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López Obrador se puede convertir en el Donald Trump de México

Puede surgir un candidato anti establishment como en Estados Unidos, pero de izquierda, que despliega similar desapego por las instituciones

Arrolladoras, radicales, audaces. Esas son todas buenas descripciones de las reformas estructurales promulgadas por el gobierno mexicano en los últimos tres años. Desafortunadamente, también son consideradas un fracaso.
El crecimiento económico, en vez de volver al 4% y más anual, se mantuvo apenas por encima de 2%. El mercado de valores murió, mientras el peso fue lentamente perdiendo terreno y no sólo contra el dólar.
Todo eso hizo que los inversores internacionales que respaldaban con entusiasmo al presidente Enrique Peña Nieto y sus programa de reformas en energía, telecomunicaciones, medios y régimen fiscal se convirtieran en críticos y decidan deshacerse de sus activos mexicanos.
Sin embargo, los administradores de fondos no se muestran tan negativos como los propios compatriotas del presidente.
La mitad de ellos cree que las reformas del gobierno están perjudicando al país y 60% sostiene que la depreciación del peso es culpa de la administración, según una reciente encuesta de opinión. Si se le agrega el fracaso en la lucha contra la delincuencia y la corrupción, sorprende poco que nueve de cada diez mexicanos tengan poca o ninguna confianza en los partidos políticos; mientras que seis de cada diez sostienen que no están viviendo en una democracia.
En otras palabras, México parece listo para el surgimiento de un candidato anti-establishment al estilo Donald Trump. Y ese es el riesgo político identificado por Medley Global Advisors (MGA), un servicio de investigación de FT, después de una reciente visita al país.
El foco está puesto en las elecciones presidenciales de 2018 y si bien faltan dos años, MGA ve que los riesgos políticos importantes –y la asociada volatilidad del mercado– están empezando a crecer desde este año y seguirán tomando fuerza en todo 2017.
El hecho es que México ya tiene su versión del Donald: Andrés Manuel López Obrador. Amlo, como lo llaman, proviene de la izquierda y no de la derecha del espectro político, pero despliega un similar desapego por las instituciones y convenciones, y la misma tendencia a aprovechar las frustraciones de la gente común ignoradas por los partidos tradicionales, como el gobernante PRI de centro, el PAN de derecha y el golpeado PRD de centroizquierda.
A diferencia del Trump al norte de la frontera, Amro es un político experimentado, que quedó atrás de Peña Nieto en las elecciones de 2012 con un 31% de los votos. La próxima vez quizás necesite mucho menos.
Una razón es que México no contempla el ballotage (a diferencia de muchos países latinoamericanos), por lo que es posible ganar la presidencia con un porcentaje relativamente bajo de los votos en la primera vuelta. Ese quizá sea el caso en 2018, con al menos cuatro candidatos probables y una buena chance de que el voto de derecha se divida entre un candidato oficial PAN y otro no oficial (la esposa del ex presidente Felipe Calderón).
Por supuesto, las encuestas en este momento hay que tomarlas con pinzas. Pero MGA sostiene que con el partido político de Amlo, Morena, actualmente con cerca de 20% y, por lo tanto, empatado con el PRI en el gobierno, su elección ya no es sólo un riesgo excepcional.
Para ser justos, no queda claro cuánto podría cambiar Amlo si asumiera el poder. Para empezar, estarían gobernando sin mayoría en el Congreso, por lo que es poco probable que revierta las reformas estructurales que ya fueron aprobadas, si bien podría evitar un mayor avance, como la privatización parcial de la petrolera nacional Pemex.
Sin embargo, el actual gobier
no querrá evitar su elección si es posible. En términos de política, esto significa que es improbable que siga el actual sendero de ajuste fiscal mientras trata de impulsar el crecimiento en el período previo a la votación presidencial. También se volverá mucho más sensible a la continua depreciación de la moneda mientras busca tener un peso en alza o estable para mostrar solidez económica.