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Los Panama Papers permiten delinear el mapa de las finanzas mundiales

Hasta ahora se sabía vagamente que el dinero circulaba a través de centros offshore, pero las filtraciones del Estudio Mossack Fonseca ponen las cartas sobre la mesa

El nombre de Nicolás Copérnico no suele mencionarse en el mismo contexto que la planificación tributaria empresarial o Mossack Fonseca. Este mes, sin embargo, es probable que deba nombrárselo. Seis siglos atrás, el astrónomo polaco formuló un modelo de universo que situaba al sol -en lugar de la tierra- en el centro del sistema solar. Fue un cambio de paradigma que llevó a una transformación en el modo de concebir el universo.
Sospecho que algo similar podría estar ocurriendo con las finanzas globales. Este mes, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) publicó unos 11,5 millones de documentos filtrados de la firma panameña Mossack Fonseca. Entre otras cosas, estos brindaban detalles de empresas offshore que la firma creó para miembros de la élite. La filtración de datos ya provocó una serie de escándalos políticos: la semana pasada, el primer ministro de Islandia renunció después que se supiese que tenía una empresa offshore en Panamá; y David Cameron, el primer ministro británico, se enfrentó a una serie constante de críticas por una empresa offshore creada por su padre. Entretanto, las revelaciones sobre los multimillonarios chinos y rusos podrían provocar nuevas recriminaciones.
En mi opinión, no son sólo las revelaciones sobre los ricos y famosos que vuelven los documentos de Panamá tan fascinantes; después de todo, no es ilegal crear este tipo de empresas, a menos que se utilicen para evadir impuestos o lavar dinero. Por el contrario, lo más interesante es si esta filtración generará algo similar a un giro copernicano.
Pensémoslo. La mayoría de nosotros sabe vagamente que el dinero circula a través de centros offshore, pero los pormenores de este mundo son muy sombríos y oscuros. Por lo tanto, si acaso alguno de nosotros intentó alguna vez visualizar el "mapa" del siglo 21 de las finanzas mundiales, asumimos que la actividad onshore visible era el "sol" que dominaba este universo... y las finanzas offshore, sólo un pequeño planeta difuso, que flotaba en la periferia.
Pero los Panama Papers pusieron contornos a ese difuso mundo offshore. Más específicamente, cualquiera que quiera tener una idea de lo ocurrido en Panamá puede consultar ahora la página web del ICIJ y buscar esos 11,5 millones de documentos con palabras clave. Pruébenlo en casa... es tan simple como una búsqueda de Wikipedia.
A medida que se escapen más detalles, serán más nombres -además de cifras- que se generarán. Incluso antes de que los datos estuviesen disponibles, activistas de grupos como la Red de Justicia Fiscal habían reclamado que había unos u$s 21 a 32 billones ocultos en centros offshore, pero que no tenían ningún medio real de verificar la cifra. Con los Panama Papers en línea, cifras más precisas podrían obtenerse... y con ello, la posibilidad de compararlas con el mapa general de la banca mundial.
¿Podría esto provocar un cambio de políticas mayor, como la aplicación de medidas más estrictas contra la evasión fiscal o el lavado de dinero? Un cínico podría argumentar que no. Recordemos los poderosos intereses creados que existen. Pero para tener una idea de lo que puede suceder cuando ese mapa mental se revierta, pensemos en cómo las actitudes hacia la banca en la sombra cambiaron en la última década.
Antes de 2007, los políticos, los periodistas y los votantes solían ignorar lo que sucedía dentro del mundo de los turbios mercados de crédito y derivados porque esa actividad era tan oscura y cargada de jerga que era difícil de medir y analizar... y suponían que era un mero satélite del mundo bancario oficial.
Pero cuando la crisis financiera estalló en 2008, este difuso terreno bancario adquirió de pronto un nombre pegadizo y fácil de pronunciar -"banca en la sombra"-, lo que facilitó mucho el análisis. Más tarde, los informáticos de la Reserva Federal de Nueva York y el Consejo de Estabilidad Financiera empezaron a confeccionar un mapa, como los exploradores victorianos que trazan un nuevo territorio. Y cuando finalmente obtuvieron un mapa gigantesco de la banca en la sombra, los responsables de políticas de repente se dieron cuenta de que este mundo no sólo era mucho más grande de lo que pensaban (una sorprendente cifra de u$s 67 billones), sino también parte esencial del sistema. Se impusieron restricciones en materia normativa.
Los bancos offshore no llegaron del todo a eso todavía. Pero si grupos como el ICIJ siguen indagando -y si los bancos centrales y los ministros de finanzas comparten sus propios datos-, un "mapa" adecuado puede surgir. Tal vez los políticos y los votantes no se opongan al panorama que surge. O tal vez el tamaño de los flujos offshore nos empuje a implementar reformas. De cualquier manera, es posible que la transparencia ayude a promover un poco más de democracia. Llamémoslo, si se quiere, un giro copernicano para la era cibernética.