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Por qué las tasas de interés negativas a veces dan su fruto

Si bien el debate resulta cada vez más apasionado, la eficacia de tales políticas depende de cada economía. La manera en que se financian los bancos, la incidencia de las pensiones privadas y la solidez de las monedas nacionales son determinantes

Por qué las tasas de interés negativas a veces dan su fruto

Cuando los altos funcionarios del Banco Central Europeo (BCE) se reunieron en Francfort la semana pasada, se enfrentaron a un dilema que este verano boreal no hizo más que complicar.

Los altos ejecutivos de los bancos de Alemania y otros países están indignados con la política monetaria ultra blanda del BCE, porque las tasas de interés negativas mayormente hicieron añicos los márgenes de ganancia de muchas instituciones.

Pero la mediocre recuperación también llevó a importantes economías a rogar a la autoridad monetaria de la Eurozona -y a sus pares de otros países- para que continúen con sus acciones, y no para que las detengan.
Un informe elaborado recientemente por el Centro Internacional para los Estudios Monetarios y Bancarios y por el Centro para la Investigación de Política Económica concluyó que las tasas de interés deberían caer aún más por debajo de cero y que tendrían ampliarse las compras de activos.

"Cualquier efecto secundario será manejable y no será de una magnitud que justifique la timidez", señala el estudio, conocido como informe Ginebra y redactado por cuatro experimentados economistas.

Si bien el debate entre los defensores y enemigos de las tasas negativas cada vez es más apasionante, en la práctica la eficacia de tales políticas a menudo depende de las características de cada economía en particular.
Tienen especial importancia varios factores como la manera en que se financian los bancos, la incidencia de las pensiones privadas, la solidez de las monedas nacionales y el uso de alternativas al dinero en efectivo.

Depende de esas variables que las tasas de interés negativas tengan o no impacto en la economía general. Y ayudan a explicar las diferencias entre las siete regiones que probaron con esa política desde 2012: Dinamarca, la Eurozona, Suiza, Suecia, Bulgaria, Japón y, más recientemente, Hungría.

En Dinamarca, por ejemplo, algunos propietarios de inmuebles todos los meses reciben -en vez de pagar- intereses sobre sus créditos hipotecarios, mientras que en la Eurozona el estímulo para los consumidores comunes ha sido mucho menor. Y si bien las tasas negativas debilitaron a la corona sueca, lo que aumentó el atractivo de sus exportaciones, no hubo un efecto comparable en Japón.

A los bancos les resulta más difícil trasladar los recortes de tasas a los tomadores de préstamos en países donde dependen en gran medida de los depósitos minoristas para financiarse. Si las instituciones financieras quieren bajar las tasas que les cobran a los tomadores de crédito sin reducir sus márgenes de ganancia, deben también disminuir las tasas de interés que pagan a los depositantes, o encontrar otra manera de elevar sus ingresos.

Algunos bancos que operan en países como Irlanda, Dinamarca y Suiza empezaron a cobrar a las compañías para mantener los depósitos, pero la mayoría se muestra menos dispuesta a hacer lo mismo con los individuos -quizás porque tienen miedo de perder clientes. En Japón, se ha sugerido que tales cargos podrían ser ilegales.
Los bancos en Alemania, Italia, Portugal y España dependen fuertemente de los depósitos minoristas. Pero las instituciones en Francia y Holanda tienen fuentes más variadas de crédito mientras que en los bancos nórdicos los depósitos representan una porción muy pequeña de su financiación.

El BCE está buscando mitigar el problema a través de préstamos baratos a los bancos comerciales por 27.000 millones de euros, con su programa de operaciones de financiación a más largo plazo conocido como TLTRO (Targeted Longer-Term Refinancing Operations) o Préstamos Condicionados a Largo Plazo.

Otro inconveniente es que las tasas de interés negativas, o extremadamente bajas, hacen más difícil la acumulación de los activos necesarios para cubrir los ingresos destinados a jubilaciones privadas. Eso puede, perversamente, llevar a la gente o a sus empleadores a ahorrar, en vez de gastar más.

Esa es una gran preocupación en el Reino Unido, donde el presidente del Banco de Inglaterra Mark Carney asegura "no ser un fanático" de las tasas negativas, y mucha gente depende de las pensiones privadas para sus ingresos jubilatorios. Pero en la mayor parte de Europa continental, las pensiones todavía las paga el Estado a través de programas de reparto.

Guntram Wolff, director de Bruegel, un think tank de Bruselas, sostiene que en esos países uno "casi esperaría exactamente lo opuesto" del efecto que se observa en el Reino Unido. La política monetaria blanda que impulsa la economía y el empleo debería permitir que sea más fácil sostener los sistemas jubilatorios de reparto, brindando así tranquilidad a la gente sobre su futuro haber jubilatorio. En Alemania, cerca de dos terceras partes del ingreso jubilatorio lo paga el Estado.

Las tasas de interés negativas también pueden causar una depreciación cambiaria, subiendo la inflación importada y la demanda de exportaciones. Dinamarca y Suecia se beneficiaron de esta manera cuando bajaron las tasas de interés. Pero la historia fue distinta para Japón. El yen sigue siendo considerado un refugio, ya que atrae extranjeros pese a las tasa de interés negativas.

Hay un último factor que determina en gran medida el éxito o fracaso de las tasas de interés negativas: los billetes y las monedas.

Mientras la gente tenga acceso al dinero en efectivo, puede evitar las tasas de interés negativas, lo que limita el margen que tienen los bancos centrales para recortar mucho más las tasas de interés.

Pero la importancia del dinero en efectivo varía según el país. En Suecia, donde se considera que las tasas negativas han tenido relativamente éxito, se utilizan muy pocos billetes comparado con otras economías. El costo de guardar dinero en efectivo es menor en la Eurozona y en Suiza. En ambos países hay billetes de muy alta denominación -500 euros y 1.000 francos suizos.

Los autores del informe Ginebra aseguran que las economías evolucionan, y hasta puede atenuarse esta limitación a la eficacia de las tasas negativas.

"Una abrupta abolición del dinero en efectivo no es ni práctica ni políticamente realista, pero algún día podríamos vivir en economías sin billetes," escribieron. "Si dejara de existir el efectivo los bancos centrales podrían colocar las tasas de interés nominales en niveles tan negativos como lo consideren necesario para estimular la recuperación económica" tras períodos de recesión.