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Mercados brasileños oscilan entre el temor y la esperanza

Los economistas creen que un cambio de Gobierno permitirán reformas, pero que los cambios serán lentos. Temen que las peleas políticas se extiendan en el tiempo

Mercados brasileños oscilan entre el temor y la esperanza

A medida que se acerca el fin de semana, el ánimo en el distrito financiero de San Pablo es de euforia, sensación intermedia entre la gloria de una victoria en la Copa del Mundo, el alboroto del carnaval y, como dijo un contador: "la felicidad de que es viernes".

El domingo la cámara baja del Congreso de Brasil votará el pedido de juicio político a la presidenta Dilma Rousseff en un proceso que sus críticos esperan que sea el fin de la ex guerrillera marxista y de la larga pesadilla de los mercados.

Después de que más aliados del Partido de los Trabajadores (PT) abandonaron a Rousseff esta semana, muchos ahora creen que la oposición se asegurará la mayoría de dos tercios de los votos necesaria para destituirla, lo que llevará al Senado a hacer lo mismo.

El mes próximo Brasil podría quedar bajo la conducción de un gobierno de transición pro mercado encabezado por el vicepresidente Michel Temer. "Parece inevitable que ella caiga –el hecho de que hayamos llegado a este punto, de que sean muy elevadas las chances de su destitución, básicamente implica que el gobierno ya fue" dijo Fernando Goes, analista de la sociedad de bolsa Clear en San Pablo.

Paulo Teixeira, feroz defensor del PT en la cámara baja, fue uno de los tantos políticos que recurrieron a Twitter para expresarse. "El domingo será un día victorioso. Tendremos al menos 200 votos contra el impeachment. No habrá golpe. Habrá una pelea!"

El real de Brasil fue la moneda con mejor desempeño del primer trimestre de este año, según datos de Bloomberg, debido a que los inversores predicen la caída de Rousseff, uno de los presidente menos populares de la historia de Brasil.

Con los precios de los commodities también recuperándose, el índice de acciones del Bovespa está cotizando en su nivel más alto en diez meses.

Sin embargo, si bien los economistas acuerdan mayormente que la economía se beneficiará con la salida de Rousseff y el fin de sus políticas intervencionistas populistas que costaron a Brasil su calificación de investment grade, advierten que cualquier reforma será lenta y dolorosa.
También hay riesgo significativo de una crisis constitucional total si el PT no acepta la decisión del Congreso, aseguran.

Mientras tanto, si la cámara baja vota en contra del impeachment de Rousseff el domingo, el impacto en los mercados en esta etapa podría ser severo.

Temer ya expuso cómo planea rescatar a la mayor economía de Latinoamérica de lo que probablemente sea su peor recesión desde que hay registros en 1901. Lo hizo mediante un manifiesto dado a conocer en noviembre y llamado "Un puente al futuro".

En el documento, que parece una lista de deseos de los inversores, su partido PMDB propone formas de impulsar la inversión privada, recortar el gasto y reformar el inflado sistema de pensiones del país en un intento por revertir años de generosidad fiscal.

Se espera que empiece por abrir la industria petrolera local y también busque darle independencia formal al banco central. Arminio Fraga y Henrique Meirelles, ambos respetados ex presidentes de la entidad, se encontrarían entre sus principales candidatos para el cargo de ministro de Economía.

"Arreglar la economía es relativamente fácil", dijo Neil Shearing, economista jefe de mercados emergentes en Capital Economics. "Lo que se necesita es una política fiscal más ajustada, tasas de interés más bajas, una moneda débil y, eventualmente, reformas estructurales para elevar la inversión y el ahorro". aseguró.

El problema, tal como señaló el actual ministro de Finanzas Nelson Barbosa durante un discurso a banqueros la semana pasada, es lograr que el Congreso apruebe esas medidas.
"Cualquier estudiante de Economía puede elaborar esas propuestas... pero el desafío es conseguir el consenso político para aprobarlas, esa es la parte difícil", explicó.

Ese consenso no es imposible de conseguir. Para que la cámara baja vote a favor del impeachment de Rousseff, al menos 342 diputados de diversos partidos deben ponerse de acuerdo –un raro momento de unidad en Brasilia que podría capitalizarse para impulsar medidas de austeridad antipáticas.

Sin embargo, también hay motivo de escepticismo. En ausencia de un enemigo común, los diversos partidos pueden mostrarse menos dispuestos a cooperar.

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