Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Maduro busca una solución para no caer en default

Es alentador que Caracas empiece a acercarse a sus acreedores, incluida China, para negociar un programa de "administración de pasivos"

Maduro busca una solución para no caer en default

Los bonos venezolanos, golpeados hasta alcanzar niveles dramáticos en los últimos meses, se recuperaron desde que hay esperanzas de que este año otra vez el país podría, apenas podría, evitar la cesación de pagos –algo que la mayor parte del mercado había llegado a considerar inevitable.


El repunte de los precios del petróleo (el crudo Brent subió 45% desde mediados de febrero) será de ayuda para las finanzas públicas. Y recientemente el gobierno ha introducido algunas reformas sensatas, aunque con demora, y ha tomado medidas para racionalizar su complejo régimen de divisas que distorsiona los incentivos económicos.


Pero la principal razón del renovado optimismo de los inversores es que el gobierno está dando muestras de un "compromiso casi de kamikaze para seguir cumpliendo con el servicio de sus préstamos internacionales", según palabras de Medley Global Advisors, un servicio de macro investigación propiedad de Financial Times.


Se trata de u$s 10.000 millones en pagos de bonos y otros u$s 6000 millones de préstamos chinos que vencen este año. Contra eso, este año Venezuela podría recibir sólo alrededor de u$s 22.000 millones por exportaciones de petróleo –prácticamente su única fuente de divisas– y debe gastar alrededor de u$s 4000 millones en importaciones relacionadas con el petróleo. Eso no le deja un gran colchón, sobre todo porque el gobierno ya agotó la mayor parte de sus reservas líquidas de divisas y las de oro.


Por lo tanto, es alentador que Caracas empiece a acercarse a sus acreedores, incluida China, con el objetivo de discutir un programa de "administración de pasivos‘ para posponer los pagos de bonos, o incluso potencialmente fijar una quita.


La clave está en que sería una reestructuración acordada en lugar de una medida unilateral por parte de Venezuela y que reduciría el riesgo de un default accidental. Y aunque será difícil negociarlo, tratar de alcanzar semejante acuerdo es una estrategia mucho más pragmática que esperar que más ventas de oro o un aumento de los precios del petróleo rescaten el país durante el segundo semestre.


Por supuesto, mucho puede salir mal y saldrá mal. Aunque los acreedores estén dispuestos a que se les pague con demora y hasta, potencialmente, que se les pague menos, la escasez de dólares es tan grave que el gobierno tendrá que restringir aún más las importaciones (no petroleras), que ya fueron reducidas un 25% el año pasado.


Eso sólo intensificará la actual recesión y la falta de artículos de consumo masivo, lo que podría provocar hiperinflación. Y como si esto fuera poco, el país está atravesando una sequía que está afectando la producción de alimentos y sufriendo un déficit en la generación eléctrica que puede derivar en apagones generalizados. La salud pública se está deteriorando y la violencia y las actividades criminales van en aumento.


En algún momento, seguramente todo esto provocará una explosión social que causará –al menos– la destitución del presidente Nicolás Maduro, algo que la cámara baja del parlamento, encabezada por la oposición, está intentando hacer por medios constitucionales.


Si la oposición lo logra, comenzaría a parecer posible que haya un pacífico traspaso del poder y un nuevo gobierno más ortodoxo empezaría rápidamente a reformar la economía, a reactivar el sector privado y a frenar el descenso de la producción de petróleo. Es cierto que esto podría obligar a una reestructuración de la deuda con los bonistas internacionales, pero al menos los valores de recuperación deberían mejorar.


La alternativa, que Maduro se aferre al poder hasta que sea destituido violentamente ya sea mediante las protestas en las calles o la intervención militar, es mucho peor tanto para Venezuela como para sus acreedores.

Más notas de tu interés

Comentarios0
No hay comentarios. Se el primero en comentar