Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar
U$D
/
MERVAL

Mientras EE.UU. se mira el ombligo, Asia trabaja para imponer su modelo

La economía global enfrenta una pugna entre visiones económicas, el proteccionismo promovido por el presidente estadounidense y la apertura representada por los países asiáticos

Mientras EE.UU. se mira el ombligo, Asia trabaja para imponer su modelo

Donald Trump, el presidente de Estados Unidos afirma que "la protección llevará mayor prosperidad y fortaleza". Por el contrario, el presidente de China, Xi Jinping, insiste en que "debemos fomentar el comercio y la inversión, la liberalización y la simplificación mediante la apertura... y decirle no al proteccionismo". ¿Qué consecuencias podrá tener esta diferencia de opiniones en el futuro del comercio en que se basa el dinamismo de Asia?

Esta pregunta tiene trascendencia mundial. Hoy en día, la región asiática -este, sudeste y sur de Asia- contiene las economías más dinámicas del mundo, incluyendo los dos gigantes en ascenso, China e India (si bien India está bastante más atrás). El Fondo Monetario Internacional pronosticó que la participación de las economías emergentes asiáticas en la producción mundial (en paridad de poder adquisitivo) aumentará de apenas 9% del total en 1980 a 38% en 2021, solo ligeramente inferior a la de los países desarrollados.

El compromiso de Estados Unidos con el comercio liberal propició el marco en el que Asia prosperó. En todos los casos de rápido crecimiento económico de esta región, la expansión del comercio tuvo un rol central, mediante la explotación de la ventaja comparativa, las economías de escala, el acceso al know-how y una mayor competencia.

Los resultados fueron notables, especialmente en el caso de China. Su participación en las exportaciones mundiales aumentó de alrededor de 1% en 1981 a 4% en 2000 -justo antes de su ingreso en la Organización Mundial del Comercio en 2001- y 14% en 2015. Y el aumento de la participación de Asia en las exportaciones mundiales de bienes de 4% en 1981 a 21% en 2015. Por el contrario, la participación de Japón se redujo de 10% en 1993 a 4% en 2015. En términos generales, la participación de Asia en las exportaciones mundiales (incluyendo reexportaciones) alcanzó un 33% en 2015.

La OMC, establecida en 1995, y, antes que ella, el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (1947) establecieron el marco institucional principal del crecimiento del comercio de Asia.

El GATT fomentaba la liberalización del comercio mundial a través de ocho negociaciones multilaterales. La última negociación que se completó conforme al GATT fue la Ronda de Uruguay, acordada en 1994. La Ronda de Doha, lanzada en 2001 y la última de la OMC, aún no se completó.

A diferencia de Europa, los acuerdos comerciales regionales desempeñaron un papel modesto en el desarrollo del comercio asiático: la única excepción significativa es la ASEAN (la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático). Además, existe un acuerdo de comercio bilateral significativo entre Estados Unidos y Corea del Sur. Sin embargo, la ASEAN + 3, que incluye a China, Japón y Corea del Sur, es un organismo de coordinación, más que un acuerdo de comercio.

A pesar de ciertos indicios de recuperación, el ritmo del comercio mundial ha sido bastante más lento desde la crisis financiera. De 2012 a 2015, el crecimiento promedio del volumen de exportación de bienes y servicios de economías emergentes asiáticas fue de solo 4%, bastante por debajo del crecimiento promedio del PBI de la región y muy por debajo del crecimiento alcanzado antes de la crisis financiera de 2007-2008.

La economía mundial aún no empieza a desglobalizarse. Pero ya no se está globalizando. Si bien el proteccionismo aumentó, no parece ser la causa de la desaceleración del crecimiento del comercio mundial. La falta de liberalización parece ser más importante, al igual que el agotamiento de las oportunidades de separación de las cadenas de suministro más allá de las fronteras. Pero el FMI sostiene que una demanda débil -especialmente la inversión débil- es la causa principal de la desaceleración. Esto sugiere que el comercio podría repuntar, pero ese repunte también dependerá de la política comercial.

Mayormente en respuesta al auge económico y político de China, pero también en reconocimiento del fracaso de la liberalización dentro de la OMC, Barack Obama decidió fomentar un Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica liderado por Estados Unidos. El TPP (por su sigla en inglés) fue suscripto en febrero de 2016 por Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Vietnam y Estados Unidos, hasta que Trump decidió retirar a Estados Unidos del acuerdo el 23 de enero de 2017. (En abril, funcionarios afirmaron que Tokio quería continuar con el TPP sin Estados Unidos.)

El TPP excluyó deliberadamente a la superpotencia emergente, China; incluyó países provenientes de regiones distintas de Asia y el Pacífico; e introdujo una serie de cambios regulatorios. Los defensores estadounidenses de este acuerdo sostienen -y están en lo cierto- que estos cambios (muy controvertidos) exigen mucho más a sus socios que a Estados Unidos.

Michael Froman, el representante comercial que negoció el TPP, dejó bien en claro los objetivos del acuerdo. "La respuesta a este desafío [de China] es no permitir que China escriba las reglas del camino al comercio, sino que Estados Unidos se encargue de ello", afirmó en septiembre de 2016. "La respuesta es no permitir que China diseñe los mercados del futuro, sino establecer condiciones de igualdad y dar a los trabajadores y empresas estadounidenses la oportunidad de competir y ganar." Esto es representa el TPP.

Sin embargo, tanto Hillary Clinton como Trump se oponían al TPP. Trump retiró su apoyo al TPP apenas asumió, dejando en claro su intención de adoptar una política basada en acuerdos bilaterales, incluso un comercio equilibrado en términos bilaterales: una idea increíblemente primitiva en un mundo de comercio multilateral impulsado por el mercado. Parece estar decidido a reemplazar el multilateralismo con el bilateralismo, el liberalismo con el proteccionismo y la previsibilidad con la imprevisibilidad.

El retiro de Estados Unidos dio una oportunidad a China. El TPP incluye países que generan alrededor de 25% de las exportaciones mundiales de bienes. En lugar de ello, China está fomentando una Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por su sigla en inglés). La RCEP excluye a Estados Unidos y otros miembros del TPP del continente americano. Pero agrega a Camboya, la propia China, India, Indonesia, Corea del Sur, Laos, Myanmar, Filipinas y Tailandia.

Los miembros de la RCEP, entre los que se incluyen los dos estados más poblados del mundo, generan alrededor de 31% de las exportaciones mundiales y su PBI total es mayor que el del TPP. Si bien es menos ambiciosa que el acuerdo del que Trump decidió retirar a Estados Unidos, la RCEP podría sentar las bases de una futura zona de libre comercio de Asia y el Pacífico Occidental, cuyo centro sea China, y no Estados Unidos. Sin embargo, esto solo funcionará si China crea un amplio mercado abierto para otros países.

La iniciativa "Un cinturón, una carretera", lanzada en 2013, podría acelerar el surgimiento de tal mercado. Su propósito es utilizar el capital y las capacidades de organización de China para mejorar el suministro de infraestructura en Eurasia e incluso más allá. Si tiene éxito, esto aceleraría la integración económica, por mar y por tierra, en el marco de un sistema económico centrado en China. Las necesidades de infraestructura de la región Asia-Pacífico son tan grandes que China debería contribuir recursos adicionales.

El mundo, al igual que Asia, actualmente se encuentra en un equilibrio inestable entre la globalización y la desglobalización y entre el liderazgo de Estados Unidos y China.

Estados Unidos está dando la espalda a su rol de posguerra, que alguna vez fue un pilar del éxito económico de Asia. ¿El reemplazo será el caos y la confusión o un nuevo orden centrado en China? Los optimistas podrían considerar esta coyuntura una oportunidad. Los pesimistas pueden considerarla un peligro. En verdad, representa ambas cosas.

Más notas de tu interés

Comentarios1
Alejandro Fridman
Alejandro Fridman 15/05/2017 11:07:32

China sin Estados Unidos no existe, pero USA sin China si puede vivir perfectamente. De hecho China crecio gracias a la ayuda económica y política americana de los últimos 30 años. Veremos como se la arreglan los chinos sin el apoyo norteamericanp.