Para los nacionalistas, Soros se convirtió en el villano perfecto

George Soros, el multimillonario inversor y filántropo, tuvo un año muy ocupado. Desde principios de 2017, fingió un ataque químico en Siria, financió marchas anti-Trump en Washington, diseñó el "plan de Soros" para inundar Hungría de refugiados, forzó un cambio de gobierno en Macedonia, debilitó al primer ministro israelí y consiguió que varios ayudantes clave de la Casa Blanca fueran despedidos. No está mal para un hombre de 87 años.

Todas éstas son, por supuesto, teorías conspirativas. Pero el hecho de que hayan surgido este año y todas ellas lleven el nombre de Soros no es sólo una curiosidad. Refleja algo importante y preocupante sobre la política global.

En la década de 1990, Soros estaba en sintonía con el espíritu de la época, utilizaba los miles de millones que había ganado en el sector financiero para apoyar la transición a la democracia en la Europa postcomunista y en otros lugares. Pero ahora el clima político global ha cambiado y las ideas liberales están en retirada. Para una nueva generación de nacionalistas desde en EE.UU. hasta en Rusia y Hungría, Soros se ha convertido en el villano perfecto. Es un internacionalista en una época de nacionalismo. Es partidario de los derechos individuales, no de los derechos colectivos. Ocupa el 29º lugar en el ranking de hombres más ricos del mundo, según Forbes. Y también es judío, por lo que fácilmente puede ser el elegido para el papel de financista internacional sombrío y manipulador, una vez reservado para los Rothschild.

Una de las narraciones más desagradables de la propaganda anti-Soros lo vinculó explícitamente a los viejos insultos contra los Rothschild. En 1989, uno de los beneficiarios de una beca Soros para estudiar en Oxford era un joven activista húngaro llamado Viktor Orban. Hoy, el mismo Orban es primer ministro de Hungría y demoniza a su benefactor. El líder húngaro denunció un supuesto "plan de Soros" para inundar a Hungría de musulmanes y convirtió eso en parte central de su campaña de reelección. No existe tal plan. Lo que sí es cierto es que Soros ha respaldado generosamente a las organizaciones benéficas de refugiados y también apoya el plan de la UE para reubicar a los refugiados. Esa fue excusa suficiente para que Orban empapelara el país con carteles con una imagen del sonriente Soros, con el mensaje: "No dejes que Soros tenga la última palabra".

La demonización de Soros en Hungría, donde nació, no es un caso aislado. En el último año, fue denunciado por líderes políticos de Macedonia, Polonia, Rumania y Turquía, y todos sostienen que está conspirando contra de ellos.

La paranoica derecha de Norteamérica también produce material anti-Soros. Ya en 2007, denunciaron a Soros en Fox News como el "Dr Mal de los cimientos de la izquierda" Los orígenes del odio a Soros en EE.UU. se remontan a cuando se opuso a la guerra de Irak. Su apoyo a las causas liberales en Norteamérica, y a las instituciones internacionales como la ONU, mantiene en ebullición la olla de la extrema derecha.

Algunos líderes fuertes tienen razones más concretas para temer a la Open Society Foundation de Soros, que financia a organizaciones que promueven la educación, libertad de prensa, e iniciativas anticorrupción.

Los teóricos de la conspiración tienen una explicación para todo. Por lo tanto, el hecho de que el Financial Times publique una columna defendiendo a Soros simplemente será considerado como una prueba más de su perversa influencia. Quiero aclarar que nunca conversé con él en forma privada. No es mi amigo pero no dudo en aplaudir su filantropía. El hecho de que incluso necesite ser defendida dice algo triste sobre los tiempos que vivimos.

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