U$D

MIÉRCOLES 24/04/2019

Nadie asegura el éxito de la audaz jugada de la oposición en Venezuela

Juan Guaidó creó grandes esperanzas de cambio en el castigado país, pero el plan para poner fin al gobierno de Maduro podría conducir a graves conflictos

Nadie asegura el éxito de la audaz jugada de la oposición en Venezuela

El 23 de enero, Juan Guaidó se paró frente a decenas de miles de personas en el centro de Caracas, levantó su mano derecha y se declaró el presidente legítimo de Venezuela. Ese acto podría cambiar el curso de la historia de un país que viene sufriendo una muerte en cámara lenta.

Varios meses de diplomacia secreta, coordinada mediante mensajes encriptados para evitar ser detectada por los servicios de inteligencia del presidente Nicolás Maduro, habían conducido a ese momento puesto en escena con impecable simbolismo en el 61º aniversario de la transición del país de un gobierno militar a otro democrático.

Venezuela también había alcanzado su punto de quiebre. Su desastre económico produjo el éxodo de 3 millones de personas y se esperan que otros dos millones emigren este año.

Lo verdaderamente crucial fue que Guaidó logró unir a la hace tanto tiempo fragmentada oposición del país. "Guaidó es el hombre correcto, en el lugar correcto y en el momento correcto", dijo Sergio Dahbar, un escritor venezolano. "Pese a las divisiones internas, logró unir a la oposición y a la gente en las calles".

La audaz jugada de Guaidó representa la oportunidad más clara de poner fin a la dramática caída de Venezuela, que se aceleró desde que Maduro asumió en 2013 tras la muerte de Hugo Chávez, que la inflación llegó al 1.000.000% y que la economía se contrajo a la mitad en cinco años.

Sin embargo, si bien la atmósfera fue eléctrica cuando Guaidó, de 35 años e hijo de un piloto, subió al escenario y afirmó que Maduro era un "usurpador", su declaración fue también un salto a lo desconocido.

En el extranjero, Maduro aún cuenta con el respaldo de poderosos aliados internacionales: China, Rusia, Turquía y Cuba. Tampoco queda claro qué tan crucial será el apoyo que brindan los aliados internacionales de la oposición si Venezuela se convierte en un embrollo geopolítico al estilo guerra fría.

Esas incertidumbres, combinadas con la extrema presión de los acontecimientos, se vieron reflejadas en la respuesta que recibió la llamativa declaración de Guaidó. Mientras levantaba su mano para prestar juramento y pedía a la multitud hacer lo mismo, dos de sus colaboradores más cercanos los vicepresidentes de la Asamblea Nacional mantuvieron sus brazos bajos en señal de que brindan sólo un apoyo calificado al proyecto.

Según allegados a la situación, sus dudas se reducen a la falta de un factor crucial en los planes de Guaidó: la oposición no sabía si podía contar con las fuerzas armadas del país, cuyo respaldo es necesario para inclinar a su favor la balanza de poder.

En medio del atractivo residual que aún mantiene la fallida revolución socialista en algunos cuarteles, y de los intereses geopolíticos y los miles de millones de dólares en torno a sus reservas petroleras, es fácil perder de vista cómo la oposición se mantuvo firme en lo que considera un sendero constitucional hacia elecciones libres.

Maduro empezó su segundo mandato el 10 de enero después de que el año pasado ganó una votación en donde la oposición tuvo prohibido participar y sus principales líderes fueron arrestados y torturados. Considerada un fraude, la elección convirtió a Maduro en un gobernante ilegítimo a los ojos del mundo.

Dos semanas más tarde, Guaidó cumplió con la constitución de Venezuela, que dice que la cabeza del Congreso asume el poder temporario si la presidencia queda vacante. Al declararse presidente y pedir nuevas elecciones, Guaidó insiste en que su plan es legítimo, aunque Maduro lo catalogue como un golpe.

El desapego a la constitución por parte de Maduro explica también por qué el apoyo internacional, liderado por Washington, se depositó en Guaidó y su gobierno paralelo. Y EE.UU. la semana pasada sancionó a la compañía estatal PDVSA en lo que se convirtió en el peor golpe a la petrolera venezolana hasta la fecha.

Al declarar ilegal todo pago en dólares al gobierno de Maduro por petróleo venezolano, la administración Trump le puso un palo a las ruedas de la única industria importante que tiene el país. Según John Bolton, el asesor en seguridad nacional de Estados Unidos, la medida significará para Venezuela u$s 11.000 millones menos en ingresos este año.

El efecto fue inmediato. Las comercializadoras sostienen que la exportaciones de petróleo se redujeron a la mitad la semana pasada. Hay informes de que incluso Lukoil, la firma energética rusa, dejó de operar con petróleo venezolano por temor a las sanciones norteamericanas. Los precios globales del petróleo subieron, lo que contribuyó a que en enero se incrementaran 18%.

Sin embargo, todos se pregunta si este esfuerzo multilateral y las sanciones financieras producirán un cambio. Si bien éstas últimas contraerán más la economía y perjudicarán al pueblo venezolano, la oposición espera que debiliten el apoyo que el gobierno de Maduro les brinda a los militares para mantenerlos abordo. Con las sanciones a éstos también les será más difícil contrabandear nafta.

Al mismo tiempo, si la oposición ofrece una amnistía a los oficiales del ejército que han apoyado a Maduro, éstos tendrían un incentivo para saltar del barco. Aún así, es una estrategia altamente riesgosa esencialmente basada en la esperanza.

Es una situación que va cambiando rápidamente. El apoyo popular a Maduro sigue cayendo; ya hay protestas en barrios que tradicionalmente han sido pro gobierno.

James Bosworth, fundador de Hxagon, una consultora de riesgo, aseguró que hay una chance de 60% de que Maduro deje el poder en 2019. Un avión ruso en el aeropuerto Maiquetía cerca de Caracas dio lugar a especulaciones de que el presidente estaba cerca de dirigirse al exilio.

"Va a tomar un avión y probablemente vuele e Cuba", dijo a la BBC Heinz Dieterich, ex asesor de Hugo Chávez, el mentor de Maduro. "No hay salvación para Maduro. Los generales saben que tienen que sacrificarlo".

Y sin embargo, salvo la deserción de un enviado militar en Washington y una serie de otros oficiales, los militares hasta ahora aparentemente están con Maduro. La pregunta es cuál es el Plan B si el actual plan de la oposición no funciona.

Un escenario que aterroriza incluso a algunos de los gobiernos que apoyan a Guaidó sería que EE.UU. rompa el pacto multilateral e inicie una acción militar. Quizás una posibilidad más realista sea un desastre humanitario aún peor donde Maduro no cede y aumenta la represión.

Además, si los militares se empezaran a dividir, podría producirse un enfrentamiento que derive en una guerra civil. Más de 40 personas ya murieron tras dos semanas de agitación en las calles, con más de 800 arrestados.

Por ahora, la oposición está subido a una ola de esperanza, de que habrá un cambio en un país caótico que hace sólo 20 años era considerado rico.

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar

Más notas de tu interés