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May buscar asegurar su mandato para negociar con Europa

Las esperanzas de que el referéndum del año pasado se diluya o que sea revocado desaparecieron definitivamente del horizonte político británico

May buscar asegurar su mandato para negociar con Europa

Para conocer a un líder, hay que ignorar su manifiesto y simplemente quitarle sus limitaciones. El poder se revela y el poder absoluto se revela absolutamente. Es una manera extrema de llegar a conocer a alguien, pero no demasiado extrema como para que los británicos lo intenten.

El 9 de junio, la mañana siguiente a las elecciones generales que anunció ayer, Theresa May podría ser la primera ministra más poderosa desde la Segunda Guerra Mundial. A Tony Blair lo frenó un silencioso ministro de Hacienda. Margaret Thatcher tuvo que lidiar con los sindicatos que aún importaban. May no tendrá molestias comparables y a decir por las encuestas, contará con una mayoría que reducirá al Parlamento a un visto bueno formal.

En las próximas siete semanas, May intentará y no logrará interesar a los medios en sus reformas locales. Esto es una campaña europea con otro nombre, la primera elección vinculada a un solo tema desde que en 1974 Edward Heath le pidió a los votantes que eligieran entre su mandato como primer ministro y el poder sindical. Y debería serlo: los términos de la salida de Gran Bretaña de la UE son más importantes para el futuro del país que cualquier política educativa o relajación fiscal.

La victoria de May podría comprar poca o ninguna influencia sobre la UE, que no puede permitir que los caprichos de la política nacional enturbie su interés en una salida dura para el Reino Unido. Sin embargo, el triunfo empujaría su horizonte político del 2020 al 2022.

Ahora ella puede contemplar tomarse más tiempo para la transición entre ser miembro y no serlo, incluso a expensas de continuar con el libre movimiento de europeos hacia Gran Bretaña y un aporte al presupuesto de la UE. Cualquier votante enojado tendrá que esperar años para castigarla, y para entonces ella quizás se haya retirado a una vida más agradable de caminatas rurales y recetas de Ottolenghi.

Una mayoría significativa también permitiría a May aprobar en el Parlamento las condiciones de salida que ella consiga. Además podría deshacerse de sus problemáticos colegas. La pregunta es de cuáles.

Algunos pro europeos asumen que el poder absoluto revelará a una gestora moderada, una primera ministra –que cuando se hizo el referéndum estaba a favor de seguir siendo parte de la UE– que trazará una salida suave ahora que los fanáticos a su derecha no pueden bloquearla en el parlamento. El desempeño de la libra esterlina ayer reflejó esta esperanza. Deutsche Bank revisó sus débiles expectativas de crecimiento en parte porque una elección "diluirá la influencia de los miembros del parlamento que presionan para que sea un Brexit duro".

El problema es que también diluirá la influencia de los miembros del parlamento para presionar por una salida suave o gradual. Neutralizará a John Redwood, de línea dura, pero sucederá lo mismo con Anna Soubry, la inagotable defensoras de la izquierda Tory. Suponer que May está más cerca de esta última sigue siendo un mito tan duradero como su supuesta indecisión. El poder podría revelar a una conservadora más auténtica de lo que creen los mercados. Es cierto que se espera que se oponga a una abrupta salida sin un acuerdo comercial o arreglo transicional, pero sería igual para casi cualquiera en su posición. No hay mucho a lo que aferrarse. No dice nada sobre los términos de la transición o el eventual grado de acceso a los mercados.

Un acuerdo muy muy malo podría tener peores consecuencias a largo plazo que si no se llegara a ningún acuerdo de ningún tipo –y, a partir de junio, será más fácil aprobar alguno–. Lo que realmente se desvaneció ayer no fue la posibilidad de una salida dura sino la chance de que se revierta o diluya el referéndum del año pasado.

Si hay un límite al poder de May después de junio, ése será Escocia. Quienes hicieron la exitosa campaña para mantener el Reino Unido en 2014 lo atribuyen en parte a la ventaja que mostraban los laboristas en las encuestas antes de las elecciones generales que se llevaban a cabo al siguiente año. Los escoceses que no quieren a los tories podrían votar a favor de la unión con la esperanza de que sólo serían gobernados por ellos durante unos meses más.