Los emergentes necesitan invertir en su capacidad de crecimiento

Las economías de los mercados emergentes se tambalean.

La última rebaja a las proyecciones de crecimiento global que hizo el Fondo Monetario Internacional (FMI) para este año —la cuarta modificación a la baja consecutiva— responde exclusivamente a una reducción de las expectativas para los mercados emergentes de Asia, América latina y el Medio Oriente.

Aun así, los mercados emergentes siguen creciendo aproximadamente dos veces más rápido que las economías avanzadas. Sin embargo, la brecha prevista con las economías avanzadas en el crecimiento del producto bruto interno (PBI) es ahora casi un punto porcentual menor que hace un año, y se prevé que la expansión del PBI en el mundo emergente será el más bajo en una década este año.

Varias economías importantes, especialmente Brasil, Rusia y México, están creciendo a un ritmo menor que las economías avanzadas.

Muchos de los bancos centrales de mercados emergentes han intentado durante los últimos meses impulsar la expansión económica recortando las tasas de interés, adelantándose a la implementación de dichas medidas por parte de la Reserva Federal.

Corea del Sur, Indonesia y Sudáfrica son algunos de los países que recientemente tomaron esta iniciativa. Tuvo una buena recepción, pero probablemente no sea suficiente para revitalizar la actividad productiva. También deben abordarse la baja productividad, la falta de capacidad productiva y la lentitud de las reformas locales.

La disputa comercial entre Estados Unidos y China ha expuesto las vulnerabilidades de las economías orientadas a la exportaciones en muchos mercados emergentes.

El crecimiento del comercio internacional cayó a apenas 0,5% en el primer trimestre de este año, su nivel mínimo en siete años; las expectativas para 2019 actualmente son inferiores a la mitad del ritmo registrado hace dos años.

La economía de China se expandió a su ritmo más lento en casi 30 años en el segundo trimestre, mientras que Singapur registró su peor contracción trimestral del PBI desde el año 2012. También Corea del Sur redujo sus proyecciones de crecimiento debido a la debilidad del comercio global combinada con sus propias fricciones comerciales con Japón.

El cambio estructural en China hacia una economía más orientada al consumo interno también tuvo impacto en las cadenas de suministro en Asia y en los exportadores de materias primas de los mercados emergentes. Unos pocos países de bajos ingresos captaron cierta participación de mercado que tenía China, pero no lo suficiente como para compensar las pérdidas generales.

El lento ritmo de las reformas locales es otro obstáculo, particularmente en América latina. La región experimentó las mayores rebajas de proyecciones por parte del FMI, lo que significa que el crecimiento se mantendrá anémico en México y Brasil este año, mientras que se espera que Argentina se recupere gradualmente de la crisis del año pasado.

La agenda económica de desregulación y privatización de Brasil bajo el mandato del presidente Jair Bolsonaro aún no ha dado resultados concretos. El tan esperado proyecto de ley de reforma previsional del país hace poco superó su primer obstáculo, pero quedan tres votaciones más antes de que pueda entrar en vigor.

La debilidad en la inversión y la frágil confianza han sido un obstáculo para la expansión económica en toda la región, al igual que el débil crecimiento de la productividad.

La esperada reducción de las tasas de interés estadounidenses ofrecerá cierto alivio. Los bancos centrales de mercados emergentes deberían seguir flexibilizando la política monetaria local cuando las circunstancias lo permitan, apoyando el consumo y la inversión. Pakistán y Argentina son la excepción. Sus altos niveles de inflación y la vulnerabilidad ante la depreciación cambiaria los han obligado a mantener dura su política monetaria.

Si bien el crecimiento en el mundo emergente quizás esté en su nivel más bajo en una década, las vulnerabilidades externas no son de la misma magnitud que hace 10 años.

El número de países con déficit fiscal y de cuenta corriente es ahora mucho menor, las reservas de divisas son superiores y la deuda en moneda extranjera está mostrando una tendencia a la baja.

Pero los puntos de presión siguen estando presentes, entre otros, la falta de inversiones para aumentar la capacidad de crecimiento productivo, lo cual ayudaría a proteger a las economías nacionales de futuras crisis externas.

Una política monetaria más flexible a nivel mundial les brinda la oportunidad para hacer esto. Las economías de mercados emergentes no deberían desperdiciar esta oportunidad.

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