Si Biden gana, ¿qué pasará con Trump y con el trumpismo?

El trumpismo sobreviviría, pero probablemente no podría ganar otra elección. Sería un culto a la personalidad sin la personalidad

Después de que la saga del Watergate terminó con la renuncia de Richard Nixon en 1974, se dice que un matrimonio se divorció porque no tenía nada más de qué hablar.  Ahora se viene un vacío similar entre muchos de nosotros. No nos permitimos imaginar qué pasaría si ocurriera el escenario más probable: Donald Trump pierde las elecciones estadounidenses, se queja por un tiempo y luego deja el cargo. Después de Trump, ¿podrían sus seguidores y opositores encontrar no sólo nuevas conversaciones, sino también nuevas identidades? ¿Podría sobrevivir el trumpismo? Y su salida ¿terminaría con el entusiasmo populista a nivel mundial?

Todos los presidentes estadounidenses "viven" en las cabezas de personas de todo el mundo, pero ninguno de ellos ocupó tanto espacio como Trump. De hecho, ninguna persona en la historia tuvo semejante control, en tiempo real, de la conciencia global. Los trumpistas a menudo se burlan de que los liberales sufren el Síndrome de trastorno de Trump (TDS, por sus siglas en inglés), pero ¿cómo no? Durante cuatro años, el hombre con el megáfono más grande del mundo ha contaminado nuestros cerebros con mentiras, abusos y acoso racial, dejando a todos los que lo escuchamos más estúpidos y más paranoicos.

“El hecho de que Trump esté en un estado de alta intensidad todo el tiempo nos ha afectado a nosotros , comentó Tony Schwartz, quien fue el prestanombre de él en El arte de la negociación. Barack Obama prometió que si Trump se va, “simplemente no será tan agotador. Podrías tener una cena de Acción de Gracias sin una acalorada discusión .

Existe una tendencia natural a querer reemplazar a un líder sobrexcitado por uno aburrido. Ronald Reagan le dio paso a George H. W. Bush; Margaret Thatcher a John Major; y Richard Nixon a Gerald Ford. Actualmente existe el deseo de tener un presidente tedioso que, por lo menos, no se convierta en un arma biológica apuntada hacia su propio país. El senador demócrata Michael Bennet  captó ese sentimiento durante su fracasada candidatura a la Casa Blanca: “Si me eligen como presidente, les prometo que no tendrán que pensar en mí durante dos semanas seguidas .

Joe Biden parece ser el nuevo Gerald Ford: un hombre decente que hereda una crisis nacional que lo derrota. Se ha vuelto estructuralmente casi imposible aprobar leyes progresistas en el Senado y en la Corte Suprema. Si Biden ubicara en el tribunal a sus propios jueces, la institución instantáneamente perdería legitimidad entre casi la mitad de los estadounidenses.

Después de Trump, los demócratas perderán su "máquina de participación electoral" y los periódicos liberales su mejor nota. Existe el riesgo de que haya una recesión de noticias El New York Times podría tener problemas para mantener a sus millones de nuevos suscriptores con portadas sobre las interminables disputas del Congreso para aprobar fragmentos del  Nuevo Acuerdo Verde.

Y los estadounidenses alejarían su foco de atención puesto en la política para orientarlo a la vida privada, como en la novela de 1992 de John Updike, Memorias de la administración Ford, cuyo historiador apenas menciona a Ford y, más bien, revive amorosamente sus propios adulterios. Él se pregunta: “¿Hubo alguna vez una administración Ford? La evidencia de su existencia parece ser escasa .

Lo más seguro es que Trump evite ir a la cárcel. Los estadounidenses ricos y los expresidentes generalmente lo logran. Él tiene deudas por al menos u$s 1.100 millones, pero sus seis quiebras comerciales anteriores no lo detuvieron. La vida estadounidense tiene muchas formas de convertir la fama en dinero. En caso de una derrota, él podría ejecutar su plan original para 2016 y lanzar Trump TV. 

Trump puede hacer fortuna si abandona su fantasía de ser empresario y reconoce su verdadero don como animador vulgar. Hasta podría prosperar durante un tiempo. Los expresidentes estadounidenses son personas muy motivadas con un cuidado médico inmejorable a su disposición. Los últimos tres presidentes que fallecieron tenían noventa años, mientras que Jimmy Carter sigue adelante a los 96 años.

Después de una victoria de Biden, el trumpismo sobreviviría a Trump, pero probablemente no podría ganar otra elección. En primer lugar, sería un culto a la personalidad sin la personalidad. En segundo lugar, el nacionalismo blanco ya está chocando contra la cambiante demografía estadounidense. El Partido Republicano se encuentra en una difícil situación: tendrá una propuesta cultural obsoleta y una propuesta económica antipática de recortes de impuestos a los ricos y de desregulación para industrias de combustibles fósiles que están desapareciendo. El principal legado político de Trump podrían ser las milicias de extrema derecha que él ha animado. Sólo se necesitan unos pocos grupos armados para hacer que un país sea ingobernable.

Fuera de EEUU, el futuro de los nativistas es más promisorio. Ellos estudiarán la campaña del Trump de 2016 —con alto contenido de entretenimiento, antielitista y con "mensajes en código"— como un modelo de cómo ser elegido, y sus cuatro años posteriores como un estudio de caso de cómo no consolidarse en el cargo. Mientras Trump estaba viendo televisión durante el día, tuiteando y jugando al golf, un autócrata profesional como Viktor Orban capturó los medios, los tribunales, la burocracia estatal y las grandes empresas. Trump simplemente nombró a algunos jueces. Es cierto que erosionar al Estado es más difícil en EE.UU. que en Hungría, pero él apenas lo intentó. Ni siquiera pudo alcanzar el umbral más bajo de gobierno competente. A modo de comparación: en proporción a la población de cada país, las muertes estadounidenses por Covid-19 han sido más de cuatro veces las de Hungría. El nativismo simplista combinado con la competencia básica para gobernar y la captura del Estado seguirá siendo una receta política poderosa.

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