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Los grandes cambios en el área de recursos naturales dejan a inversores en la cuerda floja

Avanza la transición, pero preocupa que muchas carteras de inversiones siguen muy cargadas de combustibles fósiles

Los grandes cambios en el área de recursos naturales dejan a inversores en la cuerda floja

Tom Nelson, director de materias primas y recursos en Investec Asset Management, invierte casi tanto tiempo en seguir la evolución de Testla Motors como los movimientos de ExxonMobil o BP.
¿Por qué? Si el fabricante de autos eléctricos cumple con su promesa de cambiar totalmente la industria automotriz, habrá serias implicancias para la demanda de petróleo.
Hacerse camino entre las profundas transiciones del sector es particularmente difícil para los administradores de fondos. No les alcanza con quedar del lado correcto de la historia, tienen que elegir a los nuevos ganadores, determinar cuáles de los actuales participantes pueden adaptarse con éxito y mantener los retornos para sus clientes mientras va cambiando el panorama. Para los inversores en energía y materias primas, no hay mayor desafío.
"Uno podría haber perdido hasta la camiseta apostando a que el motor de combustión interna reemplazaría el caballo y el carro", dijo Nelson, cuyo interés en una de las grandes transformaciones tecnológicas del último siglo es más que académico.
La manera en que la demanda de petróleo se comporte en los próximos 15 a 20 años determinará en gran medida la composición de las carteras de inversiones, dado que las compañías de petróleo y gas globalmente tienen un valor bursátil superior a cuatro billones de dólares.
Las compañías energéticas constituyen el 7% del S&P 500, mientras que cerca de un tercio del índice FTSE 100 está representado por grupos de petróleo, gas y minería como Río Tinto, Glencore y BHP Billiton. El fondo cotizante Energy Select Sector SPDR, uno de los fondos de recursos naturales más populares, todavía tiene 83% de sus tenencias en empresas de petróleo y gas.
La brecha entre un futuro que se ve cada vez más basado en la energía renovable y las carteras de inversiones aún repletas de combustibles fósiles aumenta la presión sobre las administradoras de fondos para que expongan qué tan radical será el cambio en el mix de energía.
En los últimos cinco años, la porción de la electricidad que las economías del G20 generan a partir del sol y del viento se incrementó más de 70%, según datos compilados por Bloomberg New Energy Finance.
Las administradoras de carteras se devoran los extensos informes de analistas y consultoras sobre cuándo será el pico de demanda de petróleo.
Uno elaborado este año por McKinsey estima que si la penetración de mercado de los autos eléctricos, autónomos y compartidos se acelera, la demanda de petróleo llegará a su pico cerca del 2030 y que será menor a 100 millones de barriles diarios. Esa cifra no es muy distinta a los actuales de 95,9 millones b/d.
Sin embargo, el rápido avance de las tecnologías renovables subraya que la buena proyección de las tendencias no implica automáticamente que los inversores vayan a obtener retornos.
La cantidad de energía solar instalada en los últimos años, por ejemplo, superó los pronósticos optimistas de los expertos, según Poppy Allonby, que dirige un fondo nuevo de energía para BlackRock.
"La lección es que las cosas pueden suceder muy rápido", dijo Allonby. "La situación hoy es que las tecnologías alternativas más limpias son comparables con las actuales - y a veces hasta más baratas-, y ese es un cambio drástico con respecto a unos pocos años atrás".
Sin embargo, los precios de las acciones de compañías solares han sido notoriamente volátiles. A pesar del impulso que tuvo la energía renovable a raíz del acuerdo climático global firmado en París en diciembre, las acciones de los fabricantes solares cayeron 30% este año.
La compañía solar norteamericana SunEdison, que tenía una valuación de u$s 10.000 millones el año pasado, se declaró en quiebra en abril pasado.
Y en Investec, Nelson y su equipo están tomándose tan en serio los acontecimientos que se producen en la industria de autos eléctricos que contrataron a un experto para que analice específicamente el escenario del sector energético para que los ayude a pronosticar el futuro, país por país, hasta el 2050.
El Investec Global Energy Fund tiene cerca de 5% invertido en acciones relacionadas con tecnología de baterías y energía renovable como First Solar, y Nelson estima que esa proporción va a aumentar.
"Hemos hecho un inmenso trabajo en ésto en términos de infraestructura, tecnología para baterías, economía y confianza de los consumidores", dijo. "Esas tendencias tienen profundas implicancias no sólo en la dirección que tomarán los precios del petróleo y del gas sino también en las decisiones que se están tomando hoy en cuanto a la asignación de capitales".
Cuando es particularmente difícil seleccionar las compañías que podrán producir tecnologías renovables, algunos inversores sostienen que apostar a los recursos naturales con futuro promisorio puede ser una opción más segura.
Pieter Busscher, que maneja el fondo Smart Materials Strategy en la administradora de fondos RobecoSAM en Zurich, sostiene que las mineras de litio -la materia prima de las baterías de iones de litio- son atractivas porque es demasiado temprano para predecir cuál será la química de la batería que finalmente tendrá éxito.
La demanda de litio como materia prima principal de los cátodos de batería subió 30% en los últimos cinco años, y actualmente hay escasez de oferta, según la londinense Benchmark Mineral Intelligence.
Una reducción del costo de las baterías de iones de litio a un rango de entre u$s 100 y u$s 120 kWh comparado con un estimado de u$s 300 kWh será un momento crítico, opina Busscher, en el que podría dar un salto la demanda de vehículos eléctricos y empezar a afectar la demanda de petróleo en el términos de diez años.
Aún cuando elegir la materia prima en la cuál invertir sea más sencillo, no es momento para que los inversores del sector energético se sienten y se relajen.

Traducción: Mariana I. Oriolo