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SÁBADO 25/05/2019

Los trabajadores chinos se rebelan en contra de largas horas de trabajo

Los trabajadores chinos se rebelan en contra de largas horas de trabajo

Mi primera reacción a las protestas de los trabajadores tecnológicos chinos en relación con las largas horas de trabajo fue: qué curioso; la segunda: qué anticuado.

La campaña "anti-996" está poniendo en la lista negra a las compañías como Alibaba y JD.com donde afirma que son comunes los turnos de 9 a.m. a 9 p.m., seis días a la semana. Alibaba no hizo comentarios al respecto. JD.com dijo que no obligaba al personal a trabajar esas horas, pero alentaba a todos a "dedicarse completamente".

La protesta es curiosa porque, en las oficinas administrativas, ya sean estudios de abogados, empresas de software u organizaciones noticiosas, hace un tiempo, el estilo de vida "955" (9 a.m. a 5 p.m., cinco días a la semana) le dio paso a algo más flexible o, en la jerga actual, "ágil". Es anticuada porque las horas de trabajo fueron un punto crítico casi desde que los gerentes comenzaron a organizar a los trabajadores para obtener una mayor productividad hace 200 años.

El paquete de bienvenida que yo recibí cuando me uní al Financial Times (FT) en 1988 incluía la rígida instrucción de que debido a que el FT "depende del sistema telefónico para hacer gran parte de su trabajo diarioà no debe hacer ni recibir llamadas telefónicas personales mientras está en el trabajo". Los centros de llamadas aún imponen tales restricciones, por razones similares, pero en casi todos los demás lugares de trabajo, la idea de que un empleador pueda vigilar el cumplimiento de esa regla, y mucho menos extenderla para prohibir las compras en línea, los tuits y las reservaciones de vacaciones durante las horas de trabajo, parece absurda.

Por otro lado, las empresas también alientan al personal a que se "dedique completamente", utilizando los mismos dispositivos y herramientas en línea, mucho más allá de las horas contratadas. (Y esto es antes de considerar la forma en que la economía 'gig', o de trabajos independientes, trastoca los conceptos tradicionales de las horas laborales). Los empleadores también saben cómo garantizar la presencia de su personal, virtual o de otro tipo. Sólo hay que buscar en línea "marcar hora de entrada" y observar cuántas soluciones biométricas y soluciones basadas en sensores y en aplicaciones puedes encontrar para monitorear la asistencia.

Éstas son alternativas al antiguo sistema de tarjetas perforadas que, en sí, era una forma de regular el sistema iniciado por personas como Robert Owen, el sabio dueño de un molino, para garantizar un rudimentario equilibrio entre la vida laboral y la familiar a principios del siglo XIX.

Desde entonces, desde Karl Marx, a través de Henry Ford, hasta llegar a Dolly Parton, esta separación, tal vez arbitraria, evoluciona siempre en un vaivén de negociaciones entre el trabajo organizado, los jefes, los legisladores y los reguladores, hacia los horarios de nueve a cinco, cinco días a la semana que ya casi nadie actualmente disfruta.

Esta historia hace que las protestas chinas sean particularmente interesantes y provocativas. Los organizadores están reuniendo apoyo a través de un proyecto en GitHub, la plataforma de colaboración propiedad de Microsoft para programadores y desarrolladores. Se llama 996.icu (la última sigla significan 'unidad de cuidados intensivos' en inglés) porque, al trabajar esas horas, como lo explica la versión en inglés, "es posible que acabes en la Unidad de Cuidados Intensivos algún día". En un esfuerzo, posiblemente inútil, por evitar la censura y las repercusiones, insisten en que esto no es una protesta política.

Las leyes laborales de China estipulan una jornada de ocho horas y una semana de 44 horas, pero, como en otros países, existen lagunas y exenciones. La carga de decidir cómo y cuándo hacer cumplir las reglas, y cuándo permitir o alentar el incumplimiento "voluntario", inevitablemente recae sobre los gerentes y sobre los trabajadores.

Owen a principios del siglo XIX y Ford a principios del XX — cuando introdujo una semana de 40 horas y cinco días para los trabajadores de los automóviles — reconocieron que obtendrían menos, no más, de los obreros de la fábrica que trabajaban en exceso.

Las investigaciones modernas respaldan esa perspectiva. Morten Hansen, el autor de "Great at Work" (Fabuloso en el trabajo), promueve una estrategia de "haz menos, luego obsesiónate". Él descubrió que agregar horas adicionales a las 40 por semana solamente conducía a pequeñas mejoras en el rendimiento. Si se trabaja más de 65 horas a la semana, el rendimiento disminuye. Una investigación separada de Lieke ten Brummelhuis y Nancy Rothbard buscó diferenciar entre el tiempo laboral y la adicción al trabajo. Ellas determinaron que era una compulsión poco saludable a trabajar la que llevaba a las personas a la Unidad de Cuidados Intensivos, independientemente de la cantidad de horas que dedicaran.

Los empleadores de esos trabajadores tecnológicos chinos deberían prestar atención, y también deberían hacerlo sus competidores. Ellos corren el riesgo de cruzar la fina línea divisoria entre simplemente alentar la inclinación de los trabajadores a trabajar más horas y obligarlos a hacerlo.

No dudo que las empresas "startup" e incluso las compañías establecidas ganen al ser capaces de motivar a los trabajadores para que inviertan intensivos intervalos laborales en proyectos específicos o durante momentos críticos. Pero el reglamento de tiempo laboral representa sólo una parte de la ecuación que protege a esos trabajadores. De hecho, a medida que avanza el siglo XXI, es probable que el personal sienta una presión más intensa de dedicar horas extra y demostrar su utilidad, conforme las máquinas asumen tareas rutinarias. Búrlate de la singularidad, si así lo deseas. Pero se requerirán algunos reguladores decididos y algunos gerentes realmente inteligentes para persuadir a los nerviosos trabajadores de cuello blanco de que un sistema de trabajo "996" es peor que el patrón "000" que pudiera resultar de la total automatización.

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