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Perdón fiscal a España genera chispas en la UE

España y Portugal están liberados, al menos por el momento. Para no alimentar el resentimiento público contra la austeridad en vísperas de las próximas elecciones españolas, la Comisión Europea otorgó a ambos países un año más para ajustar sus déficits presupuestarios dentro de los límites de la UE, y demoró la decisión sobre si multarlos por no cumplir con las normas fiscales del bloque.

Es lo correcto para la economía europea. La recuperación de España, que salió de las profundidades de la recesión, es uno de los aspectos más alentadores de la reciente aceleración del crecimiento de la eurozona. Su continua expansión superará a todas las economías grandes del bloque, salvo Irlanda, este año y el próximo, según los últimos pronósticos de la comisión. Sin embargo, la situación es frágil, con más del 20% de los trabajadores aún desempleados y sin señales de cómo se resolverá el estancamiento político del país. No tendría sentido aplicar un ajuste fiscal que pueda detener la recuperación, y entonces enojar a la gente que históricamente estuvo a favor de la integración europea.

Además, las normas presupuestarias que parecían razonables en un principio quizás ya no sean apropiadas en un escenario de tasas de interés cercanas a cero en el futuro inmediato. El límite de déficit de 3% es arbitrario. Italia, España y Portugal están en condiciones de tomar crédito a un costo muy inferior y a vencimientos mayores de lo que antes se imaginaba.

El requisito de tener un presupuesto estructural equilibrado genera problemas. La experiencia desde la crisis global financiera demostró el valor que tienen los déficits fiscales elevados en tiempos difíciles para impulsar el crecimiento, lo que de nuevo, finalmente hará que sea sustentable un nivel de deuda mayor.
El pacto de estabilidad y crecimiento también presta poca atención a la postura fiscal general de la eurozona, si bien parte del problema es que la excesiva disciplina presupuestaria en Alemania hizo que sea demasiado dura. Algunos economistas de HSBC afirman que la asimetría de las normas está bajando la inflación. Eso debería hacer accesible un mayor nivel de deuda.

Todo esto sugiere que la comisión hace bien en tomar un enfoque pragmático, en un momento en que el crecimiento débil está mermando la confianza en el proyecto europeo.
Sin embargo, la decisión abiertamente política reforzará temores -particularmente en Alemania- sobre la integridad de un marco fiscal que supuestamente fue ajustado para evitar una repetición de la crisis de deuda en la eurozona. Estas normas quizás eran descabelladas, pero la repetida imposibilidad de aplicarlas está alimentando la creencia entre los alemanes de que la eurozona está consintiendo a deudores despilfarradores, y que les pedirán a ellos que paguen la cuenta.

Aunque la comisión pueda posponer la decisión inmediata sobre si multar a los incumplidores, no puede evitar indefinidamente las arraigadas divisiones ideológicas. Pero será más fácil conciliar las visiones opuestas si la eurozona genera primero el crecimiento necesario para que las deudas sean sostenibles. Ojalá que la prórroga que la comisión otorgó a España y Portugal acelere eso.

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