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Jueves 4.1.2018
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Los residuos plásticos amenazan de muerte a los océanos

Desde el estómago de las crías de aves marinas hasta las profundidades de los mares, la contaminación provocada por esos desechos está en todas partes

Los residuos plásticos amenazan                   de muerte a los océanos

Mientras Jennifer Lavers de la Universidad de Tasmania iniciaba su charla en la Conferencia Falling Walls en noviembre pasado en Berlín, varios trabajadores de una firma recolectora de basura de la ciudad colocaban sobre el escenario 100 grandes bolsas con residuos plásticos.

 

Desde atrás de la barrera de desechos, la ecologista marina australiana se dirigió a la audiencia: "Esta basura es equivalente al consumo de sólo dos días de las 750 personas que están presentes en este auditorio". Luego mostró estremecedoras fotos que había sacado en la isla deshabitada de Henderson en el sur del Pacífico, uno de los lugares más alejados de la tierra.

Las playas que estaban cubiertas de arena inmaculada en los noventa, ahora muestran restos plásticos que llegaron desde países de la costa del Pacífico y de más lejos también. Se estima que hay 37 millones de piezas que pesan 18 toneladas.

Esta es apenas una mínima instantánea del problema que tenemos con los plásticos. Todos los días ingresan a los océanos unas ocho millones de toneladas de materiales. Y, en los últimos meses, aumentó enormemente la preocupación pública y política sobre esta contaminación marina; a un nivel que está alcanzando el cambio climático como problema ambiental.

En el Reino Unido, la serie de televisión Blue Planet II de Sir David Attenborough provocó un fuerte impacto porque se centró en el daño que sufren las criaturas que quedan atrapadas o comen fragmentos de plástico al confundirlos con alimento. En una desgarradora secuencia, Lucy Quinn del British Antartic Survey muestra bolsas de plástico que expulsó por la boca una cría de albatros en Georgia del Sur. Si bien esa ave todavía vive, Quinn casi derramando una lágrima luego mostró el cuerpo en descomposición de otro albatros joven. "Desafortunadamente había un cepillo de dientes atravesado en su estómago", explicó. "Algo tan pequeño como eso mató al pájaro. Es verdaderamente triste".

Si bien mucha gente recién ahora toma conciencia de la crisis global de contaminación plástica, otros hace años que la combaten. Uno de ellos es Mandy Barker, fotógrafa de Leeds. "Me crié en Hull y pasé mucho tiempo en la reserva natural Spurn Point", contó. "Al volver cada año, me sorprende la cantidad de basura que se acumula ahí".

Desde que surgió como fotógrafa profesional en 2011, Barker se concentró en la contaminación plástica, en los desechos encontrados en playas y puertos de todo el mundo y durante un viaje que hizo a Great Pacific Garbage Patch (Gran Parche de Basura del Pacífico), una corriente oceánica que atrapa cantidades excepcionalmente elevadas de restos flotantes. Ella apunta a revelar la inesperada belleza de los contaminantes plásticos, que a menudo fotografía como si fueran extrañas y preciosas criaturas marinas. "Quiero estimular una respuesta emocional en el espectador, usando la contradicción entre la atracción estética inicial que generan las imágenes y la posterior toma de conciencia del daño que estos objetos están provocando", explicó Barker.

Malcolm David Hudson, ecologista marino de la Universidad de Southampton, señaló: "Creo que está quedando claro para los científicos y, cada vez más, para la gente en general que nos estamos acercando a varios puntos de inflexión dentro de los sistemas naturales, como resultado de los plásticos en los océanos". Los puntos de inflexión son cambios repentinos, sustanciales y a veces imparables, por ejemplo en cadenas alimenticias marinas clave, provocados por el efecto acumulativo de cambios más sutiles. Para Lavers, el punto es que "el problema está creciendo tan rápido que la gente ya no puede negar su existencia. Es por esa razón que estamos hablando sobre eso ahora".

Si bien las grandes piezas de restos plásticos son visibles en playas y océanos, los toxicologistas están alertando con urgencia sobre unos pequeños fragmentos, conocidos como microplásticos, cuyas dimensiones se miden en fracciones de milímetro. Muchos microplásticos provienen de la desintegración de desperdicios plásticos, pero hay otros que se fabrican como "microesferas" para agregar un leve efecto abrasivo a los productos de belleza y salud, incluyendo pastas dentales y cremas exfoliantes. Los nurdles, conocidos como lágrimas de sirena, también son otra fuente; se trata de bolitas diminutas que se usan para fabricar productos plásticos, y que llegan al mar a raíz de derrames accidentales o mal manejo de las mismas.

Los peces y las aves confunden los microplásticos con alimento. Dentro del intestino actúan como veneno no sólo por su presencia física sino también porque liberan químicos tóxicos incluyendo moléculas internas que forman parte del proceso industrial del plástico y toxinas externas como DDT y PCB que han absorbido en el océano.

Lavers hace la mayor parte de su investigación en la Isla Lord Howe, ubicada a 600 kilómetros de Australia continental. "Cuando empecé a estudiar a estas aves hace más de una década, la proporción que contenía plástico ya era de 70%. Ahora es del 100%", contó.

Para lidiar con los restos plásticos habría que hacer al menos dos cosas: quitar los que ya contaminan los océanos y dejar de arrojarlos. Sin embargo, los científicos marinos sostienen que la prioridad debe ser la prevención: cortar el flujo de esos ocho millones de toneladas diarias.

La Fundación Ellen MacArthur estima que las limpiezas internacionales no podrían ocuparse de más del 0,5% de los plásticos que ingresan en los mares. "Sí que hay soluciones de limpiezas tecnológicas, pero existe el peligro de que nos distraigamos de la primera prioridad que es dejar de arrojar plásticos a los océanos."

Eso significa cambiar el comportamiento de los consumidores y el diseño de los productos para desalentar el uso no esencial de plásticos, en particular para envoltorios, y facilitar el reciclado de los plásticos. "Los plásticos no son el enemigo," dijo Richard Thompson, director de la Unidad de Investigación de Desechos Marinos en la Universidad de Plymouth. "Son materiales maravillosos. Lo que importa es qué elegimos hacer con ellos."

Un creciente ejército de grupos ambientalistas como OneLess de Londres, exige a los gobiernos que actúen contra los plásticos. Entre las sugerencias se encuentran tomar medidas contra los plásticos que se usan sólo una vez como las botellas de agua y facilitar el reciclado.

Thompson cree que el mayor avance se lograría obligando a los fabricantes a diseñar reciclabilidad en sus productos, transformando la tradicional economía lineal (producir, usar, desechar) en una "economía circular". En los casos en que el envoltorio es esencial, debería ser simple y fácilmente identificable, para que las plantas de reciclaje con máquinas clasificadoras automáticas no reciban un exceso de diferentes materiales mezclados.