Lunes  16 de Septiembre de 2019

Líderes volátiles suman riesgo de una escalada en la crisis petrolera

Arabia Saudita, Irán y Estados Unidos saben que les conviene dar un paso atrás para alejarse del precipicio. Pero sus gobernantes se han mostrado erráticos, emocionales y propensos a cometer errores de cálculo.

Líderes volátiles suman riesgo de una escalada en la crisis petrolera

Durante décadas, cualquier lista de riesgos geopolíticos globales incluía entre los principales "un ataque a instalaciones petroleras sauditas". Y ahora sucedió.

La buena noticia es que el mundo es menos vulnerable a un shock en los precios del petróleo que en la década de los setenta, cuando el embargo petrolero de la OPEP sacudió la economía global. También es cierto que las principales potencias involucradas -Arabia Saudita, Irán y Estados Unidos- tienen fuertes incentivos para evitar un conflicto generalizado.

Sin embargo, la mala noticia es que quienes deben tomar las decisiones en esta particular situación -Donald Trump, el presidente estadounidense, Mohammed bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita y el liderazgo de Irán- son testarudos y propensos a asumir riesgos.

Es probable que si Estados Unidos sigue sosteniendo que Irán está detrás del ataque, organice una respuesta militar. Si eso sucede, no hay garantías de que el conflicto no escale aún más. Dado que los ataques del fin de semana provocaron un salto de 20% en el precio del petróleo, queda claro que hay potencial para un mayor caos en los mercados.

La importancia que tiene el petróleo del Golfo en el mundo quedó grabada en la memoria colectiva de Occidente desde que la OPEP impuso un embargo en 1973. Esa medida hizo que los precios del crudo se multiplicaran por cuatro, lo que provocó un serio perjuicio a los mercados y a la economía mundial. La lección aprendida -que la estabilidad del abastecimiento de petróleo es crucial para la economía mundial- llevó a Occidente a responder ferozmente ante la invasión iraquí a Kuwait en 1990.

Casi 30 años después de la primera guerra del Golfo, las economías occidentales son considerablemente menos vulnerables que antes a una interrupción en el abastecimiento de crudo proveniente de la región. La mayor producción de petróleo no convencional norteamericano permitió que las importaciones estadounidenses de crudo saudita ahora representen sólo una tercera parte del nivel que registraban en 2003.

Pero menos vulnerable no significa invulnerable. Todavía hay un precio global para el petróleo; y Arabia Saudita sigue siendo el mayor exportador del mundo. Por lo tanto, si se interrumpe la oferta de crudo saudita, los consumidores y las industrias de todo el mundo rápidamente sienten el impacto.

La vulnerabilidad de las instalaciones sauditas a los ataques también quedó demostrada. Si la agresión se perpetró con drones, como se informó primero, eso recalca lo desprotegidas que están las refinerías a las nuevas tecnologías baratas y ampliamente accesibles. Los sauditas también tienen motivos para preocuparse por la seguridad de su abastecimiento de agua. El reino recibe la mitad de su agua potable desde plantas desalinizadoras, una de las cuales fue blanco de un proyectil en junio pasado.

La conciencia de su vulnerabilidad a otros ataques debería llevar a los sauditas a mostrarse cautelosos ante un recrudecimiento del conflicto. La estabilidad social y política del reino es también un factor; a la familia gobernante hace tiempo que le preocupa el riesgo de que haya malestar interno proveniente de su gran minoría chiíta.

Pese a su masivo gasto militar, Arabia Saudita no pudo prevalecer en una brutal guerra en Yemen -que es un adversario mucho menos intimidante que Irán. Por lo tanto, si bien los sauditas son ardientes defensores de la política de "máxima presión" sobre Irán de la administración Trump, tienen poco interés en una verdadera guerra.

A Irán también le interesa evitar un conflicto total, lo que expondría al país al poder de fuego de sus vecinos del Golfo -que están muy bien armados- y por sobre todo, a un ataque de Estados Unidos. En los últimos meses, hicieron una serie de provocaciones incluyendo la captura de barcos petroleros en el Golfo y, probablemente, alentaron a sus aliados hutíes en Yemen a atacar blancos fáciles en Arabia Saudita.

Pero esta clase de política arriesgada iraní fue interpretada por la mayoría de los observadores occidentales como un esfuerzo por demostrar que Teherán no es impotente frente a las sanciones. A los iraníes también se los vio intentando ganar influencia anticipándose a una posible reanudación de las conversaciones con EE.UU.

En cuanto a Trump, pese a su retórica belicosa, las últimas acciones del presidente estadounidense demostraron que está interesado en lograr avances diplomáticos con Irán. Una razón importante por la que Trump despidió a John Bolton la semana pasada es que su ex asesor de seguridad nacional mantenía una línea demasiado dura y se oponía a que las sanciones norteamericanas contra Irán fueran suavizadas con el propósito de lograr una reanudación de las conversaciones.

Por lo tanto, todos los bandos tienen intereses económicos y estratégicos en dar un paso atrás para alejarse del precipicio. Desafortunadamente, también se han mostrado erráticos, emocionales y propensos a cometer errores de cálculo.

El príncipe Mohammed de Arabia Saudita demostró su tendencia a cometer errores de cálculo violentos cuando dirigió la guerra de Yemen y cuando supuestamente autorizó el espantoso asesinato del periodista Jamal Khashoggi. En cuanto a los iraníes, si ellos realmente autorizaron un ataque a las refinerías de Arabia Saudita, asumieron un enorme riesgo, con consecuencias que no podrán controlar.

La volatilidad de Trump quedó ampliamente demostrada. La voluntad del presidente norteamericano de despedazar el acuerdo nuclear iraní -pero luego despedir a su asesor más duro en el tema Irán- tampoco inspira confianza de que sepa lo que está haciendo. Además, significa que la Casa Blanca está entrando en lo que podría ser la mayor crisis de seguridad de los años de Donald Trump, y no tiene asesor en seguridad nacional.

Desde las elecciones que consagraron al republicano en 2016, los observadores se preguntan cómo se comportaría el presidente en una verdadera crisis de política exterior. Estamos a punto de saberlo.

Traducción: Mariana Oriolo

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