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Panamá trata de mantener la calma en pleno escándalo

El gobierno del país centroamericano y las empresas allí radicadas esperan que la filtración de los "Panama Papers" sólo sirva para mejorar las normas y reforzar la transparencia y no afecten los negocios

¿Pánico? ¿Qué pánico? Ramón Fonseca, cofundador del estudio jurídico en la mira por el escándalo de los Panama Papers admite que ha sido una semana "mentalmente agotadora". Pero en su escritorio en las sencillas oficinas que son la sede principal del mayorista de empresas offshore más grande de Panamá, se encuentra una copia del libro chino Tao Te Ching.
Colegas de una industria que ayudó a la nación centroamericana a hacerse una fama de corrupción comparten su visión filosófica.
"En este momento, no hay ningún pánico", afirma Belisario Porras, presidente de la Asociación de Derecho Marítimo de Panamá. La industria naviera de Panamá, clave para un país que posee uno de los corredores marítimos más importantes del mundo, depende de la venta de embarcaciones por parte de vehículos offshore y Porras estima que esto no cambiará en el futuro próximo.
Tampoco considera que la salida a la luz de 11,5 millones de documentos de Mossack Fonseca -una descarga de datos sensacionalista que trajo vergüenza a gobiernos y figuras públicas de todo el mundo en la última semana- como el comienzo del fin para el sitio que ocupa Panamá en el firmamento de las finanzas offshore.
Sin embargo, los abogados que se dedican a la constitución de empresas offshore se preparan para un refuerzo de las normas aun que, según predice Fonseca, el escándalo se desate "como una tormenta tropical" dejando el "cielo azul y el olor a humedad en el aire".
Panamá, cuyo gobierno está reforzando los pasos que ha dado para correr el velo de la reserva que rodea a las negociaciones offshore, y en la compañía selecta de Bahrain, Nauru y Vanuatu, se niega automáticamente a compartir información fiscal: algo que, según la OCDE, no dejará a los evasores lugar donde ocultarse.
Aun así, algunos panameños objetan la noción de una Panamá recalcitrante. Felipe Chapman, presidente de Indesa, una firma de servicios de asesoramiento e investigación financieros, considera que la postura de la OCDE es "extremadamente injusta" y una negación "obstinada" a ver el progreso de Panamá.
"Los pasos [hacia una mayor transparencia] no son saltos cualitativos, pero tampoco son pequeños pasos. Son pasos respetables en la dirección correcta", sostiene.
Porras considera que el escándalo de los Panama Papers llevará, en el mediano plazo, a más tratados de intercambio de información, y en el largo plazo, a normas contables más estrictas: por ejemplo, el requisito de que las empresas offshore presenten balances anuales.
Esto está muy lejos de cómo operaba el sector en los comienzos. En la anarquía de la década de 1980, cuando Panamá estaba bajo el control de Manuel Noriega -un dictador que luego recibió una condena por tráfico de drogas, fraude y lavado de dinero y que actualmente a sus 82 años sigue en la cárcel- el negocio de las empresas offshore floreció lejos de cualquier posibilidad de control.
"No tenía ningún reparo... Tratabas con personas aparentemente limpias", afirma el socio de Fonseca nacido en Baviera, Jürgen Mossack, cuyo padre nazi trasladó la familia a Panamá en la década de 1960. "En retrospectiva, se pueden hacer muchas cosas. Tal vez se podría haber hecho más para verificar antecedentes, pero técnicamente no era posible. En ese entonces no había Internet".
Mossack llegó a especializarse en vehículos offshore tras darse cuenta de que, si bien otros servicios legales pagaban más, había que conseguir a los clientes uno por uno. Gracias a los contactos que hizo mientras trabajaba en Londres a comienzos de su carrera, descubrió que era más rentable trabajar con bancos, estudios de abogados o contadores y sus listas de clientes estables.
Desde entonces hasta ahora, Mossack Fonseca creó empresas offshore -un negocio totalmente legítimo- pero sin trato directo con el cliente final.
"Teníamos una especie de garantía", sostiene Mossack, en referencia a la relación laboral con los bancos o empresas de servicios profesionales que les traían el negocio. "En aquel entonces, ni siquiera hubiese sabido qué significaba [diligencia debida]".
Algunos clientes tomaron la aplicación de normas de cumplimiento más estrictas "como un insulto", afirma Mossack. Por lo menos, la diligencia debida aumenta los costos en un negocio donde los honorarios por la creación de un vehículo offshore apenas rondan los u$s 350 a u$s 600. "Todavía es económico, pero no es lo que solía ser", agrega.
No es sorprendente, dada la proliferación de otros destinos offshore. Fonseca señala que algunos competidores mudaron las operaciones a Dakota del Sur o Nevada. Según Dan Mitchell, del Cato Institute, un grupo de expertos de corte liberal: "El único paraíso fiscal grande que sigue existiendo es Estados Unidos".
A los panameños les indigna que se los tilde del malo de la película cuando hay más firmas offshore que se establecen en jurisdicciones tales como las Islas Vírgenes Británicas o Estados Unidos.
Dulcidio de la Guardia, ministro de Economía, elogia las "leyes de vanguardia" de Panamá sobre lavado de dinero y transparencia.
Pero Ramón Arias, directivo del capítulo local de Transparencia Internacional, afirma que no hay lugar para la complacencia en un país donde el presidente de la corte suprema fue condenado el año pasado por corrupción.
Arias dijo que la fama de corrupción de Panamá fue "culpa nuestra… miramos hacia otro lado durante demasiado tiempo".
Y añade: "Espero que esto [los Panama Papers] sea una llamada de atención para el país. Todavía no lo veo."