LAS DIVISIONES QUE HAY EN EL GOBIERNO AÚN PUEDEN ENTORPECER SU PROGRAMA

Reformas de Bolsonaro recién comienzan, pero están encaminadas

El gobierno sigue disfrutando un período de luna de miel. Los tecnócratas y los militares designados tienen la capacidad técnica que no tiene el presidente

Es increíble. Jair Bolsonaro asumió la presidencia de Brasil hace dos meses, pero gobierna activamente el país desde hace apenas una semana. Mientras estuvo en el hospital, como parte de su recuperación tras haber sido apuñalado en septiembre, su gabinete sucumbió a las públicas peleas internas. Dos de los hijos del ex capitán del ejército quedaron envueltos en una polémica. Su gobierno de derecha, elegido por su plataforma de lucha contra la corrupción, perdió a un ministro por un escándalo vinculado al desvío de fondos públicos y pronto podría apartarse otro.

Mientras tanto, el ministro de economía pro libre mercado de Bolsonaro redactó una ambiciosa y necesaria reforma previsional, que fue presentada ante el Congreso la semana pasada. A su vez, los generales que conforman el centro coordinador de la nueva administración terminaron siendo moderados y sensatos en vez de autoritarios. Los brasileños están muy ilusionados con el cambio y el gobierno de Bolsonaro no demuestra ser lo que al principio se temía. La pregunta es si este enfoque de la nueva administración es suficiente para lograr las reformas que requiere la novena economía más grande del mundo.

Brasil debe modernizar su ineficiente economía agobiada por una deuda pública en aumento y que lucha por salir de su peor recesión. También necesita mejorar la seguridad pública y reducir las altas índices de homicidios, que son incluso más sangrientos que en México. Bolsonaro, que a menudo se compara con Donald Trump, se comprometió a hacer ambas cosas. Al menos su equipo económico a cargo de esas tareas está compuesto por tecnócratas competentes. Sin embargo, el mayor desafío es administrar las complejas alianzas que necesita para aprobar e implementar tales reformas. Bolsonaro es propenso a insultar de manera exagerada, no tiene experiencia ejecutiva y carece del respaldo de un partido gobernante mayoritario, como el que tenía Trump con los republicanos en Estados Unidos.

El presidente brasileño también debe gestionar múltiples niveles de gobierno. A nivel ejecutivo, su gabinete está dividido en al menos tres tribus. Están los tecnócratas, los ideólogos y los generales, entre estos últimos el vicepresidente Hamilton MourÒu, que a menudo contradice a los hijos de Bolsonaro. MourÒu incluso regañó a la familia del presidente por "lavar los trapos sucios en público" después de que un hijo, un concejal de Río de Janeiro, declaró que un ministro era "mentiroso".

Después está el Congreso. Bolsonaro necesita al menos tres quintas partes de los 513 escaños de la Cámara Baja para aprobar medidas clave, como la reforma del sistema previsional regresivo que consume un tercio de los ingresos federales.

Sin embargo, el nuevo presidente sabe con certeza que cuenta con sólo aproximadamente 250 votos. La mayoría del Congreso está formada por políticos de la vieja escuela, y la semana pasada se unieron para rechazar un proyecto de ley del gobierno que hubiera facilitado que los funcionarios ocultaran información pública. Por último, hay 26 gobernadores estatales poderosos, de los cuales sólo uno pertenece a un partido aliado del bando de Bolsonaro.

A pesar de todo este potencial de división y estancamiento, el gobierno sigue disfrutando un período de luna de miel. Los tecnócratas y los militares designados tienen la capacidad técnica que claramente no tiene Bolsonaro. El presidente, mientras tanto, cuenta con los votos, el mandato y un alto índice de aprobación. Por ahora, ambas partes se necesitan mutuamente.

Irónicamente, una relación similar existió durante el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva. Durante su primer mandato, el presidente de izquierda habló desde una posición ideológica, pero gobernó desde el centro pragmático.

La diferencia hoy es que probablemente Bolsonaro esté más cerca de los ideólogos. Si la economía de Brasil mejora rápidamente lo cual es una gran incógnita eso puede ayudar a suavizar las discrepancias entre los bandos rivales. Si no, alguien tendrá que ceder. No está claro qué lado prevalecería.

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