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Retórica, realidad y el desafío de la ultraderecha

En su breve excursión por la política, Donald Trump infringió todas las normas y ganó. Esta semana, demostró que las provocaciones y la diatriba personal no se detendrán a pesar de ser el presidente electo de Estados Unidos. Las ramificaciones de su discurso cívico y del negocio de la política son profundas.

El talento especial de Trump está despreciando a sus opositores, lo que genera que éstos se comporten precisamente como a él le gustaría: enojados defensores de un establishment políticamente correcto en descomposición. Los medios tradicionales, que estaban felices por darle al candidato poco convencional generosos minutos de aire durante la campaña, ahora se encuentran con que son atacados como si fueran sirvientes de ese mismo viejo orden.

El autor de la estrategia de Trump es Stephen Bannon, presidente del sitio web conservador Breitbart News. Bannon convirtió el trolling en una forma de arte político, haciendo caer a los opositores en una lucha libre donde los hechos no valen nada y la emoción es todo.
Breitbart News no apoya explícitamente lo peor de la "derecha alternativa" _el etno-nacionalismo que renovó su imagen para la era de Internet. Pero le gusta acercarse provocando.

Del otro lado del Atlántico, los trolls se anotaron una victoria este semana. Milo Yiannopoulos, un periodista de Breitbart News, fue invitado a hablar en su ex escuela de gramática en Kent, Inglaterra. El Departamento de Educación expresó al establecimiento educativo su preocupación por las manifestaciones y la seguridad de los estudiantes, y la institución canceló el evento. Quizás la invitación estuvo mal planteada, pero la intervención del gobierno fue un error.

Le brindó a Yiannopoulos la evidencia que necesitaba para demostrar que "el establishment" quiere silenciar la disconformidad. Yiannopoulos pasó de ser un opositor a la política de victimización a ser él mismo una quejosa víctima. "Quizás si hubiera titulado el discurso ‘Los musulmanes son geniales’, nos habrían dejado en paz. Estoy indignado".

Donde la retórica y el poder se entrecruzan, las consecuencias no son sólo verbales. Lo que antes era criticable avanza lentamente hacia el terreno de lo normal. Esta semana, en un edificio del gobierno a pocas cuadras de la Casa Blanca, se reunió un grupo de supremacistas blancos. "Hail Trump, Hail nuestro pueblo, Hail victoria!", gritaba su líder Richard Spencer, que fue elogiado por Yiannopoulos como un gran "intelectual" de la derecha alternativa. Los saludos nazis que le siguieron quedaron capturados en un video.

Los defensores de un EE.UU. abierto, multiétnico, y con diversidad religiosa hacen bien en preocuparse. Pero deben cuidarse de no ser objeto de trollers. Si las promesas de campaña de Trump se cumplen, el cuerpo de la ley de derechos civiles en el país será cuestionado en los próximos cuatro años. Eso dará a la oposición de Trump una oportunidad de involucrarlo en un área donde la estrategia de medios de Bannon será menos efectiva: la política. Responder con enojo a la retórica trumpista, y no a las medidas del gobierno, es seguir el libreto de Bannon, donde el deseo del pueblo es boicoteado por los trucos sucios del establishment.

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