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Se asoma un nuevo círculo virtuoso para emergentes

El crecimiento aumenta, las inversiones regresan y las ganancias de las empresas parecen recuperarse en las economías en desarrollo. Pero los escépticos dicen que el optimismo, basado en el consumo de China, está enmascarando problemas más generales

Las ECAS garantizan las exportaciones o importaciones del país de origen

Las ECAS garantizan las exportaciones o importaciones del país de origen

Hace apenas un año, Vale, la minera brasileña, estaba tambaleando. El precio del mineral de hierro, su principal producto de exportación, había alcanzado un mínimo histórico, los inversores vendían sus acciones y China -el mercado del que más depende- parecía encaminarse hacia una desaceleración rápida y sin control.

Pasados 13 meses, el mineral de hierro vuelve a estar de moda. Vale está produciendo cantidades récord y, con un precio que aumentó a más del doble (casi u$s 90 la tonelada), la semana pasada reveló ganancias por u$s 4000 millones en 2016 después de haber sufrido pérdidas de u$s 12.000 millones en 2015. La semana pasada, sus acciones en San Pablo alcanzaron su pico máximo en cuatro años de R$ 35 (u$s 11), en comparación con el mínimo inferior a R$ 7 que registraron en enero de 2016.

Gran parte de esta recuperación ocurrió desde fines del año pasado. Y si bien el principal factor para Vale fue la recuperación de China, esta no es la única razón que cambió la suerte de las empresas en los países en desarrollo.

El precio del transporte de contenedores, servicio que suele utilizarse para transportar productos manufacturados más que productos básicos como el mineral de hierro, también está aumentando. De menos de u$s 500 hace un año, el costo promedio de transporte de un contenedor de 12 metros de China al norte de Europa conforme a un contrato de corto plazo aumentó a u$s 3285, según Xeneta, una empresa noruega que compara precios.

El comercio este-oeste, que estuvo de capa caída durante gran parte de los últimos cinco años, está repuntando. Las ganancias de la industria textil vietnamita, por ejemplo, subieron de u$s 7000 millones en 2009 a u$s 26.000 en 2016.

Michael Laskau, director general de Nhabe Garment Corporation de Ciudad Ho Chi Minh, que abastece a minoristas como Calvin Klein, Tommy Hilfiger y Ralph Lauren, afirma que Estados Unidos está impulsando las ventas.

"No cabe duda de que el crecimiento de la industria textil vietnamita es producto de la fuerte y continua demanda de Estados Unidos y el traslado de la capacidad de fabricación de China para aprovechar nuestros costos más bajos", sostiene.

Los escépticos dicen que no es más que un nuevo giro en las economías volátiles de los países en desarrollo. Pero otros insisten en que es un segundo advenimiento sustentable para los mercados emergentes aun cuando la presidencia de Donald Trump amenaza con apartar a Estados Unidos de la economía mundial y salirse de acuerdos comerciales mundiales de los que dependen muchos países en desarrollo.

El comercio en la era Trump

Un aspecto central del argumento optimista es la recuperación de China durante el último año. Por temor a un "aterrizaje forzoso", Pekín logró desviar la economía de una posible crisis inyectando crédito en áreas críticas como el mercado inmobiliario. Esto ayudó a sostener los precios del mineral de hierro y otras materias primas que proveen exportadores de mercados emergentes.

En definitiva, quizás sólo esté demorando lo que muchos temen que es una crisis crediticia inevitable, que aumentará la enorme carga de deuda de China. Pero en el corto plazo, al menos, quitó de la mente de los inversores de mercados emergentes la posibilidad de una catástrofe.

Según los optimistas, tampoco todo puede atribuirse a China. Muchos sienten que Trump no podrá cumplir su promesa de introducir medidas proteccionistas que amenazan con sembrar el caos entre los exportadores de mercados emergentes. Otros creen que el gobierno estimulará la demanda global mediante recortes fiscales e inversión en infraestructura.

Hasta podría ocurrir que los países en desarrollo ingresen en un círculo virtuoso, afirma David Hensley, economista de JP Morgan, en el que el optimismo estimule la inversión, que, a su vez, estimule una mayor productividad y mayores ganancias, lo cual se traduciría en más inversiones y un crecimiento más rápido.

Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IFI), una asociación industrial, el crecimiento del PBI en los mercados emergentes aumentó a un promedio de 6,4% en enero, el índice mensual más rápido desde junio de 2011. En caso de confirmarse, quedaría demostrado que las economías emergentes están revirtiendo la tendencia bajista del crecimiento instalada desde la crisis financiera global.

Hensley cree que la recuperación tiene bases sólidas. "Lo que muestran los datos es una vuelta de las empresas como las impulsoras del crecimiento mundial", revela. Que las empresas deberían ser el motor del crecimiento puede ser algo que no sorprenda, pero el comportamiento normal se vio alterado en los últimos años.

Hensley afirma que el "berrinche de reducción" de 2013, durante el que los inversores abandonaron los mercados emergentes ante la posibilidad de que la Reserva Federal introdujese una política monetaria más estricta, y el desplome del precio del petróleo de 2014 y la caída de la Bolsa de China en 2015 contribuyeron a una drástica restricción de las condiciones de crédito. Por lo anterior, las salidas netas de capital de economías emergentes alcanzaron los u$s 735.000 millones en 2015, según el IFI. Si bien sigue habiendo salidas de capitales, su ritmo se desaceleró.

"Este fue un período increíblemente complejo, cuando el crecimiento mundial se desaceleró y el crecimiento de países emergentes cayó en forma desproporcionada", sostiene Hensley. "Luego, el año pasado, empezamos a alejarnos de esos cimbronazos y liberarnos de los síntomas".

Desde entonces, dice Hensley, las ganancias de las empresas aumentaron, no solo en Estados Unidos, sino también en el mundo. Esto vino acompañado de significativos repuntes recientes de los índices de gerentes de compras (IGC), los principales indicadores de actividad que revelan la fe que las empresas tienen en la salud de sus mercados.

Si bien los IGC mejoraron más rápido en los países desarrollados que en los países en desarrollo, en los últimos tiempos fueron positivos en ambos. Para los mercados emergentes, los IGC del mundo desarrollado -de donde proviene la demanda de sus exportaciones- suelen ser lo más importante. Y el optimismo se está transmitiendo a la economía real, con un aumento de la producción industrial.

Esto significaría poco si no viniese acompañado de un aumento de las inversiones... algo esencial para abrir el camino a una mayor productividad y un crecimiento sostenible. Los datos de JP Morgan muestran un marcado aumento a fines del año pasado tanto de la rentabilidad empresarial como de la inversión de capital, que los economistas del banco esperan se mantenga.

Los datos comerciales fomentan aún más el optimismo. El análisis de datos de exportación de Capital Economics, un grupo de investigación de Londres, revela que los grandes exportadores de mercados emergentes empezaron bien el año, con un fuerte crecimiento en dólares de los envíos de China, Brasil y Corea del Sur en enero.

A quienes les preocupa que, al igual que previos repuntes de los mercados emergentes, este se limite a los precios de los productos básicos, los datos cuentan una historia diferente. El repunte de los productos básicos el año pasado desempeñó un papel importante, y no solo en las ganancias de 2016 de Vale; no obstante, otros exportadores, como las automotrices de Brasil y los fabricantes de electrónica de Corea del Sur, también gozan de un aumento en las ventas en el extranjero.

Los inversores respondieron. Los flujos orientados hacia los fondos de acciones y bonos de mercados emergentes (ME) comenzaron el año con una tendencia positiva por primera vez desde 2013. Según estimaciones del Instituto de Finanzas Internacionales (IFI), los inversores extranjeros retiraron más de u$s 38.000 millones en acciones y bonos de ME en el último trimestre de 2016, pero devolvieron más de

u$s 12.000 millones a esos mercados en enero.

Viento frío de deflación

La influencia de China no siempre fue positiva para los mercados emergentes, especialmente en los últimos años. Y algunos analistas siguen convencidos de que su economía o el aumento del populismo ofrecen una oportunidad de compra de activos de ME.
Cuando la demanda de productos básicos de Beijing dio marcha atrás, el índice de precios al productor (IPP) de China -que mide el costo de los bienes comprados y vendidos por las empresas- sufrió una racha negativa de 54 meses que recién terminó en septiembre. Esto desencadenó deflación en todos los países emergentes, redujo los ingresos de los exportadores y erosionó las ganancias de las empresas.
El IPP de China pasó a ser positivo y creció 6,9% en enero. Pero Michael Power, estratega de Investec, no está convencido de que termine bien. "Si el renminbi mantiene [su valor] frente al dólar estadounidense a los niveles actuales, sí. Pero no estoy seguro de que lo haga," señala el ejecutivo.
Para él, el mayor responsable de esto es el pronóstico ampliamente difundido de un fortalecimiento del dólar estadounidense. Si esto ocurre y el renminbi se devalúa aún más, la presión a la baja de China sobre los precios mundiales persistirá. Si eso sucede, las empresas de todo el mundo lucharán por mantener elevados los precios y las ganancias, lo que socavará el argumento a favor de la inversión y el crecimiento.
La fragilidad queda aún más expuesta por el análisis del aumento del IPP de China. En el pasado, a cualquier medida significativa en relación con el IPP le antecedía una medida similar en los IGC de los mercados emergentes en su conjunto, ya que al aumento de la demanda de empresas chinas y de otros ME le seguía naturalmente un aumento de los precios al productor.
Pero no es lo que está sucediendo. Los últimos datos sugieren que los gerentes de compras no están planeando grandes gastos y, sin embargo, el IPP aumentó.

Es la oferta, no la demanda

Bhanu Baweja, responsable de estrategia de activos cruzados de mercados emergentes de UBS, señala que el aumento de los precios al productor en China refleja la oferta, no la demanda. Así, el aumento de los precios del petróleo se correspondió con una caída en la producción de Estados Unidos; el aumento de los precios del cobre fue impulsado por las huelgas en la mayor mina de cobre del mundo, en Chile. Incluso la producción de mineral de hierro, a pesar del desempeño récord de Vale, fue menor de lo esperado el año pasado. Por otro lado, la demanda de mineral de hierro de China fue impulsada por las restricciones impuestas a las siderúrgicas ilegales que usan chatarra, en lugar de la demanda final de más acero.
"Si lo que vimos fue impulsado por la oferta como parece estar sucediendo, cuesta plantear el argumento de que la demanda se va a recuperar", afirma Baweja. "La idea de que la economía mundial se está reactivando y que beneficiará a todos los mercados emergentes se está empañando con la variación interanual en los precios de los productos básicos".
Baweja coincide en que sería poco prudente subestimar el impacto del aumento de los índices PMI o "interponerse en el camino de ese comercio", pero se pregunta si los datos realmente muestran un efecto significativo en la actividad.
Sostiene que, en función de los antecedentes, el nivel de los nuevos pedidos de Estados Unidos respecto de los inventarios debería estar en vías de lograr un aumento del 25% en las exportaciones de los mercados emergentes, pero nada de esto ha ocurrido. De hecho, los últimos datos del Institute for Supply Management muestran que los pedidos de los fabricantes estadounidenses aumentan, pero las importaciones quedan fijas.