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Lo viejo versus lo nuevo, la verdadera división política en Sudamérica

Los recientes acontecimientos en Ecuador, Venezuela, Paraguay, Colombia y Argentina vuelven a poner al populismo y al autoritarismo en el foco de atención

Lo viejo versus lo nuevo, la verdadera división política en Sudamérica

En Estados Unidos y Europa casi todos están interesados en el populismo y el autoritarismo de hoy –dos sistemas de gobierno que América del Sur conoce muy bien dada su historia de revueltas populares y amenazantes dictadores.

Eso convierte a la región en un invalorable laboratorio político, tal como una vez comentó el historiador Eric Hobsbawm. Hasta hace poco, parecía que América del Sur había dejado atrás esas tradiciones. Los generales se retiraron a sus barracas en los noventa. Muchos de los populistas que alcanzaron el poder en los 2000’ fueron desplazados debido al fin del auge de las materias primas que tanto los había financiado.

Cansados de la oratoria demagógica y de la corrupción populista, países como Argentina y Perú eligieron líderes pragmáticos con antecedentes en el mundo de los negocios. En vez de la autarquía y la concentración de poder parecía que ganaba la apertura y la transparencia, a diferencia de lo que ocurre en Europa y Estados Unidos.

Pero en una caótica serie de acontecimientos de la semana pasada, América del Sur volvió a su anterior silueta. Hubo acusaciones de fraude en las elecciones presidenciales de Ecuador, marchas masivas en Colombia y Argentina, y un intento de golpe en Venezuela donde la Corte Suprema dominada por el oficialismo trató de disolver la asamblea nacional liderada por la oposición. En Paraguay, mientras tanto, los manifestantes saquearon el Congreso después de que los legisladores votaron en secreto la reelección presidencial.

¿Hay un hilo común que vincula estos acontecimientos tan diferentes, un hilo que también echa luz sobre el populismo en otras partes del mundo?

En América del Sur, la política en general se reparte entre la "izquierda" y la "derecha". Es por eso que el saliente líder de Ecuador Rafael Correa cantaba odas al Che Guevara después de que su candidato Lenín Boltaire Moreno ganó las elecciones del domingo. Es por eso que Nicolás Maduro de Venezuela culpa a los "fascistas" de los fracasos de su gobierno, incluso cuando se vio obligado a dar un paso atrás con el golpe.

Y explica por qué los colombianos de la oposición de centroderecha invocaron el fantasma de "castro-chavismo" en las marchas contra un plan de paz que quiere alcanzar el gobierno con las guerrillas marxistas.

La tradicional izquierda versus el cuco de la derecha es una herramienta retórica que todos usan. Pero también quedó vieja. Una mejor manera de encuadrar las divisiones políticas de hoy es lo viejo versus lo nuevo.

Los populistas latinoamericanos proclaman que favorecen a los pobres. De hecho, el populismo surge en respuesta a la sensación de que las élites han manipulado a la sociedad en beneficio propio.

Con seguridad, los gobiernos populistas siempre buscan ayudar a los desamparados, en un principio. Eso sensibiliza a políticos de todos los colores frente a las necesidades sociales desatendidas. Pero en Sudamérica la evidencia es clara: las democracias liberales, como la de Chile, hacen igual de bien la tarea de reducir la pobreza, a menudo aún mejor. Sus avances en cuestiones sociales son además más sustentables.

El populismo puede convertirse en autoritarismo. El "líder supremo" asegura que "la voluntad del pueblo" es ser protegido de enemigos nebulosos, especialmente extranjeros y las élites. Eso normalmente conduce a que el partido gobernante concentre el poder y luego se perpetúe en el mismo. La corrupción se profundiza. Las instituciones se debilitan. Y finalmente llega la respuesta negativa.

Es por eso que la victoria del partido gobernante de Ecuador se redujo a 2%: quedó obsoleto y enfrenta acusaciones de corrupción después de una década el poder. Eso explica también por qué los argentinos marcharon este fin de semana para apoyar a quizás el gobierno más popular –pero no populista– de América del Sur y para rechazar a los peronistas que gobernaron antes. "No vamos a retrocede", cantaban algunos.

Rechazar lo viejo también ayuda a explicar por qué los paraguayos espontáneamente se manifestaron en contra de permitir la reelección: son alérgicos a prolongar un gobierno después de los 35 años de dictadura al mando del general Alfredo Stroessner.

El debate político de hoy en América del Sur es más "viejo y corrupto contra lo limpio y nuevo" que "izquierda versus derecha" . Por eso entran en acción candidatos sin experiencia política.

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Comentarios1
hpuelman Puelman
hpuelman Puelman 05/04/2017 08:54:25

No entendí la parte del "gobierno más popular de América del Sur" ... o es sarcasmo?