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Se generalizó la indignación por los paraísos fiscales

La crisis financiera y las políticas de austeridad resultantes llevaron a que la gente común preste más atención a las prácticas apuntadas a evadir impuestos

Los islandeses salieron a la calle a pedir la renuncia de su primer ministro

Los islandeses salieron a la calle a pedir la renuncia de su primer ministro

A nadie le solía interesar la actividad financiera offshore. O al menos a casi nadie. Allá por el 2003, recuerda Alex Cobham, ahora jefe de investigación de Tax Justice Network, un pequeño grupo de activistas empezó a hacer lobby contra lo que ellos veían como el rol perjudicial de los paraísos fiscales. Durante meses trataron de reunirse con las autoridades correctas, pero sólo lograron que les dijeran: "No tenemos idea de lo que están hablando".

Hoy, el mundo offshore se convirtió en un imán de enojo popular con la élite global a la que se percibe como usuaria de conductos ocultos del sistema financiero internacional apuntados a esconder sus fortunas del alcance del fisco.

Millones de documentos filtrados del estudio panameño Mossack Fonseca representan el mayor hito –pero sólo el único– de este camino. "El verdadero punto de inflexión fue la crisis financiera," señaló Cobham. "La gente que está viviendo la austeridad tiene un tipo de interés distinto en las decisiones que se toman sobre el gasto y los impuestos", agregó.

Desde entonces, la evasión fiscal y la justicia de los impuestos pasaron de ser una cuestión de mera política para convertirse en un tema de las audiencias parlamentarias, tópico central de las primarias en Estados Unidos –dominadas por el enojo de la gente– y base de las nuevas normas de transparencia iniciadas por el G20.

Mientras tanto, economistas estrella como Thomas Piketty encontraron muchos defensores de su argumento de que la inequidad amenaza la democracia, y que el sistema offshore empeora ese problema. Si alguien tiene el mérito de haber dirigido la atención popular hacia el mundo offshore, ese quizás sea Bradley Birkenfeld. El banquero renunció a UBS en 2005 y reveló ante las autoridades norteamericanas cómo su ex empleador había ayudado a los norteamericanos a evadir impuestos. En 2007 le contó a investigadores del Senado que miles de clientes estadounidenses habían ocultado su dinero en efectivo para evitar el pago de impuestos.

La investigación del Senado levantó el velo que tapaba algunas de las técnicas de secreto offshore, en particular el uso de compañías fantasma registradas en paraísos fiscales offshore, como las Islas Vírgenes Británicas y Bahamas. En 2009, UBS hizo un arreglo con los fiscales norteamericanos que incluyó una multa de u$s 780 millones por ayudar a evadir impuestos.

Docenas de más bancos suizos arreglaron y Credit Suisse en 2014 aceptó pagar una sanción por u$s 2.600 millones. En el proceso los bancos dañaron la eficacia de su discreción, que había sido su marcar registrada.
También hubo más escándalos parroquiales que resonaron entre los contribuyentes, que observan cómo sus sistemas de bienestar han sufrido profundos recortes después de la crisis financiera.

Un momento decisivo llegó el 21 de junio de 2012, con un tuit del comediante británico Jimmy Carr. Dos días después de que se revelara que él usaba un esquema legal para evadir impuestos, Carr declaró: "Pago lo que tengo que pagar, ni un centavo más. Menos de 48 horas después, durante las cuales el primer ministro británico David Cameron describió tal conducta como "moralmente incorrecta", el cómico tuiteó que había cometido "había cometido un terrible error" y "en el futuro manejaré mi asuntos financieros de forma mucho más responsable". El episodio "demostró que el mundo había cambiado", dijo Cobham

En 2014, un equipo encabezado por Thabo Mbeki, ex presidente sudafricano, estimó que Africa perdió u$s 50.000 millones anuales en ingresos públicos debido a la manipulación contable, que a menudo incluye el uso de paraísos fiscales.
Quienes hacen campaña contra el secreto financiero ya aprovechan para impulsar una acción coordinada en la cumbre anti-corrupción que albergará Cameron el mes próximo en Londres.