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Preocupa a Estados Unidos que Gran Bretaña abandone la UE

Las élites políticas norteamericanas observan que existe un fuerte paralelismo entre los defensores del "Brexit" y los seguidores de Donald Trump

¿Por qué a EE.UU. le preocupa tanto el Brexit, la posible salida de Gran Bretaña de la Unión Europea? Vale la pena recordar que nunca un presidente estadounidense ha visitado a un aliado democrático para influir en una elección. Y hasta ahora nunca se había visto que 13 ex secretarios de Estado norteamericanos se arriesgaran a enviar cartas a votantes en el extranjero con el mismo motivo. Y no olvidemos a los ocho ex secretarios del Tesoro y a los cinco ex comandantes supremos de la OTAN que también lo hicieron. EE.UU. no sólo ha infringido su propia regla de no interferir con el Brexit, sino que la hizo añicos. Si no supiéramos tanto, pensaríamos que el Reino Unido tiene especial importancia en el porvenir del mundo.
Por más seductora que sea esta idea, hay un tema local que puede resumirse en dos palabras: Donald Trump. Si los británicos son lo suficientemente insensatos para abandonar Europa, entonces es muy posible que los estadounidenses sean lo suficientemente locos para elegir a Trump como su nuevo presidente.
Por supuesto, nadie afirmaría que hay un vínculo entre lo que puede suceder en Gran Bretaña el 23 de junio y las elecciones presidenciales estadounidense en noviembre. La mayoría de los votantes en EE.UU. nunca oyeron hablar del Brexit y si acaso hubieran escuchado algo, es posible que no tengan una opinión al respecto.
Sin embargo ese paralelismo ha comenzado a preocupar a las élites políticas en EE.UU. De la misma manera en que la industria de la música norteamericana hace pruebas de productos en el mercado británico, o las productoras de programas de televisión simplemente toman prestado lo que funciona en Gran Bretaña, el referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la UE se ha convertido en una prueba de la salud de la democracia occidental. De hecho, las tendencias políticas de EE.UU. y del Reino Unido se han influenciado entre sí en las últimas décadas. Margaret Thatcher comenzó su mandato en 1979, el año antes de que Ronald Reagan fuera electo presidente de EE.UU. En 1992, los "Nuevos Demócratas" de Bill Clinton prepararon el camino para el "Nuevo Partido Laboral" de Tony Blair cinco años más tarde.
El paralelismo demográfico entre los defensores del Brexit y los seguidores de Trump no se puede ignorar. Sus motivos son igualmente simplistas. Abandonar Europa es para los defensores de Brexit lo que el muro de México es para los seguidores de Trump: una guillotina para acabar con el multiculturalismo cacofónico del siglo XXI. Visto desde un punto de vista empírico, el bello muro de Trump es igual al "espléndido aislamiento" de Boris Johnson, uno de los mayores defensores del Brexit. Sin embargo, desde un punto de vista poético, ambos ofrecen una clara solución a las alienaciones de la sociedad posmoderna.
Tanto EE.UU. como Gran Bretaña dependen de la retórica engañosa de sus líderes. Johnson quiere liberar al Reino Unido de una red ficticia de regulaciones europeas. Trump insiste en que sólo se opone a los latinos indocumentados. Los latinos legales son supuestamente bienvenidos. El verdadero atractivo de estos líderes está basado en el populismo nacionalista. Ambos pueden destacar de forma legítima la hipocresía de sus rivales elitistas. Cameron prometió limitar la inmigración neta en el Reino Unido a 100.000 personas al año, una promesa que no ha cumplido. Varias administraciones estadounidenses han prometido reforzar las fronteras de EE.UU. antes de ofrecerles amnistía a los indocumentados. En su visita al Reino Unido en abril, Barak Obama dio un discurso elocuente sobre el papel de Gran Bretaña en Europa. Les recordó a los británicos que la visión de una Europa unida fue concebida por Churchill como una medida para evitar una repetición de las dos guerras más sangrientas de la humanidad.
El primer ministro británico no podía presentar ese argumento positivo ya que había denigrado a Europa durante demasiado tiempo y validado las preocupaciones de aquellos que se oponen a la inmigración. Por eso le pidió a Obama que lo hiciera en su lugar.
Los motivos de Obama van más allá de ayudar a un amigo. Las élites de Washington tienen razón para temer que un posible Brexit pueda provocar una reacción en cadena que podría culminar en la desintegración de la UE. Eso a su vez, podría derivar en el derrumbe de la alianza transatlántica. El poder global de EE.UU. siempre ha sido magnificado por la solidez de sus alianzas. El aislamiento voluntario del aliado europeo más cercano a Norteamérica podría iniciar la gran aniquilación de las alianzas.
En este escenario también se siente la influencia de Trump. Por primera vez desde que se formó la OTAN, EE.UU. tiene un candidato presidencial que muestra total indiferencia frente al posible muerte de esta alianza militar. Además, Trump es el único político estadounidense que ha apoyado el Brexit. Pero su desinterés de Trump cristaliza los temores de Washington. Hay momentos en la historia en que los cimientos de nuestras convicciones comienzan a desmoronarse. ¿Será 2016 uno de esos momentos?