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Putin se entromete en las elecciones estadounidenses

Los intentos de sembrar dudas sobre la integridad del proceso electoral norteamericano ya están teniendo éxito. Putin juega con la mano que le tiende Trump

No hay un manual a seguir. Estados Unidos se entromete en la política de otros países desde la guerra fría. Pero las intromisiones apenas disimuladas de Rusia en las elecciones de 2016 son para Estados Unidos la primera vez que es claro objeto de semejante atención. Además, el oso ruso simplemente está empujando una puerta abierta. Todo lo que Vladimir Putin tiene que hacer para causar problemas es sembrar dudas sobre la integridad del proceso electoral estadounidense. Muchos norteamericanos ya sospechan que el resultado de las elecciones de noviembre será manipulado. Así piensa también Donald Trump, que es el primer candidato presidencial de ese país en invitar a una potencia extranjera a filtrar información que podría dañar a su rival. Si alguna vez la democracia estadounidense ha sido vulnerable a las trampas es ahora.
¿Qué posibilidades de éxito tiene esta estrategia? Hasta cierto punto, ya lo tuvo. En una entrevista con Bloomberg la semana pasada, Putin negó sin negar que Rusia haya tenido que ver con los últimos episodios de hackeo. "Para hacer eso se necesita tomar el pulso y entender los detalles de la vida política nacional estadounidense", dijo con una sonrisa de complicidad. "No estoy seguro de que siquiera nuestros expertos del ministerio de asuntos exteriores sean lo suficientemente sensibles". El presidente ruso también podría haberle hecho un guiño a la cámara. Nadie que está investigando el asunto duda que los servicios de inteligencia rusos estuvieron detrás de las violaciones de seguridad.
Tampoco hay muchos interrogantes sobre el motivo. El gran número de correos electrónicos pirateados desde la sede del Partido Demócrata que muestran un sesgo a favor de Hillary Clinton sobre Bernie Sanders, se filtró en la víspera de la convención de la candidata en julio. Enardeció a los partidarios de Sanders, muchos de los cuales ya creían que Clinton había manipulado las elecciones primarias. Julian Assange, el refugiado fundador de Wikileaks, que divulgó el primer lote de emails, prometió que habrá más antes de noviembre.
Es fácil –aunque quizás sería equivocado– suponer que Trump trabaja directamente con Putin para generar desconfianza en el resultado de las elecciones de noviembre. En su discurso en julio, Trump dijo: "Las grandes empresas y los principales donantes están apoyando la campaña de mi oponente porque saben que el sistema seguirá siendo manipulado". Esa misma semana, quienes trabajan con Trump depuraron el lenguaje de la plataforma republicana que instaba a apoyar al gobierno de Ucrania contra Rusia. Sucedió cuatro años después de que Mitt Romney, entonces candidato republicano. describiera a Rusia como "el enemigo geopolítico número uno" de EE.UU.
Cada hackeo parece beneficiar a Trump. Cualquier cosa que pueda sembrar dudas sobre la probable victoria de Clinton en noviembre lo beneficia. Sólo él parece cuestionar el papel de Rusia en las filtraciones de información. "Creo que probablemente sea poco probable. Quizás los demócratas están promoviendo ese cuento", dijo Trump la semana pasada a la televisión rusa. También señaló a la emisora estatal que Putin era mucho mejor líder que el presidente Barack Obama. La evidencia superficial de una confabulación entre Trump y Putin parece obvia.
Sin embargo, Putin es un operador mucho más astuto que Trump. En la fase inicial de su carrera se capacitó en el ala de "medidas activas" de la KGB, especializada en guerra política. Su objetivo era generar desinformación para trastocar la política de otros países. Trump le dio al líder ruso una oportunidad de oro para empañar el modelo democrático estadounidense con herramientas mucho más sofisticadas. La victoria de Trump no necesariamente favorecería los intereses de Putin. Dañar la confianza del mundo en el sistema estadounidense sí lo haría. Putin también es mejor táctico que Clinton. Cuando Obama llegó al poder en 2009, él y Clinton intentaron crear una división entre Putin y Dimitri Medvedev, el entonces presidente de Rusia. Fracasaron. En 2011, Clinton respaldó a los manifestantes en Moscú contra la elección presidencial presuntamente manipulada por Putin. ¿Qué venganza más dulce que entrometerse en las elecciones estadounidenses?
Con cierta razón, muchos estadounidenses creen que su sistema político ha sido secuestrado por los ricos y poderosos. Eso explica por qué tantos votantes están apostando desesperadamente a Trump. Pero su caballo probablemente no gane. Mientras tanto, Putin está disfrutando de un lucrativo día en el hipódromo.

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