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Los socios comerciales de EE.UU. se preguntan cómo lidiar con la ridícula política comercial de Trump

Un déficit comercial no es prueba de que un país esté abierto al comercio. Muestra que está gastando más que sus ingresos o de que está invirtiendo más de lo que ahorra

Los socios comerciales de EE.UU. se preguntan cómo lidiar con la ridícula política comercial de Trump

¿Cómo deben responder los socios comerciales cuando los legisladores estadounidenses dicen disparates? En esa situación se encuentran actualmente los europeos, japoneses y surcoreanos. Las palabras de Wilbur Ross, secretario de Comercio norteamericano y el hombre en el que Donald Trump más confía para temas de política comercial, muestran que se puede ser multimillonario y, sin embargo, no entender cómo funciona la economía; al igual que se puede ser deportista sin entender fisiología.

Objetando las advertencias sobre el proteccionismo que pronunció Christine Lagarde, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Ross declaró a Financial Times: "somos los menos proteccionistas. Somos mucho menos proteccionistas que Europa. Somos mucho menos proteccionistas que Japón. Somos mucho menos proteccionistas que China".

A lo que Ross agregó: "También tenemos déficits comerciales con esos tres lugares. Así es que ellos hablan de libre comercio. Pero en realidad lo que practican es el proteccionismo. Y cada vez que hacemos algo para defendernos, incluso de las insignificantes obligaciones que tienen, lo llaman proteccionismo. Es un disparate".

En realidad lo que es un disparate es lo que dice Ross. Un déficit comercial no es prueba de que un país esté abierto al comercio. Es prueba de que está gastando más que sus ingresos o de que está invirtiendo más de lo que ahorra. Eso no es sólo un concepto teórico, hay sólida evidencia que lo respalda.

La Fundación Heritage elabora todos los años un índice de libertad económica, el cual incluye la "libertad comercial". Este grupo de investigación, que se enorgullece de ejercer gran influencia sobre la administración Trump, deriva este índice de libertad comercial de los datos sobre los aranceles ponderados en función del comercio y sobre las barreras no arancelarias. Según ese índice, EE.UU. está muy lejos de tener las políticas comerciales más liberales.

Estas mediciones de la libertad comercial pueden combinarse con datos sobre las balanzas de cuenta corriente, ajustados según el tamaño de las economías. (Sobre esta base, de 177 países el déficit de EE.UU. se ubicó 98º). Tal como prevé la teoría, no existe una relación significativa entre libertad comercial y déficits. En los países con libre comercio hay una leve tendencia a tener mayores superávits.

La idea de que la protección reducirá los déficits comerciales es intuitiva. Sin embargo, es incorrecta porque la economía no se compone de mercados aislados: todo está relacionado con todo lo demás. Los impuestos sobre las importaciones son también impuestos sobre las exportaciones.

Si se establece protección contra las importaciones, se extraen recursos de la producción para la exportación. Si un país importa menos, debido a la protección, el incentivo para producir exportaciones –en las mismas circunstancias– también será menor. El mecanismo a través del cual es probable que esto ocurra, en el caso de EE.UU., será un alza del dólar, porque la demanda de importaciones cae. Por lo tanto, la protección reduce los ratios entre el comercio y el producto interno bruto (PBI) –volviendo las economías más cerradas–, y no los déficits comerciales.

Ahora comparemos las tasas de ahorro de las economías de altos ingresos con sus balanzas comerciales (de nuevo en relación con el PBI). Como era de esperarse, las diferencias en las tasas de ahorro nacionales son poderosos predictores de la balanza de cuenta corriente. Si nos fijamos solamente en los países de altos ingresos, encontramos que EE.UU. no es excepcional en ningún aspecto. Es un país de relativamente bajo ahorro que, en gran medida como resultado de eso, registra un constante déficit comercial.

Esto le ha permitido a Norteamérica invertir más de lo que ahorra. Si desea reducir sus déficits externos, debe reducir la inversión o aumentar el ahorro. Para lograr esto último, el comienzo obvio no sería reducir los impuestos, como se ha previsto, sino más bien subirlos.

Las "equivocaciones" que comete Ross al momento de comprender la economía del comercio están lejos de ser inofensivas. Las políticas fiscales de la administración parecen ir, sin duda, camino a elevar el déficit externo de EE.UU., por lo que serán culpables los extranjeros. Sus políticas comerciales no lograrán reducir los déficits comerciales norteamericanos, por lo que otra vez serán culpables los extranjeros. EE.UU. propondrá el absurdo objetivo de equilibrar el comercio bilateral en un mundo donde el comercio mismo es multilateral. Esto también fracasará, por lo que también se culpará a los extranjeros. En definitiva, la administración podría demoler el sistema de comercio abierto simplemente porque no sabe de lo que está hablando.

El sistema comercial ha sido la base de la prosperidad tras la Segunda Guerra Mundial. Este período ha sido, a su vez, el más próspero para la humanidad en toda su historia. Un excelente documento del FMI, del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio explica lo que está en juego y lo que hay que hacer para difundir mejor los beneficios del comercio.

En particular, el documento demuestra que la creación de una red de seguridad para los trabajadores y las comunidades afectados, combinada con políticas que respalden el ajuste al cambio, es efectiva. Sin embargo, eso es precisamente lo que los republicanos pretenden debilitar. Por desgracia, eso hace de la protección la única política que se ofrece a los afectados por los cambios económicos, incluidas las importaciones.

Lo que es aterrador en cuanto a la agenda comercial de esta administración es que logra ser irrelevante y perjudicial. Una agenda relevante se centraría en los desequilibrios en el ahorro y en la inversión de la economía mundial. Una agenda beneficiosa se centraría en combinar el ajuste necesario al cambio económico –del cual el comercio representa una parte relativamente pequeña– con una mayor participación en las ganancias y con ayuda al ajuste. También reconocería que el comercio fue uno de los motores del dinamismo económico. Lo que fue más preocupante con respecto al comercio es la desaceleración de su crecimiento. Según el Banco Mundial, ésa puede ser una de las razones por las que bajó el ritmo del aumento de la productividad.

Entonces, ¿cómo deberían los socios comerciales responder a las exigencias de EE.UU.? Ellos tienen que aceptar la importancia de los desequilibrios macroeconómicos; tienen que hacer concesiones que aumenten el comercio, sin dañar la economía global; tienen que discutir el caso de la liberalización multilateral; tienen que hacer todo lo posible para proteger el principio de las reglas comerciales que obligan tanto a los fuertes como a los débiles; pero, por encima de todo, tienen que ser pacientes. Norteamérica seguramente no va a ser siempre gobernado por gente que entienda tan poco lo que está en juego.