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Para evadir impuestos los franceses ricos huyen a Bélgica

Durante décadas, los servicios de Thierry Afschrift como experto en ley tributaria se encontraban entre los secretos mejor guardados de la elite acaudalada de Bélgica. Su nombre se transmitía discretamente entre los terratenientes y los industrialistas de los arbolados suburbios de Bruselas que buscaban protegerse de las complejas leyes impositivas del reino.


Pero en los últimos cinco meses, los teléfonos de Afschrift no han dejado de sonar. Lo llaman clientes totalmente diferentes: ricos franceses que quieren crear fundaciones privadas en Bélgica para proteger las fortunas familiares de los impuestos fijados por el presidente de Francia, François Hollande.


“Tenemos a muchas personas que vienen todos los días para preguntar cómo se arman las fundaciones”, contó Afschrift. Otros abogados especialistas en cuestiones tributarias dicen que reciben en promedio diez llamados diarios desde Francia.


Afschrift lo llama el “efecto Arnault”, por el francés Bernard Arnault, dueño de LVMH y el hombre más rico de Europa, que el año pasado solicitó a la nacionalidad belga después de que Hollande ganó las elecciones en mayo.


La jugada de Arnault, y las consultas que hizo el actor francés Gérard Depardieu para solicitar la residencia belga, iluminó a los miles de franceses adinerados que buscan trasladarse a Bélgica desde el triunfo de Hollande, pero también por los beneficios tributarios para las fundaciones.


En el bucólico barrio de Uccle, al sur de Bruselas, las inscripciones francesas más que se duplicaron el año pasado a 1.200, según las autoridades locales.


Los abogados tributarios en Bruselas señalan que la atención puesta en sus vecinos franceses que levantan campamento oculta una tendencia mayor: hay muchos galos ricos que no buscan mudarse allí, sino que quieren utilizar un tecnicismo menos conocido que estaría empleando Arnault.


En diciembre de 2008, antes que asumiera el poder el gobierno socialista de Francia, Arnault (que es propietario del 47% del capital de LVMH a través de un holding familiar) creó una fundación privada en Bélgica para algunos de esos activos, con el fin de proteger su imperio de una escisión posterior a su muerte.


Este tipo de fundación privada no está permitida en Francia. Además, la ley belga fija un impuesto a la herencia mucho más bajo.


La clave de la ley es que le permite entregar todos los activos a sus hijos en carácter de donación, que está gravada con un 3%, comparado con el 45% del impuesto a la herencia en Francia.
Además, en Bélgica no existe el impuesto anual a la riqueza.