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Oh qué circo, oh qué show, el drama argentino no ha llegado a su fin

Oh qué circo, oh qué show, el drama argentino no ha llegado a su fin

En vez de gobierno nosotros teníamos un escenario", grita Che Guevara en la opera rock Evita, "En vez de ideas, la ira de una prima donna". Disgustado por el régimen de Juan Perón y de su esposa Eva, que acababa de morir tras sufrir una dolorosa enfermedad, el futuro revolucionario se quejó, "en vez de ayuda nos dieron una multitud".

El espíritu del Che y de Evita perdura. El año pasado, Argentina no reeligió a los peronistas, cuyo gobierno más reciente estuvo liderado por Cristina Fernández. El nuevo gobierno, a cargo del presidente Mauricio Macri, esta semana finalmente arregló el litigio en Nueva York por un default de hace 15 años, al conseguir los fallos que necesitaba para poner fin a los juicios.

Eso significa que Argentina puede volver a los mercados internacionales y captar dinero mediante emisión de bonos. Eso sucederá la semana próxima y la nueva administración expone sus argumentos usando el encanto como táctica. Oh qué circo.

En un momento en que el dinero empieza a fluir una vez más hacia los fondos de deuda del mercado emergente y en que la Argentina de alto rendimiento parece poderosamente atractiva, el país se las arregló para generar gran entusiasmo. También hay temas profundos que influyen.

La semana pasada entrevisté a Alfonso Prat-Gay, el nuevo ministro de Hacienda y Finanzas de Argentina durante el Consejo Atlántico. La tarea del nuevo gobierno, que heredó una economía desastrosa y no tiene mayorías en el Congreso, es desafiante e inspiradora. Es difícil no desearles lo mejor.

Perdura el enojo en los gestos populistas vacíos. Prat-Gay puso fin a la larga pelea del anterior gobierno con sus acreedores con un desprecio que recuerda el enojo de Che con Eva. La decisión de pelear el litigio, dijo, significó "u$s 120 millones de ahorros que no se quedaban, e inversiones que no venían" porque la Argentina se convirtió "en el único país en el mundo que pagaba en efectivo porque no había tarjeta de crédito a la que pudiéramos recurrir", expuso en el marco del Programa mundial empresarial y económico del Consejo Atlántico.

Agregó que Argentina perdió 2 millones de empleos "sólo porque un puñado de gente que conducía el país... pesaba que era mejor idea decir que no pagando estaban haciendo un bien al país".

Prat-Gay también criticó las caóticas estadísticas oficiales que tuvo Argentina durante el régimen Fernández. Nadie les creía. Fueron censuradas por el Fondo Monetario Internacional y el gobierno nuevo declaró el estado de "emergencia estadística nacional" mientras trata de arreglar el sistema.

Pero el destino del país está en manos de otros. Su gran vecino Brasil está en recesión, lo que hace bajar el crecimiento argentino. Y si bien la ausencia de Argentina en los mercados internacionales en cierta medida aisló el país del contagio financiero, una baja de su moneda -fácil de imaginar si el ánimo se vuelve en contra los mercados emergentes- generaría presión inflacionaria.

Eso es importante, porque la inflación es ahora el mayor problema de Argentina y de Prat-Gay. Queda claro que la inflación es demasiado elevada -el FMI estima que está cerca de 24%- y que las medidas del nuevo gobierno para abordar el déficit, como recortar subsidios, la han incrementado. El objetivo ahora es bajarla a una meta de entre 20% y 25% para fin de este año.

Si no se logra bajar la inflación, admitió Prat-Gay, hay probabilidades de que el gobierno pierda capital político y que no haga avances en las elecciones legislativas del año próximo; y por lo tanto, le será más difícil hacer las reformas estructurales más profundas -que tienden a ser altamente polémicas- tan necesarias para atraer inversión extranjera. El drama no ha terminado.

Es reparador que Prat-Gay no describa al país como una víctima de los mercados internacionales. Otros en la región sienten otra cosa -la frase "guerras de monedas" provino de un brasileño.

Pero el resto del mundo debería todavía reflexionar sobre su propio rol en la batalla legal que durante 15 años mantuvo Argentina. Un grupo de hedge funds norteamericanos se resistió a todos y cada uno de los planes para resolver el default, y el país efectivamente quedó sujeto a un juez de Nueva York.

Si bien Prat-Gay no pierde tiempo criticando a los fondos que la vieja administración llamó "buitres", la deuda nueva tendrá "cláusulas de acción colectiva", que establecen que en caso de cesación de pagos, si una mayoría suficiente de acreedores aceptan un acuerdo, el resto está obligada a hacer lo mismo.

Este enfoque contractual hacia la quiebra soberana tiene lógica. Las cláusulas están presentes en el contrato cuando se venden los bonos. Si no son del agrado de los acreedores, éstos no tienen que comprar los bonos, y Argentina tendrá que ofrecer un cupón mayor para atraer compradores.

Prat-Gay también sugiere otra cláusula. Los derechos a retener los bonos podrían estar limitados a aquellos inversores que tenían los bonos en el momento del default. Esa gente puede con razón reclamar que fue tratado injustamente y que perdió dinero.

Quienes recién compraron los bonos cuando los mismos ya estaban en default, con la esperanza de sacar una ganancia, no tienen ese derecho. Observando el caos que dejó la saga judicial de Argentina, eso suena como una idea que vale la pena explorar.

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Comentarios3
Ernesto Calvo Rodriguez
Ernesto Calvo Rodriguez 18/04/2016 01:23:36

John: many birds into your head. have you learn more about Argentina, man

Pablo Garcia
Pablo Garcia 18/04/2016 09:55:53

Siempre lo mismo con la derecha, los otros siempre hacen todo mal, pero si a Macri le va mal “el destino del país está en manos de otros” por lo que no es su culpa.

Javier Soria
Javier Soria 18/04/2016 09:28:07

sigue hundiendose el barco y ellos mirando la estala pasada, triste.