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Retrato de la mujer que puede ser presidenta de Estados Unidos

Es uno de los personajes públicos más relevantes de la escena política en los últimos 25 años. Sin embargo pocos conocen en profundidad a la candidata demócrata que intentará llegar a la jefatura de la Casa Blanca

Qué tipo de presidenta sería Hillary Clinton? Como ya vivió en la Casa Blanca durante ocho años (1993-2001), debemos poder tener una idea más precisa del perfil de la candidata que de cualquier otro presidente entrante anterior. Sin embargo, Estados Unidos sigue tan penosamente dividida en su opinión de ella como de cualquier figura pública desde que cobró notoriedad hace 24 años. Es difícil pensar en otro nombre -incluido Donald Trump- que de solo mencionarlo pueda convertir una velada agradable en una pelea a gritos. Todos tienen una opinión profundamente arraigada. Simplemente, en general, no se superponen. "Hillary Clinton es una persona extremadamente reservada... es muy poco demostrativa", sostiene Robert McNeely, que pasó seis años con los Clinton como el fotógrafo oficial de la Casa Blanca. "Si no se dedicase a la política, podría ser una jugadora de póquer de categoría mundial". Tal como Clinton admitió días atrás en su discurso de aceptación de la nominación en Filadelfia, prefiere ampliamente la parte de "servicio" de los servicios públicos antes que la dimensión pública, que considera un mal necesario. En este sentido -y en muchos otros-, es difícil pensar en dos personajes más distintos que Bill y Hillary Clinton. "Bill busca llamar la atención", afirma McNeely, cuyo libro de fotografías de los años de Clinton como primera dama sale el próximo enero. "A Hillary realmente no le importa si la gente la quiere o no". Dime con quién andas y te diré quién eres, dice el refrán. Pero el país de Hillary es demasiado grande, y demasiado político, como para confiar en cualquier retrato que aparezca. El resultado es invariablemente impresionista. Es difícil dejar de lado la sospecha de que cualquier persona que habla con uno tiene propósitos ocultos. Quien sabe, no habla, dice la frase. Y quien habla, no sabe... en especial cuando se trata de Clinton.
Entre quienes la conocen bien, solo unos pocos pasaron tantas horas cerca de los Clinton como McNeely. Durante seis años fue director de fotografía de la Casa Blanca.
McNeely seguía a la pareja presidencial a casi todos lados, ni siquiera el departamento privado de la familia era una zona vedada. Era uno de los pocos que recibían de antemano copias del itinerario presidencial. Prácticamente no había reunión en la que no pudiese estar presente. El resultado es más de medio millón de fotos, tomadas entre 1992 y 1998. "El único momento en que me restringieron el acceso fue durante el escándalo de Monica Lewinsky", sostiene. "Los Clinton temían que Kenneth Starr (el fiscal) pudiese requerir mis fotos. Sospecho que la verdadera razón era que no querían que nadie fuese testigo de las peleas a gritos que tenían". Cada una de sus fotos cuenta una historia. Una de las más reveladoras muestra una conferencia de prensa de 1994 en la que Hillary Clinton está sentada en el Salón Este frente a los medios que se habían dado cita. Era su primer evento de este tipo desde que se había convertido en primera dama. Le habían dicho que podría ser el último. La Casa Blanca había estado asediada por rumores del fallecimiento de Vince Foster, un amigo de la familia Clinton de Arkansas y consejero de la Casa Blanca, que se suicidó luego de que saliera a la luz el fracasado negocio inmobiliario Whitewater... y una espiral de tramas secundarias relacionadas.
El intento de la primera dama por frenar la lluvia de críticas se volvió fuertemente en su contra. El caso Whitewater llevó a la designación de Starr como fiscal especial, cuyas peregrinaciones de investigación finalmente dieron con ese fatídico vestido manchado con semen de una becaria de la Casa Blanca. La foto muestra a una Clinton seria tratando en vano de poner una tapa en una olla a presión. Pero las evasivas de su esposo con respecto a su flirteo con Monica Lewinsky trajeron aparejado su juicio político... y la ruptura temporaria del matrimonio de más alto de Estados Unidos. "Esos fueron años difíciles", afirma McNeely. "El clima en la Casa Blanca se volvió paranoide". Según dicen, Hillary, herida, le tiró vajilla y bandejas a su esposo y, en general, dio en el blanco. Ha enfrentado incontables pelotones de fusilamiento de la prensa desde entonces. Si gana en noviembre, enfrentará muchos más. En caso de que Bill Clinton, entonces, se convierta en el primer caballero, habrá tanta psicología amateur, si no más, sobre la pareja como la que hubo en la década de 1990. Con los Clinton, el psicodrama marital difícilmente esté alejado de la política.
Otra foto, también de los primeros años de la Casa Blanca, muestra a Clinton parada en el Salón Roosevelt Room junto a su esposo, que está sentado con asistentes. Mandy Grunwald, asesora política, y Michael Sheehan, aparecen en la foto. Están trabajando en su proyecto de reforma de salud, cuya siguiente desaparición en el Capitolio en 1994 desató la segunda crisis más importante de la era Clinton. Ella sostiene unos papeles a la vez que se pasa las manos por el cabello. Por un lado, la foto es común y corriente. Por otro lado, retrata la destrucción de un precedente de 200 años. Clinton fue la primera dama en emprender una iniciativa política seria: el Hillary care fue la prioridad legislativa número uno de su esposo.
Los detractores de Clinton, que había y muchos, ya se habían enfurecido ante su falta de respeto de la tradición. "Supongo que podría haberme quedado en casa y cocinar galletitas", dijo durante la campaña de 1992, y así ofendió el influyente voto de las "madres que se quedan en casa" y a legiones de sexistas. Si bien "Compre un Clinton, y llévese otro gratis" fue uno de los lemas informales de la campaña, la idea de que Hillary tuviese un papel abiertamente político en la Casa Blanca no hizo más que encender a sus críticos. Por esta razón, se alegraron particularmente con el fracaso del Hillary care. Pero el modo pragmático en que manejó esa humillación reveló otra faceta de su personalidad. Prácticamente lo mismo puede decirse 14 años después, cuando se sacudió el polvo después de perder la nominación por el partido Demócrata frente a Barack Obama. Rápidamente se formó en filas tras su candidatura y luego acordó ser su secretaria de estado. "Después del fracaso del Hillary care, no se hundió en la desesperanza, como solía hacer Bill", revela McNeely. "Se sumergió en el siguiente proyecto con el mismo fervor adictivo al trabajo. Nadie debe subestimar lo firme que es. No hay muchos hombres como ella". Muchas de las fotos de McNeely muestran a una Hillary que escucha atentamente en un costado de reuniones presidenciales... una fue en un avión MD80 durante la campaña de reelección de su marido en 1996. Estas también hablan por sí solas. El presidente tranquilamente permitiría que las reuniones del Despacho Oval siguieran hasta la madrugada. Las personas entrarían y saldrían. "Había personas que, sin ser idóneas en la materia que se estaba tratando, aparecían sin previo aviso y Bill las invitaba cordialmente a sumarse al círculo", sostiene McNeely. "Esto enfurecía a la primera dama". A menudo, ponía fin a las reuniones laberínticas de su marido y lo obligaba a tomar una decisión. Fue ella la que en 1988 lo convenció de que era demasiado pronto para postularse a presidente... ambos tenían apenas más de cuarenta años. También lo convenció en 1993 de contratar a David Gergen, ex asesor republicano, para aportar una perspectiva a una Casa Blanca en desorden tras el fracaso de la reforma de salud. "Hay quienes sostienen que Hillary solo puede aspirar a la presidencia porque está casada con Bill Clinton", afirma McNeely.
"Podría ser cierto. Pero no puedo imaginar que Bill hubiera llegado a la Casa Blanca sin Hillary".
Clinton claramente disfrutó el glamour del rol de la primera dama. Aunque nunca prestó mucha atención a su vestuario -"Qué ropa elegía a menudo parecía la decisión última y menos importante del día", señala McNeely-, le gustaba que otros lo hicieran. Una de las fotos la muestra mientras la retocan para una sesión para la revista Elle. "Mientras le acomodaban la blusa y le colocaban un poco de colorete en la mejilla, Hillary parecía disfrutarlo", sostiene McNeely. "Le dije: 'Eres muy buena para esto', y ella se rió".
Una de las fotografías más sorprendentes es la que muestra a una Hillary de aspecto juvenil, en 1992, en la primera campaña presidencial de su marido, con el bebé de un votante en brazos. Ella no parece darse cuenta de que el bebé le muerde los anteojos de sol. El padre observa nervioso y parece no saber qué hacer. Incluso los más cínicos acerca de la autenticidad de Clinton reconocerían su permanente interés en los derechos de los niños, que arranca con su trabajo para el Fondo de Defensa de los Niños en la década de 1970. Después del fracaso de Hillarycare, Hillary se concentró en ampliar el seguro de salud de los niños. Esa iniciativa fue aprobada en el Congreso. En 2007, tuve que cambiar una entrevista personal con Clinton por otra en forma telefónica porque tenía que tomar un vuelo urgente a Nueva Delhi para hacer unos trámites para la adopción de mi hija. Clinton preguntó dónde estaba la niña. Le mencioné el nombre del orfanato. "¿El que está detrás de Civil Lines en la vieja Delhi?", me preguntó. "Sí, lo visité". Enseguida habló con conocimiento de causa sobre el tema durante varios minutos.
Mi fotografía favorita -y la más reveladora- muestra a Clinton en el campo de tiro del Servicio Secreto de Beltsville, Maryland. Un entrenador le acomoda el hombro mientras Hillary dispara al blanco con el rifle francotirador. Solo se llega a distinguir la niebla de una botella de vidrio que explota al otro lado del campo. "En secreto, Hillary es poco femenina", sostiene McNeely. "Le encantan este tipo de cosas". También se toma en serio la preparación.
Le pregunto a McNeely qué nos dicen los años de Clinton como primera dama acerca del tipo de presidenta que sería. McNeely evalúa lo que considera que son sus rasgos fundamentales y señala: "Es muy rápida para juzgar a las personas". "Si Bill detecta que alguien no le gusta, pasa horas tratando de convertir a esa persona. Hillary ni se molesta". En segundo lugar, la Casa Blanca de Hillary sería "sumamente feminizada". Su ala este fue un contrapunto sumamente femenino para el ala oeste abrumadoramente masculina de su marido. Hillary ya prometió que la mitad de su gabinete serán mujeres. McNeely sostiene que el personal contratado por Hillary solía ser de mejor calibre. Pero Hillary también es menos socrática. "Podría llevarle mucho tiempo seleccionar a las personas adecuadas", agrega. "Pero mi sensación es que cualquier asistente que no esté de acuerdo con ella en los temas clave no durará mucho tiempo en el cargo". Más importante aún, Hillary siempre sabrá más sobre su historial que cualquier otra persona. Comprender los detalles nunca será su punto débil, si bien la falta de una visión global lo fue. "No hay persona en el mundo que pueda trabajar con más empeño que Hillary Clinton", sostiene McNeely. "¿No es curioso que su oponente en esta elección sea la mente más perezosa del mundo occidental?"