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Lula y Dilma no bajarán los brazos fácilmente

La oposición sigue dos complejos caminos para sacar a Dilma Rousseff del cargo: el impeachment y la anulación de su mandato por parte del Tribunal Superior Electoral (TSE).
Según el proceso de impeachment, que podría empezar el mes próximo, un comité del Congreso prepara un informe que debe votar la cámara baja. Si se aprueba la petición por dos terceras partes de los votos, el Senado inicia el procedimiento formal de juicio político que podría durar 180 días. Rousseff estará suspendida durante las deliberaciones y asumirá Michel Temer, vicepresidente. Sólo podrá ser objeto del juicio político si lo decide una mayoría de dos terceras partes en el Senado.
El proceso de impeachment se centrará en una supuesta manipulación del presupuesto de 2014 que hizo Rousseff durante su primer mandato. Mientras tanto, en la acción ante el TSE se la acusa de haber financiado su campaña de reelección 2014 con dinero de la corrupción. Si bien el impeachment es un proceso político, el TSE es un procedimiento judicial que probablemente termine en la Corte Suprema. Ambos llevarán más tiempo de lo que podrían esperar los mercados.
"Si bien el control del poder por parte de Rousseff se ha debilitado sustancialmente, todavía está lejos de ser inevitable de que sea removida", señala un informe de Capital Economics.
Ni Lula ni Rousseff están dispuestos a darse por vencidos fácilmente. Después de su detención, Lula pidió a sus seguidores que tomaran las calles. Rousseff tampoco es débil. Cuando a su ministro de Comunicaciones Edinho Silva le preguntaron si ella sobrevivirá hasta el final de su mandato en 2018, contestó: "Gobernar es superar desafíos. Ella es una luchadora".