Domingo  21 de Julio de 2019

Los inversores se preguntan si aún tiene sentido invertir en el mundo emergente

Excepto China e India, hay pocos indicios de que los países en desarrollo estén convergiendo con el mundo desarrollado. Muchos inversores se preguntan qué impulsará en el futuro a esta clase de activo.

Los inversores se preguntan si aún tiene sentido invertir en el mundo emergente

Las dos polémicas salidas de tecnócratas de alto rango en el espacio de tres días, uno en Ankara y el otro en Ciudad de México, sirvieron de recordatorio del riesgo que conlleva invertir en mercados emergentes.

Al despido en plena noche del presidente del banco central de Turquía Murat Cetinkaya -que se ordenó por un decreto presidencial de legalidad dudosa- le siguió la renuncia sorpresiva de Carlos Urzúa, el ministro de Finanzas de México, quien dio el portazo con quejas sobre la designación a dedo de funcionarios carentes de conocimientos.

Los mercados se agitaron de inmediato. La lira turca y el peso mexicano cayeron más de 2% contra el dólar estadounidense y los analistas advirtieron que habrá un desbarajuste, lo cual pondrá en peligro el crecimiento económico y la capacidad de acreedores de pagar sus deudas.

Para los inversores veteranos, eso quizás sea una turbulencia habitual en mercados donde la perspectiva de un rápido crecimiento económico siempre fue de la mano del riesgo político. Pero están cambiando los cálculos básicos para los mercados emergentes mientras disminuye el potencial de crecimiento, y con él parte del motivo central para invertir en la clase de activo.

A principios de los noventa, la globalización –en forma de mayor comercio internacional-, el superciclo de las materias primas y el auge de las cadenas de abastecimiento globales impulsaban al mundo emergente de forma inexorable -o al menos así parecía- por un sendero de convergencia económica con el mundo desarrollado.

Para muchos inversores, los mercados emergentes se convirtieron en parte central de sus carteras porque ofrecían resultados sólidos y mayor crecimiento mientras el mundo emergente se ponía al día.

Cientos de millones de personas estaban saliendo de la pobreza y entraban a las clases consumidoras, lo que ofrecía nuevas oportunidades para las compañías locales y extranjeras. La inversión en fábricas, caminos, puertos y otras obras de infraestructura prometía mantener el impulso.

Pero la convergencia ya no está garantizada. Hoy, los commodities a precios altos son un lejano recuerdo. El comercio decae y las cadenas de abastecimiento globales se están interrumpiendo. Lejos de alcanzar al mundo desarrollado, muchos mercados supuestamente emergentes están creciendo más lento. Mientras la globalización corre riesgo de revertirse, muchos inversores se preguntan qué impulsará en el futuro a esta clase de activo, lo que plantea interrogantes sobre el papel de los mercados emergentes en una cartera diversificada.

"Toda la lógica (para invertir en los mercados emergentes) se centraba en las exportaciones y el consumo", dijo Bhanu Baweja, estratega jefe de UBS y especialista en mercados emergentes. "La gente vino a nuestra industria en un momento de híperglobalización. Pero ahora la globalización decae no por Trump, sino por razones más profundas y orgánicas".

Durante las dos décadas posteriores a la creación del índice de acciones MSCI Emerging Markets, las acciones de mercados emergentes tendieron a registrar un desempeño muy superior al índice S&P 500 de acciones norteamericanas líderes. Sin embargo, durante la mayor parte de la última década, las acciones de emergentes se estancaron mientras que los papeles estadounidenses más que duplicaron su valor.

La amenaza a la globalización es uno de los tres grandes cambios que golpean simultáneamente a los mercados emergentes. El segundo es la desaceleración del ritmo de crecimiento en China. Y el tercero es el cambio en las condiciones financieras globales tras una década de dinero barato.

El tema de la desglobalización llegó a su punto crítico en la guerra comercial entre EE.UU. y China, la última manifestación de lo que el Banco de Pagos Internacionales el mes pasado calificó "una reacción política y social contra el orden económico internacional abierto".

Si bien muchas economías emergentes podrían aprovechar ventajas a largo plazo, como la demografía, los desafíos en el mediano y corto plazo para algunas parecen ser abrumadores. Argentina es un ejemplo. Mientras su gobierno lucha por recuperarse de una fuerte recesión, "la gran pregunta es si el país alguna vez volverá a crecer", dijo Ignacio Labaqui de Medley Global Advisors. La economía de Brasil, que alguna vez fue la favorita de los inversores del mercado emergente, sufre recesión o bajo crecimiento hace casi una década.

Los riesgos no se reparten de manera uniforme. De hecho, la suerte de las economías emergentes es tan variada que muchos inversores se preguntan con qué lógica se habla de "mercados emergentes". Es un grupo desparejo, apenas reconocible como clase de como eran en los noventa y principios de 2000, cuando una crisis iniciada en un rincón del mundo emergente se propagaba como un incendio forestal. En las últimas tres décadas, muchos países se embarcaron en reformas monetarias y fiscales, lo que dio origen a cortafuegos como protección de incendios en otros lugares.

El resultado fue claro durante la venta masiva que experimentaron los mercados emergentes el año pasado. A medida que el dólar estadounidense inesperadamente se fortalecía, llevando a muchos inversores a retirar su dinero puesto en activos de mercados emergentes, esos países con defensas débiles –especialmente Argentina y Turquía– fueron severamente afectados mientras que otros salieron relativamente ilesos.

Sin embargo, las economías emergentes siguen atadas por su vulnerabilidad ante los cambios en curso, y por su necesidad de encontrar una ruta hacia el crecimiento más allá del comercio y de las cadenas globales de abastecimiento industrial que las han sostenido hasta ahora.

"La idea de que un país en desarrollo puede quitarle actividad industrial a EE.UU. y, de todos modos, tener acceso al mercado norteamericano no es tan cierta en el nuevo mundo", dijo Brian Coulton, economista jefe en la calificadora Fitch.

Los cambios en el patrón de la globalización no han sido negativos para todas las economías emergentes. Vietnam, por ejemplo, salió ganando dado que las multinacionales trasladaron allá la producción proveniente de China en busca de mano de obra más barata y, en el último año, para evitar los aranceles que fijó Trump a las importaciones de productos fabricados en China. Sin embargo, la buena suerte de Hanoi podría no durar: Trump llamó a Vietnam "el peor abusador de todos" antes de la cumbre del G20 en Osaka.

Pero las compañías no están simplemente resignando recursos en el mundo en desarrollo. La inversión extranjera directa (IED) en los mercados emergentes cayó el año pasado a su nivel más bajo desde los noventa, según el Instituto de Finanzas Internacionales.

También en China el ritmo de crecimiento se ha ido desacelerando desde la crisis financiera mundial. No sólo eso, su expansión ahora dependen menos de las importaciones de otros países en desarrollo.

Las perspectivas para China se han vuelto más inciertas justo cuando las cambiantes condiciones financieras aumentaron los desafíos para los mercados emergentes. Muchos inversores esperaban beneficiarse de la debilidad del dólar en 2019, pero eso no ha sucedido. El año pasado, la Reserva Federal de EE.UU. comenzó a ajustar la política monetaria después de una década de expansión después de la crisis. Sin embargo, este año ha manifestado su voluntad de recortar las tasas nuevamente en medio de signos de debilidad económica. Y en un entorno de frágil crecimiento global, los inversores suelen preferir la relativa seguridad de los activos en dólares.

El resultado es que los mercados emergentes enfrentan condiciones más duras en un mundo de crecimiento más lento, pues la relativa fortaleza del dólar encarece los préstamos. Esto hace que para las compañías y los gobiernos sea más difícil invertir y evidencia que muchos países no lograron mejorar sus economías durante los años de auge.

Traducción: Mariana Oriolo

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