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Los mercados emergentes vigilan atentos a EE.UU. y China

Los mercados emergentes vigilan atentos a EE.UU. y China

Ante el inicio de problemas generalizados en los activos o las economías de los mercados emergentes, es inevitable recordar episodios pasados. ¿Será este un momento similar al del "erano de 2015 y principios de 2016, cuando hubo una venta masiva de acciones a raíz de la crisis que atravesaba China que, sin embargo, tuvo pocos efectos duraderos? ¿O a 2008, cuando países relativamente inocentes de ingresos medios se "ieron sumidos en una crisis mundial que se originó en las economías desarrolladas? ¿O a la década de 1990, cuando la crisis asiática tuvo un rápido efecto de contagio del déficit de cuenta corriente de un país vulnerable a otro?

Como en épocas pasadas, el deterioro de las condiciones externas actuales es el causante de muchos episodios. El proceso de restricción de la política monetaria de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) perjudicó a los gobiernos y las empresas que se endeudaron en dólares. La suba de los precios del petróleo elevó la inflación y perjudicó las posiciones de cuenta corriente de los importadores netos de energía. Los exportadores de bienes, a su "ez, miran con ner"iosismo la perspectiva de una guerra comercial generalizada que podría perjudicar las cadenas de suministro.

La debilidad de los activos de los mercados emergentes ha sido amplia. Sin embargo, hasta ahora, afortunadamente, hay signos claros de que los inversores saben distinguir entre los países que tienen problemas graves - y mayormente internos- y los que tienen fundamentos más sólidos.

En el primer grupo, están muy firmes Turquía y Argentina, que tuvieron grandes déficits de cuenta corriente, aunque con diferentes actores internos. En Turquía, fue el sector privado el que se endeudó fuertemente en el exterior. En Argentina, aunque el gobierno del presidente Mauricio Macri se comprometíó con la ortodoxia económica, el legado de las desenfrenadas finanzas públicas alcanzó a la economía. El país en eterna crisis se sintió -como en varias ocasiones a lo largo de su historia- obligado a recurrir al FMI.

Sin embargo, en otros países, las fluctuaciones de los mercados de activos parecen una corrección y un reflejo de las condiciones específicas del mercado más que una fuga de capitales precipitada. Casi no hay indicios de un deterioro generalizado de las condiciones financieras generales. Si bien los bonos sufrieron grandes caídas en algunos países - entre ellos Brasil, que se ve asediado por la incertidumbre política, así como Turquía y Argentina-, en otros resistieron mejor. Tampoco hubo un deterioro significativo del crecimiento del PBI, que se desaceleró, pero ciertamente no se encamina hacia la recesión en la mayoría de los mercados emergentes.

Los principales riesgos de que la volatilidad del mercado se convierta en algo más serio son las posibilidades de recesiones significativas en Estados Unidos o China. Ambos provocarían una reducción de la demanda de la economía mundial, lo que amenazaría aún más el crecimiento de las naciones dependientes de las exportaciones. También podrían provocar un aumento generalizado de la aversión al riesgo, que sacaría dinero de los mercados emergentes en forma menos discriminatoria que la que se observó hasta ahora.

Es posible que aquellos países que trabajaron para reducir sus vulnerabilidades externas mejorando sus posiciones de cuenta corriente y limitando el endeudamiento en dólares se sientan bastante satisfechos de haberse asegurado contra un deterioro de las condiciones externas. A algunos quizá les quede margen para responder con una relajación de la política, como fue el caso de China este año. Los gobiernos menos preparados y con problemas de inflación tendrán que superar las crisis y elevar las tasas de interés para apuntalar la caída de las monedas.

Las dificultades de la mayoría de los mercados emergentes -al margen de los que se ocasionaron daño a sí mismos- se parecen más a las sacudidas del mercado de los últimos años que a la crisis mundial de hace una década o al contagio de la década de 1990. Que el cielo se cubra de nubes negras es algo que está fuera del control de la mayoría de los mercados emergentes, que observarán los sucesos de China y Estados Unidos más atentos que nunca.

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