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DOMINGO 21/04/2019

Los bonos de EE.UU. pierden atractivo entre los compradores extranjeros

Un grupo asesor del gobierno de Trump advirtió al Tesoro que tendrá problemas para conseguir quién les compre la deuda que necesitarán colocar en la próxima década

Un comité asesor del Tesoro advirtió que será un "desafío" colocar la montaña de bonos a colocar

Un comité asesor del Tesoro advirtió que será un

Hace unos días, Beth Hammack, una destacada ejecutiva de Goldman Sachs que preside un grupo que asesora al gobierno de Estados Unidos llamado Treasury Bond Advisory Committee (TBAC), escribió una carta a Steven Mnuchin, secretario del Tesoro, con un comentario que cayó como una bomba.

Según cálculos del TBAC, Estados Unidos necesitará colocar bonos por u$s 12 billones durante la próxima década, cifra muy superior a los últimos diez años. Esto "plantea un desafío único para el Tesoro", advirtió Hammack, incluso "sin contemplar la posibilidad de una recesión". En castellano, las luminarias de Wall Street que conforman el comité se preguntan quién demonios —o en el sector financiero global— comprará esta inminente montaña de bonos del Tesoro.

La pregunta es muy oportuna, si no irónica, teniendo en cuenta que Mnuchin está viajando a Beijing para otra ronda de conversaciones comerciales entre Estados Unidos y China. En las últimas décadas, China ha sido una fuente confiable de demanda de deuda norteamericana, dado que el país amasaba vastas reservas en moneda extranjera y que el auge de sus exportaciones le dejaba dólares para invertir.

Pero ahora se está produciendo un fuerte giro: entre mayo y noviembre del año pasado, las tenencias chinas de bonos del Tesoro estadounidense se redujeron silenciosamente de u$s 1,18 billones a u$s 1,12 billones, muy por debajo de los niveles de los últimos tres años, cuando las posiciones de China ascendían a u$s 1,25 billones.

Los funcionarios chinos niegan firmemente que esta disminución forme parte de un juego político. "Tenemos que invertir en el extranjero y el mercado de bonos soberanos norteamericanos resultó ser un buen lugar para invertir", dijo en Davos el mes pasado Fang Xinghai, vicepresidente de la Comisión China de Regulación de Títulos Valores, haciendo hincapié en que Beijing no tiene intenciones de "reducir significativamente su inversión en el mercado de bonos del gobierno de Estados Unidos".

Dejando de lado la complicada política de la relación entre EE.UU. y China, hay factores económicos detrás de esta disminución: el gigante oriental ya no acumula reservas en moneda extranjera al mismo vertiginoso ritmo que antes, debido a sus menores exportaciones y cambios demográficos.

Además, China no es el único caso: Hammack advierte en su carta que "un estancamiento de las reservas internacionales" implica que probablemente haya "una mayor necesidad de que esta deuda norteamericana se financie internamente". De hecho, la proporción de la deuda en manos de entidades no norteamericanas se redujo a 36% el año pasado, muy por debajo del nivel de casi 45% hace una década, y el TBAC espera que esta tendencia a la baja continúe.

La buena noticia es que los ahorristas locales de EE.UU. cubrieron la brecha con entusiasmo: en noviembre de 2018, las familias norteamericanas tenían bonos del Tesoro por u$s 2,3 billones, comparado con los u$s 1,9 billones en enero del mismo año. Eso ayudó a mantener elevados los precios de los bonos, y los rendimientos notablemente bajos. Por ejemplo, el jueves el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años era de sólo 2,68%.

Sin embargo, la mala noticia es que EE.UU. necesita endeudarse cada vez más. La semana pasada, uno de los hedge funds más grandes de Norteamérica concluyó que en cinco años el Tesoro requerirá colocar bonos por el equivalente a 25% del PBI, comparado con el actual 15%.

Este nivel de deuda se registró sólo dos veces en los últimos 120 años, primero durante la Segunda Guerra Mundial y luego, otra vez durante la crisis financiera de 2008.

En la primera oportunidad, el gobierno estadounidense forzó a los ahorristas privados locales a comprar su deuda a través de una campaña de propaganda patriótica y controles financieros. En la segunda, se apoyó en la hoja de balance del banco central a través de la flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés)

Sin embargo, la Reserva Federal de Estados Unidos ahora está tratando de desarmar la QE y aquellos controles financieros de 1940 ya no existen. "Debido al tamaño de la economía y de los mercados estadounidenses", para absorber la deuda "se necesitará de un cambio de 6% en las asignaciones de activos globales", advirtió ese hedge fund en una carta a sus clientes. "¿Qué ocurriría si los inversores no quieren hacer ese cambio?", continúa el texto.

Una solución obvia sería que la administración de Donald Trump modifique su postura fiscal y reduzca la emisión de deuda. Pero no hay que apostar a que eso sucederá pronto: el presidente ni siquiera mencionó el déficit en el discurso del Estado de la Unión la semana pasada. Tampoco es probable que Mnuchin logre convencer a China de que compre más deuda en este contexto de guerra comercial. Eso deja al TBAC pidiendo un pensamiento "creativo" e "innovación" apuntado a que los ahorristas norteamericanos sigan comprando bonos estadounidenses, y que lo hagan a una escala aún mayor.

Esperemos que eso funcione. De lo contrario, existe el peligro de que las tasas de interés suban. Si no hay otra opción, esta iniciativa patriótica representará un sorprendente momento típico de "volver al futuro" y otra señal de que éste es un mundo donde la globalización se está desacelerando de manera inesperada.

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