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Los reguladores tienen en la mira a AT&T

La historia de AT&T no es extraña a las acusaciones de comportamiento anti competitivo. Hace tres décadas, era tal su dominio del sector de telecomunicaciones que el gobierno estadounidense la obligó a dividirse en una constelación de redes rivales. Ahora, con su oferta por u$s 85.000 millones para quedarse con Time Warner, el grupo otra vez es foco de interés para quienes controlan el cumplimiento de las leyes antimonopólicas en Estados Unidos.
La compañía quizás no sea la primera red de telecomunicaciones en integrarse verticalmente comprando un proveedor de contenido de televisión y películas. Los consumidores norteamericanos todavía están digiriendo la compra de NBC Universal por parte de Comcast, una operación por u$s 30.000 millones. Se completó en 2013 después de una prolongada revisión regulatoria.
Los acuerdos verticales generan menos preocupación que las fusiones de redes rivales. Pero persiste el temor de que los compradores pueden de alguna manera usar la propiedad de contenido para favorecer a sus propios usuarios y restringir las opciones, elevando así los precios. Eso tiene es muy importante porque AT&T tiene más de 100 millones de suscriptores y está en juego el acceso a contenido de cadenas como HBO y a las franquicias de las películas Batman y Harry Potter.
Las operaciones de consolidación por supuesto no tienen que ser anti competitivas. En teoría es posible que los compradores aprovechen sinergias sin favorecer a sus propios clientes. Los analistas sostienen que hay cosas más inteligentes que pueden hacer los nuevos dueños, como ofrecer paquetes integrados que cubran todo desde línea fija hasta contenido móvil. Juntos con un software inteligente, pueden luego permitir a los anunciantes apuntar a los consumidores ya sea en sus teléfonos, en la televisión o mientras navegan por la Web.
Tales consideraciones subyacen una cantidad de transacciones recientes, por ejemplo la compra de AOL por Verizon en mayo y su posterior oferta de Yahoo. Pero lo que sigue siendo poco claro es el exacto valor monetario de esa estrategia y si puede compensar las sustanciales primas que deben pagar los compradores como AT&T.
La oferta ya captó la hostil atención de los políticos. Sin importar lo que suceda después, los reguladores deberían analizar las implicancias. La fusión de Comcast con NBC atravesó una larga revisión, y el grupo tuvo que comprometerse a no discriminar contra redes rivales. Es cierto que la mayoría de los observadores desde entonces han visto poca evidencia de que el acuerdo haya elevado los precios exageradamente. Pero los reguladores deberían considerar las consecuencias de la adquisición de NBC para asegurarse de que no se haya provocado un perjuicio.
La estrategia de AT&T de focalizarse en el contenido móvil puede ser buena noticia para los consumidores. De un plumazo podría poner fin a los monopolios locales de la TV por cable que condenaron a los estadounidenses a pagar precios altos y recibir un mal servicio. Pero las autoridades deben garantizar que la operación favorecerá a los televidentes. Quizás sea inevitable que las redes sean dueñas de contenido. Pero los reguladores deben hacer bien las cosas.