Retrocede la ‘marea rosa’ en América Latina

América Latina se encuentra en un momento crucial. El fin del súper ciclo de las materias primas dio por terminado un período de fuerte crecimiento de casi 15 años en sus economías. La creciente pérdida de popularidad de los tres partidos de izquierda más importantes del continente también sugiere una nueva dirección política. Esto llevó a que se hable del "retroceso de la marea rosa", es decir los populistas nacionalistas, derrochadores y, a menudo, corruptos que dominaron gran parte de la región durante la mayor parte de este siglo. Sin embargo, el cambio más grande que se observa hoy en América Latina tiene que ver con el auge del Estado de derecho.
En Venezuela, el partido socialista gobernante fue vapuleado en las elecciones legislativas este mes por los votantes hartos de la incompetencia, la crisis económica y la descontrolada corrupción. En Argentina, asumió un nuevo presidente con visión empresaria, Mauricio Macri, y Cristina Fernández se retirar a su provincia de Santa Cruz con la enorme fortuna que de alguna forma acumuló como presidenta. Los brasileños por su parte están asombrados de cómo una investigación sobre la corrupción masiva en la compañía energética estatal Petrobras está obligando a directivos de empresas y políticos de alto nivel a rendir cuentas como nunca antes.
Este nuevo énfasis en el Estado de derecho es un cambio importante para un continente donde las élites han disfrutado durante mucho tiempo de impunidad. Refleja el creciente deseo de los ciudadanos latinoamericanos de que los estados modernos reconozcan los límites del poder y además respeten los controles y equilibrios constitucionales. La aversión del pueblo a la corrupción, amplificada por los medios sociales, está tan extendida que algunos incluso hablan de una "primavera latinoamericana".
Los mecanismos legales con los que cuentan los ciudadanos para expresar su disgusto juegan un papel importante. En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff enfrenta la amenaza de juicio político. En Venezuela, la oposición puede organizar un referéndum revocatorio para destituir a Nicolás Maduro. En Guatemala, un presidente en funciones fue arrestado por cargos de corrupción. En Chile y México, la sociedad civil critica duramente a los miembros de las familias de los presidentes por presuntos conflictos de intereses.
Esta rendición de cuentas refleja un gran cambio que trasciende la política. Al igual que todos los cambios radicales, provocan alteraciones. Sin embargo, también puede generar votos: Macri convirtió a las instituciones más fuertes y al Estado de derecho en explícitas promesas de campaña dirigidas a los votantes argentinos.
El año 2016 probablemente sea duro pues se prevé que la economía de la región se contraiga por primera vez en 33 años. Satisfacer las aspiraciones de la "nueva clase media" de la región va a ser especialmente difícil en estas circunstancias. Igualmente complicado también será mantener las frágiles coaliciones que llevaron a la oposición al poder en Argentina y Venezuela. Va a ser un camino sinuoso, con muchos percances.
Igual de importante es que las reglas del juego se respeten. Hacerlo atraerá las tan necesarias inversiones y ayudará a las economías de la región a adaptarse mejor a un mundo de bajos precios de materias primas. Al menos, ésa es la esperanza. Como sucede con toda esperanza, sin duda habrá decepciones que alimenten el cinismo y la desesperación. Algunos países avanzarán, mientras que otros retrocederán. Sin embargo, hay buenas razones para anticipar el progreso general en medio de la marea cambiante.
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