más importante como jefe de gabinete de la Casa Blanca.

4 A Trump le gusta describirse como populista parecido a Andrew Jackson, que completó dos mandatos como presidente entre 1828 y 1836. (Un retrato de Old Hickory recién colgado puede verse sobre la pared a la izquierda de su escritorio). En verdad, Jackson y Trump tienen poco en común más allá de sus antepasados escocés e irlandeses. Jackson no era un plutócrata; era un héroe de guerra (ayudó a derrotar a los británicos en 1812) y fue juez, gobernador de un estado y congresista y senador de Estados Unidos. Trump es el primer presidente estadounidense que no tiene experiencia de gobierno, ni militar, ni en el Congreso ni en un parlamento. Cambió de lealtad partidaria cinco veces. Retóricamente es populista, pero en realidad es más un oportunista, pero talentoso. Despidió dos dinastías políticas (Bush y Clinton) y se quedó con el mayor cargo de la tierra. Se muestra agresivamente orgulloso de su logro.

5 Los asistentes de Trump adoran decir que él "está fuera del sistema", el magnate que no tiene miedo frente al establishment, a las elites de los medios, y se muestra incansablemente hostil ante todos los opositores sean éstos demócratas o últimamente el grupo parlamentario derechista Freedom Caucus, que torpedeó sus esfuerzos para revocar el Obamacare. La pregunta es cómo puede funcionar ese enfoque en el sistema de controles y equilibrios de la constitución de Estados Unidos. Trump ya debió dar un paso atrás con sus decretos sobre inmigración, que fueron revocados por los tribunales. Pese a las mayorías republicanas en la Cámara de Representantes y el Senado, todavía tiene que aprobar importantes leyes, si bien insiste en que están en marcha los planes para una gran reforma fiscal.

6 Finalmente, hay comodines, especialmente las investigaciones que están realizando el Congreso y el FBI sobre los lazos entre su campaña y el gobierno ruso. Está también la nada pequeña cuestión de sus propios negocios en el área de bienes raíces y la marca Trump. Mantenerlos separados de su actividad oficial -especialmente cuando los gobiernos extranjeros están desesperados por congraciarse con un Estados Unidos últimamente firme y enérgico- no será una tarea fácil.

Sin embargo, por el momento Trump cuenta con una mayor confianza de las empresas, el alza del Dow, y su propio carisma para demostrar que él realmente está haciendo que Estados Unidos sea grande otra vez. Los asistentes hablan con melancolía sobre las similitudes con el primer mandato de Ronald Reagan. Es una exageración.

Sin embargo, hay tímidas señales de que en la necedad hay más un método de lo que los críticos sospechan.

Traducción: Mariana Inés Oriolo