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Los cuatro modelos que tiene Gran Bretaña para salvar su relación con la UE

Ser miembro del Espacio Económico Europeo es la alternativa económicamente menos perjudicial para el país tras la victoria del Brexit

Los cuatro modelos que tiene Gran Bretaña para salvar su relación con la UE

La situación en Gran Bretaña es complicada pero el camino hacia adelante, no.
De hecho, las alternativas son pocas. La más sensata es ser miembro del Espacio Económico Europeo (EEE), conocido como la opción noruega. Ésta le otorga a los países acceso completo al mercado único europeo, aunque no tienen ni voz ni voto en la política de la UE.

Es lo mejor que pueden esperar los ex defensores de Permanecer en la UE. Muchos de ellos respaldan la idea de otro referéndum. No puedo pensar en ninguna medida que genere más acritud, división y daño económico que la decisión de ignorar una votación democrática. Quienes rechazan el Brexit todavía están atrapados en la segunda de las cinco etapas del duelo: la fase enojo. La primera es la negación, que es la transitada durante la campaña: negaban la posibilidad de que el otro bando pudiera ganar; y el desastre político de la campaña Miedo al Proyecto.

La opción noruega también es el rumbo político más realista para los moderados entre los ex partidarios de abandonar la UE. Es el único que pueden ofrecer sin destruir sus divididos partidos.
El EEE tiene una gran cantidad de ventajas técnicas. La primera es que existe. No hay que inventarla. Hay tratados en borrador. La UE no puede negarle al Reino Unido esta opción; sería un acto hostil si lo hiciera.

Sería la alternativa menos perjudicial para la economía británica y minimizaría mejor los costos de la transición. Ninguna compañía británica tendría que dejar Europa. Ninguna firma de la City tendría que transferir empleados a Dublín o París. La City de Londres mantendría su pasaporte de UE, es decir que podría seguir haciendo negocios en toda la Unión desde Londres. Desde el punto de vista económico, la opción noruega es la más benigna, casi neutral.

También disminuiría el interés de Escocia de hacer otro referéndum independentista. Ese deseo podría ser menor si la UE deja en claro a Escocia, tal como espero, que si fuera independiente tendría que solicitar ser miembro conforme al Artículo 49 del Tratado de Lisboa. Eso significa que no heredaría ninguna opción de exclusión voluntaria de Gran Bretaña. En particular, se esperaría que Escocia se incorpore a la eurozona.

La opción noruega también tiene desventajas. Comprometería varios mensajes clave de la campaña por el Brexit. No permitiría a Gran Bretaña limitar el libre movimiento de mano de obra desde la UE. El Reino Unido tendría que aportar al presupuesto de la UE. Esas míticas 350 millones de libras no podrían destinarse a Servicio Nacional de Salud.

Si un nuevo primer ministro quisiera cumplir con las promesas de campaña, tendría que negociar un acuerdo de comercio bilateral en vez de unirse a la EEE. No habría un único pasaporte para la City de Londres. El impacto económico sería mayor. Pero es la solución si la prioridad es salir de la UE y tirar la llave que abriría la posibilidad de un potencial regreso en el futuro.

Cualquiera sea la opción elegida, se podría fijar un límite de tiempo –digamos diez años. Al final de ese período Gran Bretaña podría decidir, por referéndum o votación parlamentaria, si seguir con el acuerdo indefinidamente, optar por salir del EEE y buscar un acuerdo comercial bilateral; volver a ser miembro completo de la UE bajo el Artículo 49, o regresar a la UE bajo otra manera de asociación que pudiera existir en ese momento.

Para que algo de eso funcione, es importante la velocidad. Me alivia escuchar que el partido conservador está adelantando la elección de sus dirigentes a principios de septiembre. El gobierno nuevo debería entonces iniciar el proceso de salida conforme al artículo 50 lo antes posible. Si hay elecciones, debería haber una pequeña demora. Pero a Gran Bretaña le conviene no prolongar el proceso innecesariamente. Cuanto más perdure la incertidumbre, mayor será el impacto económico.

También, hay que pensar por un momento el efecto sobre otros estados miembro. El Brexit aumentó drásticamente la probabilidad de una victoria para Marine Le Pen, la líder de extrema derecha del Frente Nacional, en las elecciones presidenciales que se llevarán a cabo en Francia el año próximo. Si ella ganara, no quedará mucho de la UE.

Una opción noruega acordada rápidamente y por un tiempo limitado respetaría la voluntad de los votantes, la realidad política en el Reino Unido y en la UE y sería económicamente menos costoso y flexible.

De ninguna manera es el mejor de todos los mundos. Antes del referéndum, había un amplio consenso de que realmente no tiene mucho sentido abandonar la UE para unirse al EEE. Pero si ahora hay algún arrepentimiento o si se está buscando un acuerdo de transición al nuevo régimen, ésta es la mejor alternativa.

Otras vías para salvar la relación con Europa

Si el Reino Unido no pudiera negociar un acuerdo de libre comercio con la UE, podría hacer negocios con el bloque sobre la base del régimen comercial internacional del mundo, tal como hacen países como Nueva Zelanda. Tal pacto protegería las mercaderías contra aranceles punitivos y cubriría la vasta mayoría de las exportaciones. Los derechos aduaneros son bajos en la mayoría de los sectores pero hay excepciones, como autopartes, una de las principales exportaciones industriales del Reino Unido, y la agricultura. Otras barreras al comercio serían más perjudiciales, incluyendo las regulatorias que recaen sobre los servicios financieros.

Modelo suizo
Suiza negocia su acceso al mercado único, sector por sector. En vez de seguir el modelo del Espacio Económico Europeo (EEE) que sigue Noruega, Suiza selló una maraña de acuerdos comerciales bilaterales con la UE a lo largo de los últimos 30 años. Si bien acepta el libre movimiento y paga algunas sumas a la UE, sus tribunales mayormente no se rigen por los fallos del bloque. Pero el modelo está teniendo problemas y la UE sería reacia a ofrecer un marco similar para el Reino Unido. El bloque amenazó con cortar el acceso a su mercado después de que Suiza se preparó para fijar restricciones a la inmigración de la UE y está presionando a los suizos para que acepten la supremacía de los tribunales europeos.

Modelo turco
Turquía forma parte de la unión aduanera de la UE. Su arancel externo es fijado por la UE y las exportaciones turcas hacia la UE son libres de aranceles, lo que le otorga a Ankara acceso al mercado único europeo de mercaderías. Pero el acuerdo excluye áreas como servicios, agricultura y compras del sector público. Según ese acuerdo, si Gran Bretaña eligiera este modelo también perdería la soberanía comercial. No influiría ni se beneficiaría directamente de los acuerdos de libre comercio entre el bloque y países como Corea del Sur –pero, sin embargo, tendría que aceptar el acceso surcoreano a su mercado.

Modelo canadiense
El acuerdo comercial que mantiene la UE con Canadá es el más ambicioso que tiene el país. Su intento de reducir las barreras regulatorias podría servir como modelo para un pacto aún más abarcativo con el Reino Unido. Pero la adopción del acuerdo borrador está atada a la política. El acuerdo gradualmente elimina aranceles a todos los productos industriales y a la mayoría de los agrícolas. Suaviza las barreras regulatorias, pero los servicios financieros están excluidos. Un acuerdo de libre comercio con Gran Bretaña sería más profundo, pero por esa razón la UE probablemente exija más supervisión (a través de los tribunales u organismos de aplicación de normas) y mayor coordinación (lo que haría que el Reino Unido sea objeto de futuros cambios).

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Comentarios1
Anna Koretta
Anna Koretta 29/06/2016 03:54:06

La mejor opción es anular el Referéndum.... y al diablo con la "democracia populista"....!!!