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Los primeros 100 días en la corte del rey Donald

Las filtraciones, los cambios de políticas y las luchas de poder dominaron el inicio del gobierno del empresario

Los primeros 100 días en la corte del rey Donald

Sentado frente a Donald Trump en el Despacho Oval, mis ojos se ven atraídos por un pequeño botón rojo en una caja apoyada sobre su escritorio. "No es el botón nuclear, ¿verdad?", bromeo mientras lo señalo. "No, no, todos piensan lo mismo", afirma Trump en el momento atinado, antes de inclinarse y presionarlo para pedir Coca-Cola. "Todos se ponen un poco nerviosos cuando presiono ese botón".

Son muchas las personas presentes que se pondrían nerviosas. En general, cuando Barack Obama concedía entrevistas, solo circulaban unos pocos asesores. Pero Trump trabaja con una comitiva enorme que integran, entre otros, Steve Bannon, jefe de estrategias de la Casa Blanca, Wilbur Ross, inversor multimillonario a cargo de la política comercial, y Reince Priebus, jefe de personal.

Y ha convertido el Despacho Oval en una suerte de salón que recibe a todo el mundo, desde mineros del carbón hasta dirigentes sindicales y líderes empresariales.

"Trump se parece más a un monarca. Le gusta la corte. En su corte participan toda clase de personas e incluso cuenta con cortesanos", señala Chris Ruddy, jefe de Newsmax Media y amigo del presidente.

Si George W. Bush fue el presidente campechano -aunque formal-, estilo CEO, y Obama fue el comandante en jefe catedrático, Trump es el rey de un reality show de TV. La Casa Blanca rebosa de anécdotas sobre actores que se consagran o caen en desgracia, así como los que se han ganado la confianza de los príncipes: Ivanka Trump, la hija del presidente, y su marido, Jared Kushner.

El 29 de abril marcó un hito para la corte y su gobernante: los primeros cien días de Trump en la presidencia. Este barómetro algo arbitrario se utilizó para juzgar a los ocupantes del Despacho Oval desde Franklin D Roosevelt en 1933. Y el presidente está mostrando signos de nerviosismo. "No importa cuánto logre durante el ridículo estándar de los primeros 100 días, ¡los medios me matarán!", afirmó en un tuit.

Él mismo exageró la importancia del hito de los 100 días en octubre pasado durante las últimas semanas de campaña cuando dio a conocer un "plan de acción de 100 días" en el que enumeraba 28 medidas que pretendía adoptar.

La oficina de Bannon, ex jefe de Breitbart News y uno de los actores clave de los últimos tres meses, es la "sala de guerra". Allí se esbozan medidas en diferentes hojas de papel. Pegadas en una pared, se dividen en cuatro columnas, debajo del título "Hacer a Estados Unidos grande de nuevo".

Buena parte de las acciones incluidas en las tres primeras columnas ya se llevó a cabo, incluyendo la aplicación de restricciones para impedir que los funcionarios se conviertan en lobistas, el freno a la mayoría de las contrataciones federales, el retiro del acuerdo comercial de la Asociación Transpacífica y la aprobación del oleoducto Keystone entre Estados Unidos y Canadá.

Frente a las advertencias sobre proteccionismo de instituciones como el FMI, Trump cumplió en gran medida su promesa de campaña de trabajar para reestructurar las relaciones comerciales de Estados Unidos con otras naciones. También instó a su equipo a acelerar la reforma fiscal.

Pero Trump también dio marcha atrás con algunas medidas, lo que puede perjudicarlo. A pesar de declarar que los chinos "son campeones mundiales" en manipulación de divisas, no cumplió su promesa de calificar así al país. Tras arremeter contra los chinos en campaña, una vez en la presidencia, suavizó un poco su postura a la vez que intenta persuadir a Pekín de presionar más a Corea del Norte para frenar su programa nuclear.

También luchó para que el Congreso asigne sumas de dinero significativas para pagar el muro de la frontera entre México y Estados Unidos, que fue uno de sus lemas de campaña. Y si bien intentó prohibir el ingreso en Estados Unidos de ciudadanos de varios países predominantemente musulmanes, sus iniciativas de enero no se llevaron a cabo en forma satisfactoria y terminaron siendo bloqueadas en los tribunales.

En la pared de la sala de guerra, hay un vacío especialmente evidente. El hecho de que Trump no haya conseguido que el Congreso apruebe un proyecto de ley para reemplazar el Obamacare (aunque está en vías de lograrlo) significa que no se logró ninguno de los 10 objetivos legislativos principales incluidos en la cuarta columna. Se echaron muchas culpas por el fracaso. Algunos funcionarios de la Casa Blanca apuntan a Paul Ryan, el portavoz de la Cámara; algunos legisladores del GOP sostienen que Trump debería haber hecho más. Un funcionario de la administración de Trump señala que la ambiciosa agenda de 100 días terminó siendo "un puente demasiado lejos", mientras que los asesores de la Casa Blanca recalcan que los republicanos precisan estar mejor preparados para la próxima gran batalla legislativa.

"Modificar buena parte de la legislación equivale a desembarcar en Normandía. Es preciso contar con los buques anfibios, los cruceros, los buques de guerra, los aviones, las tropas", sostiene Bannon, exoficial naval. "Hay que llegar a la playa, subir y que toda la logística esté allí. Todo tiene que confluir a la hora y los minutos exactos para el Día D.

Trump emitió un gran número de decretos, pero el hecho de que no logró la aprobación de ninguna ley contundente en medio de un comienzo caótico no favorece su imagen, en comparación con Obama y Bush, que en el centésimo día de sus mandatos ya acumulaban victorias en el Capitolio. David Gergen, ex asesor de la Casa Blanca de Gerald Ford, Richard Nixon, Ronald Reagan y Bill Clinton, sostiene que Trump tuvo los "peores 100 días de inicio" de cualquier presidente contemporáneo.

El interior de la Corte

A medida que el caos se fue expandiendo, también lo hicieron las intrigas palaciegas. Los funcionarios de la Casa Blanca son muy conscientes de que Trump puede cambiar rápidamente los favoritos, fusionando la atmósfera de una corte medieval con la kremlinología en la era de las redes sociales. Están los predilectos, encabezados por Ivanka y Jared, como se conoce habitualmente a la pareja, que ejercen gran influencia sobre las vicisitudes del círculo íntimo, en cuyas filas se encuentran dos exejecutivos de Goldman Sachs: Gary Cohn, jefe del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, y Mnuchin.

Pero ni siquiera Jared e Ivanka permanecen completamente inmunes a la crítica. Según se informa, Trump estaba molesto porque la pareja, que desempeña cargos no remunerados de asesores principales, estaba esquiando en Aspen el día que no logró que el Congreso aprobara la reforma de salud.

Entretanto, los asesores filtran de manera sistemática historias sobre sus colegas a los medios de comunicación... y luego atacan a los periodistas por escribir sobre las peleas internas. Los funcionarios se apresuran a asegurarse de estar en el recinto, conscientes de que Trump tiene la costumbre de adoptar la postura de la última persona que conoció. "A Trump le gusta la competencia de ideas y el desacuerdo entre las personas que lo rodean. Lo que no le gusta es que haya tantas filtraciones", afirma Ruddy. "Hay numerosas maniobras para ganarse su favor o su poder. Con el tiempo, Trump resolverá quiénes son los fuertes y se desprenderá de los débiles".

Nadie es intocable. Bannon exhibe dos tapas enmarcadas de la revista Time que están apoyadas contra la pared de la sala de guerra, listas para que las cuelguen. En una está Trump mientras que en la otra hay una foto de Bannon con el título "El gran manipulador". Esa tapa, y el hecho de que los medios en cierto momento se refiriesen al estratega como "presidente Bannon" debido a su papel en la construcción del populismo económico de Trump, al parecer, molestó al presidente. En entrevistas recientes, Trump minimizó la relación con comentarios que no reflejaban la realidad, y proclamó que [Bannon] es solo un "muchacho que trabaja para mí".

Un funcionario de la Casa Blanca me dice que Trump quiere que sus asesores tengan debates sólidos, pero se molesta cuando las peleas se filtran en los medios de comunicación. "En un par de ocasiones perdió la línea y en esos casos dice ‘Quiero que vuelen esto’ ", señala el asesor. "Es preciso poder prosperar en ese entorno... no se puede ser una flor marchita".

Hace poco los astros parecían alinearse a favor de Cohn, conocido por sus enemigos dentro de la Casa Blanca como el "globalista Gary". Mientras Trump optaba por algunas políticas alentadas por Cohn, crecía su popularidad en los medios de comunicación: "El presidente Bannon está muerto, viva el presidente Cohn" rezaba un titular reciente en The Nation.

Eso llevó a que algunos funcionarios de la Casa Blanca se sintiesen nerviosos por ser considerados demasiado cercanos a Cohn, en parte porque se preocupan de que la balanza pueda inclinarse en favor de Bannon. Pero en las últimas semanas el gobierno de Trump adoptó una serie de medidas comerciales en todos los rubros, desde el acero hasta la madera. Estos son exactamente los tipos de políticas que impulsan Ross y Bannon, que son las voces más fuertes a favor del nacionalismo económico junto con Trump.

Los príncipes

Algunos republicanos del Congreso quieren que Trump despida a Bannon, pero ciertos partidarios del presidente temen que envíe un mensaje muy peligroso a su base, ya que el poder acabaría concentrado en las manos de Ivanka, Jared y Cohn, que son vistos como liberales neoyorquinos y parte de la élite rechazada por tantos votantes.

Mientras los maquiavélicos arrebatos dentro de la Casa Blanca continuaron, Ivanka y Jared fueron consolidando sus papeles tanto allí como en el DC. Su mudanza al barrio exclusivo de Kalorama causó un revuelo... incluso en una zona cuyos residentes a menudo son celebridades, entre las cuales se incluyen, actualmente, Barack y Michelle Obama.

Un día tranquilo, vigilan la casa unos pocos oficiales del Servicio Secreto y ocasionalmente, paparazzis. Cuando Ivanka o Jared salen en los medios, las cifras llegan a duplicarse. Los vecinos se molestaron por los carteles de "No estacionar" que se colocaron afuera y las barreras alrededor de la casa que cortan la vereda.

La manera en que Ivanka lidió con este alboroto permite conocer más sobre su papel en la corte de Trump. En parte, embajadora de buena voluntad, en parte, consejera de la corte, Ivanka es la que goza de mayor acceso a su padre. En Kalorama, Ivanka empleó su propia diplomacia. Golpeó a cada una de las puertas de sus vecinos con armas furtivas: sus hijos y productos horneados. La flagrante ofensiva de relaciones públicas fue muy eficaz. "Encantadora, simplemente encantadora", sostiene Rhona Friedman, abogada y vecina que había sido cautelosa. "La gente que la conoce dice lo mismo: es muy amable".

Y su diplomacia no se limitó a los cupcakes. Antes de la primera reunión de su padre con el primer ministro japonés, Ivanka publicó en Instagram un video en el que su hija canta una canción japonesa muy popular llamada "Pen Peninsular Apple Pen". Esto sirvió para romper el hielo cuando Shinzo Abe se reunió con Trump y su hija en Trump Tower en noviembre pasado. Dos de sus hijos también cantaron en mandarín para el presidente chino Xi Jinping y su esposa Peng Liyuan en Mar-a-Lago a principios de este mes.

Ivanka se desempeña como diplomática informal; en cambio, a Jared se le confió un rol cada vez más amplio, aunque más tradicional, en política exterior. Su cartera, que incluye el Medio Oriente y que le implicó una activa participación con China, llevó a que critiquen que se esté comportando como la sombra del secretario de Estado. A algunos asesores les enoja que se mejante responsabilidad se haya dejado en manos del descendiente de un promotor inmobiliario sin experiencia en política exterior.

"Buena parte de la atención de los medios se centra en los individuos de la corte del rey Arturo: quién está más cerca del rey y quién empuña la espada o muere a causa de esta", dice Tim Roemer, ex congresista demócrata y embajador de Estados Unidos en India. "¿Qué papel específico desempeña Jared con respecto a China, Irak y México y las carteras de política exterior? No hay modo de abarcar cada región del mundo, incluso si uno es una combinación de Da Vinci y Einstein".

Ivanka y Jared también fueron objeto de análisis sobre posibles conflictos de intereses, ya que ambos seguirán beneficiándose financieramente de sus negocios mientras estén en funciones. Los defensores de la primera familia señalan que Trump no es el primer presidente que utiliza a su familia. Bill Clinton le pidió a Hillary que dirigiera un grupo de trabajo de asistencia sanitaria, mientras que John F. Kennedy nombró a su hermano Robert fiscal general.

Ruddy dice que la familia de Trump es crucial para su éxito. "Trump es el primer presidente sin experiencia política ni militar. No tiene muchos aliados y amigos o asesores políticos de confianza [y por eso confía en Ivanka y Jared]. Es bueno que estos participen".

Esto es particularmente cierto dada la ausencia de la primera dama, Melania Trump, que permaneció mayormente invisible en Washington y pasó la mayor parte del tiempo en Nueva York, donde Barron, el hijo de los Trump, está terminando su año escolar.

Durante la carrera presidencial de 2016, Trump se irritaba cuando los críticos decían que carecía del temperamento para ser comandante en jefe. Pero sus primeros 100 días -y particularmente las primeras semanas- fueron tan caóticos que reavivaron esas preocupaciones y activaron alarmas en Washington y en todo el mundo.

La Constitución de Estados Unidos creó un sistema de frenos y contrapesos, desde el Congreso hasta la Suprema Corte, para garantizar que ningún presidente goce de un poder irrestricto. Pero esos mecanismos son más débiles cuando se trata de política exterior, sobre todo porque el presidente puede ordenar ataques nucleares.

"Dada su volatilidad e inexperiencia, eso es lo que me mantiene en vilo por la noche especialmente ya que, durante la campaña, me preguntó cuál era el sentido de tener armas nucleares si no se las podía usar", afirma Malcolm Rifkind, exministro de Defensa y Asuntos Exteriores del Partido Conservador británico.

Las esperanzas de que Trump se convierta en un presidente tradicional se redujeron desde el principio de su mandato cuando en el discurso inaugural retomó los lemas más oscuros de su campaña. "Eso fue una mierda rara", dijo Bush en voz alta tras el discurso de Trump en el que se refirió a la "carnicería estadounidense".

Una de las líneas salientes, diseñada para hacer eco del discurso de los outsiders electoralistas de Trump, fue: "La era de las palabras vacías terminó. Llegó la hora de la acción". Las acciones rápidas y furiosas han suscitado numerosas dudas en Washington. Pero su enfoque deslumbra a aquellos que votaron por él precisamente porque estaba dispuesto a luchar. El foco de los medios en su heterodoxia simplemente resalta cómo la brecha tan analizada entre Washington y el resto de los Estados Unidos nunca desapareció.

Sin embargo, incluso Trump sabe que el drama ha opacado hasta sus acciones más ortodoxas. En un raro momento de humildad que subrayó su frustración cuando se preparaba para dar su discurso sobre el Estado de la Unión en febrero, Trump declaró a la cadena Fox que se calificaría con C o C+ por la forma en que había comunicado sus logros.

Ese discurso fue diseñado para cambiar la dinámica. Si bien reavivó el lema "Estados Unidos primero", los demócratas se quedaron atónitos cuando lo camufló con lenguaje conciliador. "Lo más sorprendente de anoche: El discurso de Trump fue normal. Todavía no puedo creerlo", me escribió por email un legislador demócrata a la mañana siguiente.

Pero el giro duró poco. El drama regresó después de la afirmación de Trump de que Obama había espiado su campaña. Incluso algunos amigos se sorprendieron de cómo [Trump] luchaba para adaptarse. "Es bastante notable que se haya mantenido tan fiel a sí mismo", señala Ruddy. "Hasta con los pies en la tierra dice lo que piensa. En cierta forma, es adorable. Por otro lado, desde otra perspectiva, no aprecia la enormidad del trabajo y que debe ser una persona diferente como jefe de Estado. Eso es sorprendente porque pensé que le gustaría llevar el uniforme de jefe de Estado".

Por numerosos motivos, era inevitable un comienzo turbulento. Trump y la mayor parte de su equipo llegaron al poder sin experiencia de gobierno. Enseguida nombró a un gabinete; no obstante, los demócratas le interpusieron obstáculos, que retrasaron las confirmaciones. Pero se demoró en nombrar candidatos para ocupar cargos en el subgabinete, lo que generó baches en el estrato superior de la burocracia, particularmente en el departamento de estado.

Trump nombró a 58 personas para altos cargos gubernamentales que requieren la confirmación del Senado, de los cuales 25 fueron aprobados, según la Partnership for Public Service.

A esta altura de sus presidencias, Barack Obama había nombrado a 190 candidatos y Bill Clinton había nombrado formalmente a 176 candidatos. Los presidentes republicanos tienden a ser más lentos que los demócratas, pero Trump todavía sigue a la zaga de George W. Bush, que había nombrado a 85, y George HW Bush, que había nombrado a 95.

Trump también fue perseguido por el hecho de que el FBI está investigando si alguno de sus asesores de campaña tenía contactos indebidos con funcionarios rusos. Despidió a su primer asesor de seguridad nacional, Michael Flynn, después de que el general retirado mintiese sobre la naturaleza de las conversaciones que había mantenido con Sergei Kislyak, el embajador ruso en Washington.

Además de marcar los primeros 100 días, el 29 de abril es también la fecha límite para que el Congreso y la administración Trump acuerden una medida de financiamiento para asegurarse de que el gobierno no se vea obligado a cerrar.

"Fue una transición difícil", señala Marco Rubio, senador de Florida que compitió con Trump por la candidatura para el partido republicano. "En parte, es autoinfligida, y en parte, es programada en términos de la oposición, y lo que han tratado de hacer en términos de ralentizarlo".

La Casa Blanca y el mundo

Entretanto, el mundo sigue sin saber qué hacer con Trump. En gran medida, siguió las políticas internas que defendió durante la campaña; sin embargo, su política exterior no refleja al hombre que criticaba a Japón y China en cada manifestación, que advirtió previamente a Obama de no atacar a Siria y que hasta se negaba a decir algo negativo sobre Rusia.

Una de las primeras señales de un nuevo enfoque llegaron cuando James Mattis, secretario de Defensa, se refirió a la alianza entre Estados Unidos y Japón como un "modelo" en Tokio, en marcado contraste con la retórica de la campaña de Trump. Semanas después, Trump cenó con vino y jugó golf con el primer ministro japonés Shinzo Abe durante una cumbre de tres días en Mar-a-Lago.

Luego, el secretario de Estado Rex Tillerson ayudó a convencer a Trump de que le dijera al presidente chino Xi Jinping que respetaría la política de "Una sola China", según la cual Estados Unidos considera a Pekín como la sede del gobierno de China, tras haberle sugerido en diciembre que debía abandonar la política. Esto allanó el camino para la celebración de una cumbre con el líder chino, que previamente se había negado a hablar con Trump. Finalmente, a principios de abril, Trump estuvo junto a Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, y dijo de la alianza transatlántica de seguridad: "Dije que era obsoleta. Ya no es obsoleta".

Los asesores de Trump sostienen que fue más duro en privado en la OTAN y en otras reuniones con líderes mundiales, y que sus cambios de rumbo son la prueba de que ha convencido a otros. Trump elogió a China, por ejemplo, por abstenerse de votar en la ONU a favor de condenar a Siria por el ataque con gas, en lugar de vetar la medida. Pero su postura pública cambió claramente, lo que confundió a algunos y tranquilizó a otros.

Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, sostiene que Trump carece de un enfoque integral de política exterior. "Muchas personas recién se inician en materia de gobierno y política exterior. En el interior de la Casa Blanca hay centros de autoridad que compiten entre sí", señala Haass. "Lo que le digo a la gente es que en vano esperan una política exterior coherente de Trump".

Trump no se ayuda a sí mismo con idiosincrasias tales como decirle a un presentador de TV que informó a Xi que dio la orden de disparar misiles contra Siria mientras saboreaba "la más hermosa porción de torta de chocolate". Sin embargo, su cambio hacia un enfoque más ortodoxo con respecto al mundo fue bien recibido por varios republicanos de alta jerarquía.

"Parece que, en todos los frentes, las cosas fueron mutando a una política exterior más tradicional", señala Bob Corker, jefe republicano del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. "Desde el punto de vista del interés nacional de nuestro país, me parece que estamos en un lugar mucho mejor".

 

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