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Los agentes rusos reescriben las reglas del espionaje

Se cree que más de 100 espías del servicio de inteligencia extranjera SVR de Rusia operan en Estados Unidos. El hackeo al Comité Nacional del partido Demócrata disparó las alarmas

Placa y distintivo de fuerzas especiales rusas

Placa y distintivo de fuerzas especiales rusas

La piratería informática rusa durante la campaña presidencial de Estados Unidos marca una significativa escalada de la ofensiva de espionaje al estilo guerra fría apuntada a reclutar espías, comprar secretos financieros y desviar la tecnología avanzada, según registros de tribunales y entrevistas.

La renaciente operación de espionaje –un recordatorio del linaje del presidente Vladimir Putin como ex oficial de la KGB– está poniendo a prueba las unidades de contrainteligencia del FBI, que están cortas de personal, y desafiando los métodos tradicionales de espionaje. Se cree que más de 100 agentes del servicio de inteligencia extranjera SVR de Rusia están operando en Estados Unidos, según un ex oficial de contrainteligencia del FBI.
Joel Brenner, que fue ejecutivo de contrainteligencia nacional en EE.UU. desde 2006 hasta 2009, contó que sigue creciendo el espionaje ruso porque Moscú busca debilitar la solidez de Norteamérica mediante una guerra de información y ciberataques. "Los esfuerzos rusos en EE.UU. hoy son intensos" , dijo.

Las operaciones comunes de espionaje que hace Moscú en Estados Unidos hace tiempo que están centradas en averiguar secretos y cultivar buenos contactos. Pero el hackeo del Comité Nacional Demócrata –y la publicación de emails privados– superó con creces esos límites.

"Hay una diferencia entre espionaje, recopilar información y las medidas activas, que están interfiriendo activamente con procesos en EE.UU.", dijo el senador Angus King, miembro del comité de inteligencia del Senado. "Recopilar información sobre nuestra red de energía eléctrica es espionaje. Provocar un corte en la red sería una medida activa. Es por eso que este caso es tan alarmante. Hackearon las computadoras del Comité Nacional Demócrata y luego dieron a conocer el material para interferir en la elección".

Las tácticas más agresivas reflejan la participación del FSB –el servicio de inteligencia local de Rusia– en el ciberataque, según Mark Galeotti, experto en temas de seguridad rusa del Instituto de Relaciones Internacionales en Praga. "Estos son básicamente policías secretos y están acostumbrados a operar en su país, donde tienen carta blanca".

Es poco probable que Moscú repita pronto la operación en Estados Unidos, dijo. Pero con las elecciones en Francia y Alemania el año que viene, Europa puede estar en la mira. "Los rusos tienen juguete nuevo y quizás se vean tentados a usarlo".

La preocupación de Washington por las intenciones rusas creció esta semana en medio de los informes de que la CIA había concluido que el hackeo ruso fue diseñado para ayudar a que Donald Trump gane las elecciones presidenciales.

Las agencias de inteligencia norteamericana habían dicho en octubre que "sólo funcionarios de Rusia, mayormente de alto rango, podrían haber autorizado esas actividades", pero no pudieron establecer la motivación. La agitación política en EE.UU. representa un notable logro de la inteligencia rusa.

"Para Putin, es un gran golpe, una gran oportunidad para demostrar las habilidades de los servicios de inteligencia y que ellos son una fuerza a tener en cuenta", dijo Fiona Hill, ex oficial de inteligencia nacional norteamericana.

Sin embargo, el regreso de la inteligencia rusa fue irregular. En 2010, los agentes del FBI descubrieron una red de 10 agentes encubiertos del SVR que habían tomado identidades falsas como norteamericanos comunes. Los espías provocaron confusión pública en vez de temor, y fueron devueltos a Rusia como parte de un canje de espías.

El episodio también inspiró uno de los programas de televisión más populares de EE.UU. sobre un par de operativos de inteligencia rusos que actúan como un matrimonio de los suburbios que vive al lado de un agente del FBI. Sin embargo, The Americans, cada vez se parece menos a un recordatorio de los años ochenta y más a una advertencia.

James Clapper, el director de inteligencia nacional que renunció a su cargo tras el triunfo de Trump en las elecciones de noviembre, este año identificó las actividades rusas como una de las principales amenazas para la contrainteligencia norteamericana.