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Las prioridades serán ISIS, Irán y Rusia

El día que finalmente Alepo cayó con la ayuda de ataques aéreos rusos, Donald Trump nominó para secretario de Estado a un hombre que se destaca por su capacidad de hacer negocios con Moscú.
En Rex Tillerson, el presidente electo eligió a un probado negociador para que sea el jefe diplomático y arquitecto de lo que Trump espera será una relación más cercana con Moscú. Ya armado su equipo de seguridad nacional, Trump deja entrever las tres prioridades que guiarán su política exterior: un mayor foco puesto en combatir a ISIS y el terrorismo islámico, el escepticismo en cuanto a Irán, y el deseo de suavizar tensiones con Rusia.
Esas prioridades serán puestas a prueba en Siria, donde la probable derrota de las fuerzas rebeldes en Alepo implicará que la administración de Trump va a heredar un campo de batalla muy diferente –donde se han debilitado Isis y los rebeldes apoyados por EE.UU.
El nuevo equipo, con su combinación de petroleros de Texas y generales (el equipo de seguridad nacional está compuesto por los generales Michael Flynn y James Matttis entre otros), se parece superficialmente a la administración de George W. Bush que incluía a Colin Powell, el ex jefe de estado mayor conjunto, y el ex CEO de Halliburton Dick Cheney.
La política hacia Rusia será el foco inmediato de la administración Trump. El presidente electo habló de su deseo de "llevarse bien" con Rusia y elogió a Tillerson por su experiencia en hacer negocios allá, pero dio pocos detalles sobre cómo planea reconstruir la tensa relación con Moscú.
En Siria, la esperada recaptura de Alepo abre un potencial camino hacia una mayor cooperación entre EE.UU. y Rusia en contra de ISIS. La administración Trump asegura que su inclinación hacia el régimen sirio y Moscú es simplemente un reflejo de hechos concretos.
Trump tendrá que hacer equilibrio en el tema Irán. Su equipo está lleno de escépticos en cuanto a Irán y él ha criticado ferozmente el acuerdo nuclear que Barack Obama cerró con Teherán en 2015. Sin embargo, si suaviza la posición de EE.UU. en relación al régimen sirio, habrá entregado una victoria estratégica a los iraníes, que también respaldan a Assad. El presidente electo y su nuevo equipo necesitarán más que sólo experiencia en negociación si es que quieren hacerse camino en el traicionero terreno sirio.