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Putin generó un nuevo equilibrio de poder en Medio Oriente

Rusia e Irán, junto a Turquía lograron varios objetivos. Desilusionados con el rol de Estados Unidos, los países de la zona buscaron nuevas alianzas

Alepo fue recuperada por Al-Assad gracias al aporte decisivo de Rusia

Alepo fue recuperada por Al-Assad gracias al aporte decisivo de Rusia

Funcionarios de Rusia, Irán y Turquía se pavoneaban a principios de mes antes de una reunión trilateral en Moscú, para discutir sobre la situación de Siria tras la caída de Alepo. ¿Invitaban a sus homólogos estadounidenses? No. En un debate de la realpolitik no hay lugar para los desidiosos panglosianos que, además, arruinarían el triunfo de Rusia e Irán mientras disfrutan de la destrucción de la rebelde Alepo y la recuperación de un estado minoritario por parte de Bashar al-Assad, su cliente sirio.

Turquía, para ser justos, se centró más en la realpolitik que en el triunfalismo. Ankara tuvo que renunciar a su apoyo a los rebeldes sunitas tratando de derrocar al régimen de Assad y avanzar hacia Rusia e Irán para evitar que los combatientes sirios kurdos aliados con insurgentes kurdos turcos consoliden una entidad autónoma a lo largo de sus fronteras.
En su camino hacia 2017, Rusia e Irán pueden considerar que tuvieron un buen año derrotando a sus adversarios de Medio Oriente, y que Occidente y sus aliados de la región, están en un desorden aprovechable. El Kremlin parece estar saliéndose con la suya con su intervención cibernética en las elecciones estadounidenses. Está teniendo cierto éxito en dividir Europa y erigir un polo democrático antiliberal dentro de la UE. Y el presidente Putin tiene un nuevo admirador en la persona del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

El presidente Erdogan de Turquía y Abdel Fattah al-Sisi de Egipto, ya son seguidores de Putin. Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, se ganó al líder ruso. Mohammed bin Salman, el joven vicepríncipe heredero de facto de Arabia Saudita, desarrolló lo que un funcionario árabe denomina "una relación funcional" con Putin.
Dispépticos sobre la debilidad constatada del gobierno de Barack Obama, desilusionados con la Unión Europea, estos pilares occidentales en Medio Oriente son frágiles.

Después del caos de los gobiernos derrocados en 2011 y 2013, Egipto se transformó en un endurecido estado de seguridad. Bajo el gobierno de Sisi, las políticas se divorcian de la política y entran en cortocircuito por los servicios de seguridad. La economía de Egipto quedó vulnerable después del conflicto con Arabia Saudita, su principal patrocinador financiero. Entretanto, Turquía, aliada de la OTAN, está virando hacia el este, mientras Erdogan somete a sus instituciones a ensayos de destrucción en las purgas que siguieron al fracasado golpe de julio y sus medidas encaminadas a la autocracia. En ambos países, las cárceles están llenas.

Israel parece dispuesto a poner fin a todas las conversaciones sobre un estado palestino independiente, y posiblemente anexar no solo los asentamientos judíos sino la mayor parte de la Cisjordania ocupada, aprovechando el nombramiento de Trump de asesores partidarios de la colonización. Sin embargo, las últimas declaraciones de Obama, absteniéndose en la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en la que se condenan los asentamientos, y la reiteración por el Secretario de Estado John Kerry del apoyo estadounidense a los derechos de los palestinos, así como a la seguridad de Israel, recuerdan que la mayor parte del mundo considera la colonización israelí Palestina como ilegal.

El plan del príncipe Mohammed para reformar Arabia Saudita y apartarlo del petróleo camina en la dirección contraria. Pero fallará a menos que Mohammed le niegue el control de la educación a los clérigos wahabíes que inyectan el fanatismo en el mundo musulmán.

Shia Irán, el rival regional de la Arabia Saudita sunita, parecería estar sobre ruedas. La victoria en Alepo consolidó su eje árabe chiíta desde Bagdad hasta Beirut. Pero Trump tiene a Teherán en la mira. Amenazó con romper o hacer inviable el acuerdo nuclear que Irán alcanzó con Estados Unidos y cinco potencias mundiales, incluida Rusia. Eso fortalecería a los extremistas de Irán y su aventurerismo, y fomentaría el conflicto dentro del Islam que enmarca y desfigura a Medio Oriente, entre supremacistas chiítas y sunitas, con coartadas que se refuerzan mutuamente para sus yihads.

El autoproclamado califato del Estado Islámico de Irak y Siria probablemente caiga en 2017. Pero después de perder Mosul y, en última instancia, Raqqa, Isis recurrirá a la insurgencia local y al terrorismo internacional. Alepo está precipitando a los sunitas hacia el extremismo desesperado, también.

ISIS y al-Qaeda todavía tienen mucho a su favor: los Assad siguen vigentes, junto con regímenes respaldados por los chiítas de Bagdad y Beirut; Estados Unidos, Rusia, Turquía e Irán, como agentes de reclutamiento; un vacío institucional y estados en ruinas; y su reemplazo por paramilitares y caudillos. Luego llegará un gobierno de Trump de instintos enfáticos, prejuicios inquebrantables, pero rumbo incierto.

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Comentarios1
Carlos Miranda
Carlos Miranda 30/12/2016 05:26:46

Otro comentario lleno de ideas preconcebidas y ataques peyorativos. Parece escrito por un resentido.