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Los derechos a la privacidad digital van de la mano de la propiedad de datos

Lo que se necesita es una herramienta que permita a los consumidores hacer un seguimiento de sus datos y cobrar el valor que generan sus actividades online

Los derechos a la privacidad digital van de la mano de la propiedad de datos

Facebook difícilmente sea la primera compañía que recolecta datos de consumidores y los revende. Tampoco es que esas prácticas siempre huelan mal. Muchos de nosotros todavía tenemos una pequeña tarjeta colgada del llavero que se escanea en la caja del supermercado. A cambio de un pequeño descuento sobre nuestras compras de almacén, la cadena de supermercados construye un perfil de nuestros hábitos que luego vende a las compañías alimenticias, o los usa para ofertas con cupones o similares.

Veamos las similitudes entre este intercambio y lo que sucedió en Facebook y Cambridge Analytica hace unos años. En el supermercado, los datos se intercambian por lo que es de hecho un pago monetario. En el caso Facebook/Cambridge Analytica también al consumidor se le pagó por brindar sus datos personales. Se recopiló la información como parte de una encuesta supuestamente académica que pagó a los participantes una pequeña suma.

Pero el sondeo lo hizo una tercera parte, no Facebook mismo, y además supuestamente se quedaron con los datos de los amigos de los consumidores, sin el consentimiento de nadie. Una vez reunidos los datos, sin convertirlos en anónimos, pasaron a Cambridge Analytica, que los usó para diseñar avisos publicitarios políticos apuntados a individuos específicos cuyos datos habían sido filtrados.

La diferencia es el grado de control y comprensión del consumidor: sobre exactamente qué datos se estaban recopilando, para qué se usarían, y quién los estaba usando. En el prolijo caso del supermercado, el intercambio de datos a cambio de otra forma de valor es fácil de entender para la fuente de consumidores/datos. Pero los usuarios de Facebook tienen en la plataforma una tremenda cantidad de información sobre ellos desde el momento en que empezaron a usar la red social. No son concientes de la gran cantidad de información que emiten sus actividades online. Aún menos están en posición de comprender la variedad de usos que se les puede dar a esos datos, y por lo tanto, no saben cuál es su verdadero valor.

Sí, parte de los problemas con la privacidad de datos que surgieron con Cambridge Analytica se puede resolver endureciendo las regulaciones que rigen el uso de los datos por parte de las compañías el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) de Europa es un paso en esa dirección e intensificando el cumplimiento de sus propias políticas. Sin embargo, es difícil imaginar cómo los consumidores serán cualquier cosa menos compensados cuando se enfrenten al poder de reunir y procesar datos que ostenta una compañía como Facebook.

Una parte clave de la respuesta está en otorgarle a los consumidores la propiedad de sus propios datos. Normas como la RGPD exigirán a las compañías que obtengan consentimiento antes de recopilar datos, y permitir que la información que reúnen sea accesible al consumidor.

Pero a menos que los consumidores reciban un incentivo para mantener control sobre sus datos, seguirán siendo pasivos marcando casillas que otorgan consentimiento, mientras las compañías los explotan y los políticos los manipulan.

En los individuos, la propiedad de los datos sólo será efectiva cuando ellos cuenten con medios y el incentivo para ejercitar los derechos de propiedad, tal como hacen en menor medida con sus tarjetas de descuento en los supermercados.

Por supuesto que hay preguntas difíciles de responder sobre la propiedad de los datos. Si le saco una foto a un amigo, ¿ese "dato" es mío o de él? La información sobre mis hábitos personales debería ser de mi propiedad; pero ¿qué ocurriría con un análisis de ese comportamiento realizado por Amazon?

Sin embargo, aún cuando esas cuestiones legales y filosóficas estén resueltas, será un problema tecnológico a solucionar. Lo que se necesita es una herramienta que permita a los consumidores hacer un seguimiento y cobrar el valor que sus actividades online generan. Esa sería una aplicación estupenda que permitiría que Internet funcione para más que sólo unas pocas empresas grandes.

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