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Los republicanos deberían analizar los méritos de Kasich

Los momentos de desesperación que viven los republicanos piden medidas desesperadas. En cualquier otra situación, sería imposible imaginar figuras como Mitt Romney o Jeb Bush respaldando a Ted Cruz para la nominación del partido. Pero sienten que el avance de Donald Trump no les deja más opciones. Calculan que Cruz es el único candidato que queda con chances de impedir que Trump obtenga una mayoría de delegados antes de la primaria final en junio.
Cualquiera sea el nominado, los líderes republicanos perdieron todo menos la esperanza de recapturar la Casa Blanca. Ir con Cruz al menos les permitiría mantener su partido intacto, aunque a riesgo de que un enfurecido Trump presente una candidatura independiente. A Lindsey Graham, senador por Carolina del Sur, lo describe como una elección entre recibir un tiro o ser envenenado. Él también se tragó la planta venenosa. Ninguno de los nuevos aliados de Cruz cree que él debería ser presidente, o que tiene grandes probabilidades de ganar. Están jugando otro partido. Para el futuro de su partido, prefieren perder con Cruz que con Trump.
No hay grandes chances de que el plan de último momento funcione. Habiendo votado ya 29 estados, Trump reunió el 60% de los delegados que necesita para alcanzar la cima, el mágico número es 1.237. Si cruza ese umbral, no se lo podrá detener.
Pero si no le alcanza, se abriría la puerta a la elección de otro candidato en la convención republicana de julio. Muchos delegados sólo están "atados" a votar por su candidato en la primera votación. En teoría eso es suficiente para convencer a los delegados de Trump de cambiar de caballo en la segunda o tercer ronda. Es una estrategia negativa. Las encuestas dicen que John Kasich, gobernador de Ohio, es el único de los tres republicanos restantes que podría derrotar a Hillary Clinton.
Pero la lógica detrás de los apoyos a Cruz requeriría que Kasich se baje de la carrera. Su presencia sigue dividiendo el voto anti-Trump.
Es una táctica peligrosa. Cruz sería el nominado más extremo desde Barry Goldwater en 1964. Entre otras políticas, él volvería al patrón oro, pondría fin a la independencia de la Reserva Federal estadounidense y aboliría el Servicio de Impuestos Internos. De los tres, él está a la derecha de Trump.
Pese a ser mitad cubano y haber nacido en Canadá, también construiría un muro con México y expulsaría a los 11 millones de indocumentados hispanos que se cree que hay en EE.UU. También igualaría la postura draconiana de Trump en cuanto a los musulmanes.
Es difícil pensar en una medida con más probabilidades de exacerbar el ánimo o pensar en un nominado con más posibilidades de desacreditar la marca republicana que Cruz. Salvo Trump. Las proyecciones sugieren que Trump conseguirá una mayoría o gran pluralidad de delegados. Si se le niega la corona, el resultado podría ser explosivo. Trump "anticipó" disturbios si ocurría eso.
La nominación de Trump dañaría al partido republicano y a Estados Unidos. Lo mismo aplica para Cruz. Los republicanos de más edad tienen la pesada responsabilidad de lo que está sucediendo.
No quedan opciones buenas. En vez de elegir entre dos perdedores desagradables, deberían analizar otra vez los méritos de Kasich. Es mucho mejor ceder por una causa en la que uno al menos cree.